Con la boca abierta

Armarse de valor

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domingo, 17 de marzo de 2019 · 00:05

En ocasión del Día de la Mujer, el candidato Víctor Hugo Cárdenas ha llamado a debatir  “el derecho de las mujeres al porte de armas en defensa propia para garantizar su seguridad física, de sus hijos y la de sus familias”. Es más,  propuso armar hasta a los menores de edad, tal su convicción. La habitualmente razonable  Alcaldesa Chapetón le ha dado oxígeno diciendo que si bien le parece una sugerencia bastante extrema, “tampoco me parece inaplicable”.

Luego y ante numerosas críticas, Cárdenas se ha enredado ofreciendo los mismos argumentos de quienes defienden el porte de armas para combatir la criminalidad en general, en la línea de Trump y Bolsonaro, lo cual también es inadmisible, mostrando que no sabe ni entiende nada acerca de la violencia machista.

Con aire de suficiencia, más propio de un candidato populista, ha dicho: que en el debate se deberá ver qué personas están competentes para manejar un arma, cuál es la razón por la que quiere hacerlo, entre otras cuestiones. O sea aún no ha leído ningún estudio sobre el tema. Algo así como “sólo para mujeres empoderadas, entrenadas, que sepan disparar y no tengan miedo”.

Si se hiciera lo que Cárdenas propone, habría que entregar armas a las víctimas potenciales que son mujeres de todas las edades, razas y condición social, en las que los perpetradores son desde “inocentes” padres de familia hasta  policías y  militares que de suyo están armados y  llevan ventaja. Habrá que ver cómo enseñar a las mujeres que mueren estranguladas mientras duermen. 

 Según la Encuesta de Prevalencia y Características de la Violencia contra las Mujeres, el 75% de las mujeres casadas o en unión libre sufrió algún tipo de violencia de su pareja, En general, el 50% de las bolivianas con pareja, separadas y solteras fue maltratada.  De acuerdo con la información, Cárdenas debe decidir si dará armas a ese 50% de mujeres que a menudo son calificadas de locas  e histéricas por los operadores de justicia si acusan a sus  parejas; que cuando lo hacen vuelen a ser maltratadas por la policía y la justicia, y que cuando mueren sus hijos y familia no reciben ningún apoyo.

Ya me imagino en el afortunadamente poco probable gobierno de Cárdenas, a su equipo rascándose la cabeza, primero tratando de entender qué es la violencia contra las mujeres y por qué ésta  ocurre en ciclos. ¿Autorizará el porte de armas cuando el hombre violento insulta, ofende, descalifica a su pareja?, ¿o esperará que se reconcilien tomando de su caja de herramientas la retórica de “la familia unida, jamás será vencida”, invocando a la mujer a perdonar, conciliar y pensar en sus hijos?

 ¿No es él partidario de los Provida que defienden más la institución familiar tradicional  que los derechos humanos? ¿O esperará a que concluya la primera reconciliación y el agresor abofetee, pellizque, patee o viole a su pareja, y entonces decidirá si la víctima desesperada merece portar armas? Luego, si se vuelven a reconciliar, ¿tendrá una brigada que  recupere las armas para evitar que ante un nuevo brote de mayor violencia sea el hombre que tome el arma y la mate?

Cárdenas dirá probablemente que se refiere a la violencia callejera perpetrada por extraños, otro desatino: “Las buenas intenciones ayudan, pero no son suficientes. Pensemos en soluciones radicales frente a tanto abuso”, dijo. ¿Ignora él que las víctimas en nuestro país terminan siendo culpables? Lo que él está pidiendo es que las potenciales víctimas –que son más del 50 %– sean evaluadas no  se sabe por quién –ya he visto expolicías voluntarios ofrecerse para dar una solución que  entiende como radical–.

Lamentablemente no hay soluciones mágicas y él debe entender que para erradicar la violencia hay que  trabajar incansablemente, y con perspectiva de largo plazo para que las mujeres, en vez de matar a sus agresores, obtengan autonomía económica y física; es decir, tengan ingresos decentes y controlen su cuerpo; se ofrezca educación sexual integral libre, se rehaga la justicia y se termine la impunidad.

 No se trata de armar a las mujeres, se trata de crear condiciones para la igualdad y eso significa que nosotras nos armemos de valor, fuerza y paciencia para seguir luchando. ¿Que eso saca votos? Probablemente no.

Sonia Montaño Virreira es socióloga feminista.

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