Lupe Andrade Salmón

Tortícolis

miércoles, 04 de diciembre de 2019 · 00:10

Estos días tuve que utilizar cuellera ortopédica porque con tantos cambios bruscos, sorpresas, afirmaciones, mentiras, desmentidos y vuelcos de situación; con tantas siglas cambiantes, promesas hechas y rotas; con sustos, giros, vueltas y revuelco acabé con el cuello torcido como culebra.

Adolorida, hundida en la perturbación, escribo esta columna confusa y confundida; difusa y fundida, temerosa y optimista, para aclarar a mis lectores que no puedo darles un sabio “Sermón de la Montaña” porque no entiendo nada; nada de lo que pasa, ni por qué pasa. 

Por ejemplo, jamás había oído hablar de Macho Camacho, pero cuando apareció como un meteorito, afirmó ser cívico y aseguró que no tenía ambiciones políticas, lo encontré admirable. “¡Qué bien!” pensé, “es alguien como Cicerón, quien nunca ambicionó el poder, acumulando sólo la riqueza del saber”.  Poco duró la ilusión.  En menos de dos semanas Camacho había decidido ser Presidente de Bolivia.  Y, afirmando algo claro dentro de toda la ofuscación dijo que no quería ser candidato, simplemente sería Presidente, para salvarnos.   

Mi cabeza daba vueltas.  Pero, pero... ¿Acaso Macho Camacho no sabía que Carlos Mesa es quién ganó el derecho a ser presidenciable al haber sufrido un Fraude mayúsculo que le impidió que llegue a -y posiblemente gane- una segunda vuelta? No. Por lo visto, Camacho considera que la opción Mesa ya no está en mesa y que la fuerte votación que CC logró “hoy no vale nada”.  Entonces creó una alianza con su “hermano cívico” Pumari, en la cual, fuertemente abrazados, mostraron estar unidos como chicle a suela de zapato. 

Cuando ya podía pensarse que era una dupla inseparable, se pelearon.  ¡Ay! Camacho se molestó de la pretensión a la Presidencia de Pumari, “su” Presidencia, nada menos.  Furioso a su vez, Pumari alegó que Camacho había “agarrado” tres ministerios y dos empresas estatales del régimen transitorio, cuando a él le habían dado “un mísero viceministerio”.  

Una afrenta imperdonable.  Con el ojo en tinta, Marco Pumari fue proclamado a la Presidencia (si, aquella codiciada por Camacho) porque “le toca al sur del país tener un Presidente”, ignorando, por lo visto, la existencia de los orgullosamente tarijeños Presidentes Paz Estenssoro y Jaime Paz Zamora.  Es más, en un video, pude admirar al guapo Pumari vitoreado, levantando los brazos en señal de triunfo presidencial “por el sur”. 

¡Ajá! Dos candidatos sin ambiciones políticas sacrificándose -cada uno por separado- por la Presidencia.  Insólito.  Empero, antes de que cante un gallo, Camacho y Pumari se volvieron a unir, obviando las mutuas acusaciones. Nueva dupla, nuevas promesas: tanta unión que podrían hasta llamarse “Camari” o “Pumacho”.  Camari? No... suena a automóvil,  pero “Pumacho” sí; parece salvaje y fuerte, tal como ese par indomable.

Ninguno de ellos pensó en siglas políticas, pero por lo visto algo recordaron vagamente, algo para ellos remoto... tal como el MNR... partido que hubiese fallecido tristemente en octubre de este año si Carlos Mesa no lo rescata al hacer que se invaliden esas elecciones.  

Fue allí que la precandidatura Pumacho empezó a negociar la sigla histórica del MNR, barata en estos tiempos y al alcance de la mano.  Claro que deberán demostrar que nada tienen que ver con Goni, y menos Sánchez Berzaín.  Es decir, lo barato ¡puede salirles caro! Y luego, estupefactos nos enteramos que se habían aliado también con PDC, PAN BOL, UCS y “parte del FRI”.  Sopa de letras con pocos militantes, poca convicción o ideología, pero que sí suena como una alianza impresionante.  

Pese a todo ello, la binomiada Pumacho sigue insistiendo en ser la única.  Única.  No piensan que hasta para el fútbol se necesita más de un equipo. Quieren que Mesa se retire porque sería un estorbo en su camino triunfal. Quieren darle walkover.  ¿Eso es democracia?  ¿Agradecimiento por la hazaña de octubre? ¡Ay! No puedo reclamar gratitud, pero por lo menos deberíamos tener libertad de escoger, sin limitarnos a una sola fórmula.  Y pregunto: ¿Es que ellos creen que el MAS sería invencible y por eso le temen?  Yo, no. 

 Basta.  Estoy adolorida y la maldita cuellera no ayuda.  Necesitamos paz y sensatez. ¿Qué tal si, además, buscamos cordura y experiencia?  Pumacho puede aceptar un camino más democrático. Si fuera así, podremos votar en abril por candidaturas en la cuales uno pueda creer y confiar.  ¿O estoy loca?

 

Lupe Andrade Salmón es periodista

 

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