Rolando Tellería A.

Las “pititas ”, lo mejor del 2019

lunes, 30 de diciembre de 2019 · 00:10

Su contenido es muy abarcador, pues habría adquirido una pluralidad de connotaciones, desde libertad, resistencia, rebelión, emancipación, organización, unión, integración, etcétera. Por sus efectos, alcanzo también un contenido altamente filosófico, sin perjuicio de lo que piensan e interpretan los que han sido desplazados del poder, para quienes, dado el trauma y su dolor, podría ser sinónimo de golpe de Estado. 

Quien diría, unas inofensivas e inocentes “pititas” lograron poner fin a un oprobioso régimen. Su creador, el mismo Evo Morales, seguramente debe soportar terribles sufrimientos cuando retumba en sus oídos esa magnífica palabra y sus sentidos, que paradójicamente el mismo “acuña”. Ni qué decir de su militancia. A lo mejor pedirán, en “resguardo de sus derechos humanos”, retirar, por el sufrimiento y la tortura que les provoca el oír esa palabra, pita, del Diccionario de la Real Académica de la Lengua Española.  

La alocución, de antología, realizada por Morales, en Cochabamba el jueves 24 de octubre, a cuatro días de iniciado el intenso conflicto, desencadenó, 17 días después, la salida del dictador. La palabra “pititas”, rápidamente se convirtió en el símbolo de la resistencia, para luego cristalizarse en un emblema, al que seguramente recurriremos los bolivianos, toda vez que algún gobernante, sea de izquierda o de derecha, intente imponer abusos, caprichos o arbitrariedades. 

Para los bolivianos este emblema es, hoy, la mayor expresión de la democracia participativa, dadas las limitaciones intrínsecas de la democracia representativa y las urnas.

Ahora, con las “pititas” podemos ser sujetos y actores de primer orden en decisiones políticas cruciales. De hoy en adelante, las “pititas” no sólo se constituirán en el mejor resguardo contra los malos gobiernos, sino también en la exigencia de buenos gobiernos. Se instituirá, además, como una latente amenaza, frente a cualquier iniquidad o maligno desliz. 

Esta lección tendría que ser bien muy bien aprendida por la clase política. Jamás deben olvidar que la rebelión de las “pititas”, puso fin a un abominable régimen, con pretensiones de poder eterno.

Como casi todo en la vida política tiene sus paradojas, el autor del sentido y las connotaciones del término, acabó siendo la principal víctima; al igual que Guillotine, de su propio “invento”. Morales, debe maldecir esa hora en la que, en tono irónico y burlesco, ridiculizando a las “pititas”, se ofreció dar talleres y seminarios sobre cómo bloquear eficientemente.

 De pronto, si no hubiera vertido esas palabras, “… me he sorprendido, ahora dos, tres personas amarrando ‘pititas’, poniendo ‘llantitas’…”, probablemente aún estaría en el poder. Lo cierto es que esas palabras, alentaron e inflamaron inconteniblemente la rebelión. Los que hablan de golpe de Estado, dicho sea de paso, no hacen más que poner de manifiesto sus agudos niveles de retraso mental. 

Ahora bien, en cuanto a sus connotaciones múltiples, el término expresa libertad, aquella libertad del soberano y su voluntad propia, para actuar contra situaciones y leyes que repugnan la razón. También denota resistencia, en términos de reacción activa y defensiva, contra despotismos e injusticias. Asimismo, enuncia rebelión, es decir el levantamiento público en contra del régimen abusivo, con la intensión de derrocarlo. 

Expresa, entre sus sentidos, también, emancipación, aquella acción de liberarse de la servidumbre, subordinación o dependencia. Manifiesta, además, organización, como la principal fuerza de la acción política en las calles. Sin organización no hubiéramos tenido este desenlace. También, entre sus diversas connotaciones, muestra la unión, más allá de las diferencias de clase, origen o raza. Eso se vio en las rotondas y esquinas de las calles. Igualmente, expresa integración, en este caso, regional, entre oriente y occidente. 

Fíjense, entonces, las cualidades de los sentidos que adquirió el término. Guarda, sin duda, una extraordinaria potencia. En términos históricos, hubiera sido genial reunir las miles de pititas, quizás millones, que se “amarraron” en todo el país y colocarlos en un museo, como muestra, para las próximas generaciones, de la fuerza de su significado y la lucha inclaudicable de los bolivianos en defensa de la democracia.

Así, este emblema cristalizado, es lo más importante del 2019. Marca un hito en la historia de nuestra accidentada democracia. Deja también muchas lecciones a la ciudadanía en general. Empero, fundamentalmente, a la clase política, quienes jamás deben perder de vista el significado y los sentidos que adquirió el término. Esas “pititas”, se pueden reactivar cualquier momento.

   
Rolando Tellería A. es profesor de la carrera de Ciencia Política  de la Universidad Mayor de San Simón

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