Adalid Contreras Baspineiro

Otro campo político, otro

jueves, 5 de diciembre de 2019 · 00:09

Estamos viviendo un proceso de transición democrática caracterizado por el encaramiento de una nueva, o más bien distinta coyuntura electoral y la búsqueda de acciones de pacificación, y de reinvención nacional. No es momento para enarbolar banderas de victoria, porque con la violencia desatada hemos perdido todos y juntos tenemos que reconstruir un país de derechos. 

Estamos en otro campo político. Son otros los desafíos, hay nuevos actores y liderazgos, las prioridades han cambiado, las dinámicas sociales se han trastocado, existe la necesidad de redefinir las estrategias para repensarnos como país tejiendo propuestas y voluntades participativamente. Ya no estamos en el contexto electoral distribuido entre un partido omnipotente y un estallido de oposiciones que se perjudicaron entre ellas. Este es un momento para otro impulso, no desestabilizador, sino ordenador del futuro de nuestra democracia.  

Ahora el voto se va a conquistar con programas, no con imágenes de candidatos ni con promesas celestiales. En las recientes elecciones las opciones electorales partían desde las demandas cotidianas de las ciudadanías; mientras que ahora estas mismas, desde la energía de sus movilizaciones, han activado la dimensión de la exigibilidad de sus derechos y de la aspiración de una Bolivia en democracia plena.

Esta es una coyuntura propicia para que debatamos propuestas reflejando las aspiraciones ciudadanas. Algunas de ellas ya se han expresado en la coyuntura crítica. El ecocidio de la Chiquitania ha puesto en agenda la definición del modelo de desarrollo. Las elecciones fraudulentas y la violencia han señalado el camino de redefinición de la institucionalidad democrática, y de la justicia.

Las diferencias étnicas nos han impuesto la tarea de repensar los tejidos interculturales en nuestro país pluridiverso. Y ha vuelto a la palestra el tema irresuelto de la descentralización del Estado.

Tenemos que repensar el modelo de desarrollo basado en el extractivismo y la exportación de materias primas, y commodities. Los programas de gobierno tienen que señalar con claridad cuáles son los beneficios y limitaciones de la producción de agrocombustibles; cuál es el costo-beneficio de las políticas de expansión de la frontera agrícola y ganadera; qué resultados nos trae la minería ilegal y el uso de transgénicos; y cuánto le restamos a las futuras generaciones afectando la biodiversidad. 

Otro tema puesto con vehemencia en el tapete del sinceramiento nacional, es el del racismo. Debemos resolver las causas, expresiones y efectos del retorno suicida a prácticas coloniales que quisieran legitimar falsas superioridades. La coyuntura crítica ha repuesto en la agenda el suma qamaña y también nos recordó que la wiphala, y el patujú son símbolos nacionales. Necesitamos recuperarnos la capacidad de construirnos un mundo compartido con unidad en la diversidad.

Con la energía de las organizaciones regionales se ha puesto nuevamente en agenda la resolución de la descentralización vía el federalismo, o las autonomías, con un pacto fiscal de a de veras. Y también se ha convertido en un mandato establecer límites al poder, definiendo con claridad la vigencia de una institucionalidad democrática garante de la representación, participación y control ciudadano.

Mientras afrontábamos la coyuntura crítica, el entorno internacional nos estaba mostrando una realidad que debería llevar a que todas las organizaciones políticas asuman el compromiso de evitar el retorno a los recetarios neoliberales, esos que nos empobrecieron como país en grado extremo y que siguen provocando efectos perversos allá donde se los aplica.

En esta coyuntura ya no sirven los cantos de sirena con promesas irrealizables, ni van a servir los simbolismos de superhéroes convertidos en candidatos, ni los ataques mordaces a los contrincantes. Las fórmulas de adhesión electoral son tan sencillas, como la voluntad para construirnos una Bolivia donde quepan nuestras esperanzas.

 Adalid Contreras Baspineiro, ex Secretario General de la Comunidad Andina de Naciones

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