El laberinto de los miticultores

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lunes, 11 de febrero de 2019 · 00:09

“Una de las fabulas más emocionantes y terribles se llama Rebelión en la granja (George Orwel). En ella logran expulsar al amo y organizan la granja de modo que todos (las gallinas, los perros, los caballos, los cerdos, el asno, etcétera) tengan igual derecho, pero poco a poco los cerdos, dirigidos por Napoleón, se van convirtiendo en los nuevos amos de la granja: trabajan cada vez menos, se apoderan de los mejores bocados y tienen todo tipo de privilegios, amenazan e incluso quitan del medio a quienes no les son ya útiles” (F. Savater). Napoleón, una de las argucias que esgrime es la propaganda para sostenerse en el poder, aprovechando la complacencia de muchos de los miembros de la granja.

El pueblo tiene varias actitudes, una de ellas es de ser hábiles y ágiles para simplificar lo que creemos que son nuestros problemas, nuestras expectativas, nuestras ideologías, nuestras identificaciones, nuestras soluciones. Ciertamente en lo político esto es aprovechado por quienes buscan el poder.

La urgencia de quienes sueñan quedarse en el poder o buscan el poder se aprovechan de esa actitud del pueblo y recurren a la “miticultura”, entendida como “una variedad de manipulación de laboratorio para ingresar en la categoría de lo fabuloso”. El caudillo, el omnipresente, el omnisciente “es la piedra filosofal, inventada, maniobrada por un alquimistas inspirado, experto en el arte del montaje”,  pero siempre dispuesto a ingresar en el orden de lo real: el presidente, el comandante, el dignatario, etcétera. 

En muchas ocasiones  para esos fines “se moviliza profusamente los mitos históricos incorporándolos a su propia personas energizada” al máximo de temperatura. “La miticultura tanto más eficaz cuanto espontánea o planificada; operación de trasformación, sublimación, de gran hechicero” de gran estadista, de gran soñador, del salvador, de un mesías populista, de un constructor de una obra maestra que consiste en hacer algo a partir del caos, de la crisis o de casi nada. 

Las actuales democracias (no se refiere a una ideología específica) en muchos casos, se dejan embrujar por la palabra (propaganda) de las tinieblas y de la angustia, dejando de lado las formas  y mecanismos reguladores del ejercicio del poder político. Esto da paso a democracias más de forma que de contenido.  

¿Cuál en la única manera de no caer en manos de “Napoleón”? 

Por supuesto es No dejarnos seducir por el corto plazo, el apego y lo fácil o la resignación, la impotencia y la angustia. 

Afrontar los hechos y actos políticos e identificar responsabilidades para recuperar el capital cívico y la cultura política democrática legítima.

Y la manera más bella: tomar la palabra desde las fibras más íntimas y arengar para el empoderamiento democrático de todos los ciudadanos, los pueblos  y la sociedad. ¡Libertad, integridad y fraternidad!

 

Óscar A. Heredia Vargas es docente emérito de la UMSA.

 

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