La pseudo izquierda al servicio de la derecha

miércoles, 27 de febrero de 2019 · 00:09

Varios amigos y colegas de Herbert  Müller han resaltado sus indudables méritos, y recordado sus importantes contribuciones a la sociedad boliviana. Sin desmerecer todos estos aspectos ampliamente positivos, vale la pena mencionar que en su juventud Herbert, como muchos jóvenes, cayó víctima del discurso de lo que puede llamarse la “izquierda infantil”.

Manipulado por los falsos profetas de la izquierda, Herbert Müller dirigió la toma armada del local donde funcionaba el Instituto de Estudios y Acción Social (IBEAS) en octubre de 1970. (Testimonio y Legado. El MIR Histórico en la recuperación y construcción de la democracia contemporánea: 1964-1984. p.56), con la excusa de que IBEAS y los sacerdotes dominicos, quienes residían en el local, estaban al servicio de la CIA y de la empresa GULF. En realidad, lo que más atraía a estos muchachos era apoderarse del local donde funcionaba IBEAS y destacarse como el grupo más “avanzado de revolucionarios”. 

Posteriormente, estos grupos de aguerridos luchadores tomaron el Centro Boliviano Americano, supuestamente porque quien aprendía inglés era para ser agente de la CIA. Para culminar su acción revolucionaria, estos jóvenes tomaron el motel del Montículo. Sería interesante conocer cuál fue la excusa para esta toma.

¿Pero que era realmente IBEAS?  Este instituto fue fundado en agosto de 1963 por la comunidad de sacerdotes dominicos en Bolivia. Originalmente se lo concibió como un centro de estudios al servicio de la comunidad dominica. Gradualmente, IBEAS fue ampliando sus objetivos y a partir de 1967 buscó convertirse en un centro de alto nivel para estudiar e intervenir en la realidad boliviana, mediante tres campos de acción: investigación, formación, y comunicación. 

En esta etapa de expansión de IBEAS se incorporaron paulatinamente al centro universitarios y profesionales del PDCR (Partido Demócrata Cristiano Revolucionario), partido que agrupaba a jóvenes de inspiración cristiana y que más adelante sirvió de base para la conformación del MIR, en alianza con otros grupos de izquierda nacional.

Para viabilizar la ambiciosa expansión de IBEAS, los padres dominicos construyeron una amplia sede en La Paz, con el apoyo financiero de USAID. Dicha sede era principalmente para IBEAS, pero temporalmente servía también de residencia para la comunidad de dominicos. Asimismo, IBEAS montó la biblioteca más completa del mundo sobre temas bolivianos. Por último consiguió becas para que profesionales bolivianos realicen estudios de posgrado en Estados Unidos, en Economía, Ciencias Políticas, Antropología, y Sociología. 

Dichos profesionales debían formar el equipo base de investigadores de IBEAS. Entre ellos estaba yo y gracias a la beca de IBEAS fui el primer boliviano en obtener un PhD en Economía en Estados Unidos, en diciembre de 1972 (J.A. Morales me precedió como economista, pues completó su doctorado en Economía, en Bélgica, en 1971).

A medida que la orientación social y la posición independiente, y nacionalista de IBEAS se manifestaban claramente, el apoyo de la Embajada americana se transformó en abierta desconfianza y hasta hostilidad. Nunca sabremos si hubo o no una conexión entre los exaltados revolucionarios que destruyeron IBEAS y los grupos siniestros de la derecha internacional. Lo cierto es que en octubre de 1970 todas las ambiciosas perspectivas de IBEAS de trabajar por el desarrollo y bienestar de los bolivianos fueron truncadas violentamente por ese grupo de universitarios provistos de armas automáticas. ¿Quién organizó la toma de IBEAS? ¿De dónde salieron las armas automáticas?

No fue la primera vez en que la derecha utilizó a los universitarios supuestamente izquierdistas para sus fines políticos. Ya en el asesinato del presidente Gualberto Villarroel se dio esa absurda alianza de la extrema izquierda con la extrema derecha para combatir al auténtico nacionalismo boliviano. Como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética estaban aliados, y la posición nacionalista de Villarroel era inaceptable para ellos. Primaron entonces los intereses externos sobre los intereses nacionales para dictar el magnicidio de Villarroel y perseguir a los militares de Radepa.

De estas tristes experiencias podemos sacar dos enseñanzas. Primero, el verdadero izquierdista no puede darse el lujo de actuar en forma irracional y destruir instrumentos que están al servicio de la sociedad. Y, segundo, para confiar en la posición izquierdista de una persona o de un grupo político no sirve aceptar su discurso y sus promesas. Los políticos siempre ofrecen lo que ellos perciben son las aspiraciones del público para conseguir su apoyo. Debe observarse sus acciones y su modo de vida.

Con demasiada frecuencia, los autoproclamados izquierdistas muestran en sus acciones su cara genuina y resultan ser en realidad instrumentos de la derecha. Con su retorcida conducta logran anatemizar a la izquierda y volver atractivas las opciones de la derecha.

 

Walter Gómez D’Angelo es PhD en economía y matemáticas

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