Los gobernantes del pandemónium

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martes, 12 de marzo de 2019 · 00:10

Como afirma Campoverde, los líderes tradicionales (hoy varios del Socialismo del Siglo XXI, por supuesto no sólo en ellos) “hunden cualquier esfuerzo de prosperidad, acaban con empresas exitosas, destruyen culturas, consumen esperanza”. 

Se preocupan de lo que van a decir y no de aquello que la gente espera, de manera tangible. Tienen una mentalidad retrógrada respecto al poder y sus premisas son: la demagogia, el sofisma, el dinero, el poder por el poder, el estatus, el pensamiento único, la decisión vertical, lo suyo, y, como siempre, ante las críticas terminan defendiéndose y apoyándose ante los demás, con razón o sin razón.

Nos permitimos puntualizar tres tipos de actores en la política y el poder: los eficientes, los malos y los malditos. Los dos últimos son los que prevalecen en la actualidad, los cuales son los que identifica Savater como los culpables de la distorsión de la razón del poder y de política. Cada uno de los dos resulta culpable de manera diferente, pues “los verdaderos malos son así porque quieren –podrían ser buenos, pero prefieren fastidiar al prójimo– y los malditos son los que quisieran ser buenos, pero acaban siempre haciendo el mal”. 

Uno u otro o los dos son los que llevan a los infortunios del poder y de la política: crisis económica, crisis de la justicia, crisis humanitaria, crisis social o crisis política. Ninguno de nosotros podrá negar que la actual coyuntura transcurre por una o más de ellas sobre la base de una crisis de valores –antivalores–.

Lo expuesto nos lleva a afirmar metafóricamente que hoy hay países que están en el lugar de todos los demonios –Venezuela, Nicaragua, los más populares, entre otros– por culpa de sus gobernantes. Sus gobernantes no tuvieron “la fortuna” de traer a la memoria el antídoto que utilizaban los romanos para conjurar a los demonios del poder: “Escuchar al esclavo, que, en el mayor momento de gloria, al pasar por el arco del triunfo, le decía en voz alta al general triunfante: Recuerda que sólo eres un hombre”. 

Si hoy, esos gobernantes –jurásicos– hubieran identificado el consejo, tal vez hubieran cambiado su realidad. Lamentablemente, todo lo que vienen haciendo hasta ahora sólo ha demonizado al poder político de esos países.

Sin embargo, a pesar de esa realidad, los que creemos en la democracia real tenemos esperanza, sabemos que vendrán nuevos tiempos, no queremos para nuestro país y para los países hermanos una nueva vieja historia del pandemónium, queremos una nueva realidad; países donde los valores éticos, morales y sociales tomen sentido, y aceptación ciudadana, donde se afirme que se ha iniciado la revolución del cambio de conducta –revolución más profunda de la conciencia social–. Donde los gobernantes sean mejores seres humanos, mejores personas. 

Nuestra esperanza y nuestro compromiso con la democracia real y el bienestar de los pueblos nos permite afirmar que no queremos como país una lápida grabada como en el sepulcro de Aristipo:  “Aquí descansa quién os aguarda” en las mismas condiciones. Estamos en la lucha.

 

Oscar  A. Heredia Vargas es docente emérito de la  UMSA.

 

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