Terapia intensiva

Salud gratuita no existe (para entender el SUS)

martes, 12 de marzo de 2019 · 00:11

Gratuita es la luz del día, ver la luna llena o la lluvia que riega el campo. Desde que el gobierno ha anunciado el SUS, Sistema Único de Salud, también llamado Seguro Universal de Salud (palabras del Presidente), mucho se habla de “salud gratuita para todos”. No obstante, el concepto “gratuito” para la salud no es lo mismo que “sin costo”. Alguien tiene que pagar por el cuidado de los enfermos, la salud es cara.

Salud gratis la tienen los que se cuidan (con buen estilo de vida), no tienen accidentes o tienen suerte de no enfermarse. La realidad es que gran parte de la población necesita lo que se llama “cuidados de salud”, estamos hablando de atención en la enfermedad. En los servicios públicos de salud no existe medicina preventiva, salvo las vacunas pediátricas.

La propuesta del SUS tiene costos de infraestructura, servicios profesionales y mantenimiento. Está claro que todo tiene costo. En macro, la mayoría de los países desarrollados gasta entre 8 y 10% del PIB en salud. En Bolivia estamos cerca del 6%, un poco mejor que algunos países de Centro América y el Caribe, donde Haití ocupa el último lugar. Viendo en micro, el boliviano tiene derecho a cerca de 220 dólares anuales en salud, un 20% del gasto promedio en la región. Se estima que ese gasto debería ser al menos ocho veces mayor para atender con un nivel mínimo de calidad. El presupuesto inicial de 200 millones de dólares para cinco millones de asegurados equivale a 40 dólares por asegurado.

El SUS va a ser financiado por el TGN, que al final es el dinero de los impuestos de todos los bolivianos y dinero de los recursos naturales de nuestra madre tierra. Aquellos que son asegurados en otras cajas de salud (CNS, Petrolera, Banca Privada, etcétera) no reciben atención gratuita. Son trabajadores que mes a mes aportan con descuentos de su sueldo para financiar el sistema. Es dinero de los trabajadores.

Poco se sabe del financiamiento a largo plazo si la economía sigue declinando y nada se dice sobre la calidad de servicios. El SUS oficialmente funciona desde el 1 de marzo. Pero el complejo de profesionales y  hospitales, en gran parte, es el mismo que por décadas se ha mostrado ineficiente, lento, burocrático y saturado. Históricamente la salud administrada por el Estado es mal pagada y mal administrada. El sistema se va a implementar gradualmente, con deficiencias, justifican las autoridades.

Dice el refrán que a caballo regalado no se le miran los dientes. Eso nos hace pensar que los beneficiados del SUS gratuito no pueden reclamar por eficiencia ni calidad. En la vida real así ve el paciente al sistema que no le da opciones a escoger.

Inicialmente se ha mencionado que el SUS cubriría más de 400 prestaciones, posteriormente se dijo 1.200 y más recientemente 1.900 prestaciones. Pocos saben qué quiere decir “prestaciones”. En pocas palabras se puede explicar que cada servicio, estudio, material o medicamento (esencial) es una prestación. Ahora, para simplificar se ha anunciado el cambio de prestaciones por 256 paquetes, sin detalles. Revisando las prestaciones publicadas por el Ministerio de Salud se encuentran enfermedades oncológicas pediátricas, pero no se incluye cáncer en los adultos. Espero que esos descuidos sean corregidos pronto. 

La experiencia nos muestra que el paciente que requiere tratamiento de alta complejidad (tercer nivel) tiene largos periodos de espera, y lo que es peor, tiene que pagar por los  dispositivos especiales que se requieren para ciertas intervenciones, como catéter de quimioterapia, marcapasos, prótesis ortopédicas, endoprótesis vasculares, etcétera.

 Lo habitual es que el paciente que requiere uno de estos dispositivos quede internado a la espera de que los familiares puedan comprarlos. Frecuentemente los medicamentos de quimioterapia pasan por el mismo proceso. Estamos a la espera de que el SUS pueda cambiar esa práctica. 

Pensemos en la situación de cada día, el paciente delante del médico (mal remunerado), quien es el que tiene que dar explicaciones al paciente de cuáles son sus derechos, qué le cubre el SUS y qué es lo que tiene que pagar. El médico también tiene que responder por la calidad de los medicamentos “esenciales” y más baratos, porque tampoco nadie nos asegura que todos los productos son de la mejor calidad. El administrador de recursos seguramente se ocupará de pagar el menor costo, pero la medicina barata cuesta caro. Para el paciente con cáncer eso significa demora, pero el paciente no puede esperar por la quimioterapia (continuará).

 

Fernando Patiño Sarcinelli es médico internista, oncólogo y fotógrafo.

 

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