Álvaro, el soberbio

viernes, 01 de febrero de 2019 · 00:09

El día del acto eleccionario, el Vicepresidente de todos los bolivianos, asumiendo una actitud prepotente y casi pedante, dijo públicamente: “Siendo fríos, calculo que con que vote entre un 50 y un 70% de nuestra militancia yo estaría feliz. Si vota el 100%, ultra feliz. Si vota menos del 50%, me preocuparé porque es un llamado de atención de que la estructura orgánica requiere un conjunto de ajustes”. 

Con los resultados confirmados, se estableció que el partido de gobierno alcanzó únicamente un poco más del 40% de los votos válidos de su militancia. Es decir, mucho menos de lo que se imaginaba el segundo hombre del país. Siguiendo a pie juntillas las declaraciones textuales del Vice, esto nos lleva a pensar que él, junto a su entorno, deben estar muy preocupados ya que la militancia no respondió como esperaban. 

Seguramente por eso, las autoridades políticas tardaron casi un día entero en salir a los medios de comunicación para evaluar los resultados de las elecciones primarias. El Vicepresidente tardó un poco más. Trataron de homogeneizar el discurso como buenos estrategas y establecieron tres líneas de discurso:

— La primera consideró que quien ganó, con esta experiencia de elecciones primarias, fue la democracia boliviana, ya que por primera vez se realizó un proceso de este tipo y que seguramente la próxima vez se profundizaría, consiguiendo que no solamente participe un binomio por organización política. 

— La segunda línea discursiva establecía que este cuarenta y tantos por ciento de participantes/militantes era una buena base para afrontar las elecciones nacionales de octubre. 

— Y tercera, que como las elecciones no eran obligatorias, era normal que no toda la militancia del MAS haya salido a votar. Incluso un flamante ministro llegó a decir que no somos Corea del Norte para tener una participación de 90%.

Hasta ahí, algunas autoridades habían tratado de matizar las declaraciones del Vice el día de las elecciones, justificándolo y, además, diciendo que lo que el Vicepresidente tenía antes de las primarias eran expectativas, como cualquier otro ser humano que desea vehementemente algo. Una cosa es querer algo y otra cosa es la realidad, decían. 

Finalmente, el martes 29 de enero por fin salió Álvaro García, haciendo una evaluación medio confusa para la gente. Trató de usar teoría política estableciendo que: “Tenemos un sistema multipartidario con predominancia de un partido. A excepción del predominante, el Movimiento al Socialismo, los demás son partidos regionales, hay débil militancia partidaria en todos”. Si bien reconoció que a partir del resultado se identifican debilidades en la militancia partidaria en todos, lanzó nuevamente una frase llena de soberbia y de bronca hacia la oposición: “Me río, lleguen a 50.000 y hablamos; no son nada”. 

Los asesores de Álvaro deben hacerle entender que estas actitudes tan absurdas de soberbia lo único que hacen es conseguir dos cosas. O que la gente se siga burlando de él, ya que generalmente lo que dice después va en su contra (ejemplo de las neuronas), o que la actitud arrogante también provoca rabia en las personas, porque en realidad lo que valora el pueblo es la humildad. Si de verdad el MAS está pensando en llegar a la clase media emergente que definirá al ganador en octubre 2019, entonces debe elaborar un discurso más cercano a la gente, no tan altanero, ya que por las características de esta nueva clase media, a la mayoría no le gusta las bravuconadas. 

La gente seguramente extraña al Vice humilde y mesurado en sus declaraciones, y piensa que seguramente el poder lo ha cambiado. La sabiduría de la gente puede tener razón. El poder y la fama cambia a las personas, y les hace traslucir sus peores debilidades en cuanto a carácter y personalidad se refiere. El poder en definitiva corrompe el alma de las personas. Hace algunos años la exesposa del Vicepresidente había advertido esto en un medio de comunicación. Mencionó que para ella, Álvaro era ahora un personaje desconocido. 

Parece que ese su cambio se ha acentuado para mal y ha convertido al Vicepresidente en un tipo soberbio e intolerante que ningunea a todo el mundo sin medir que sus acciones hormonales pueden afectar a su partido de manera definitiva.

 

Jorge Dulon Fernández es administrador público 
y cientista político.
 

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