Nueva Zelanda y un espejo morboso de Bolivia

lunes, 25 de marzo de 2019 · 00:04

El reciente tiroteo sucedido en Nueva Zelanda ha desatado nuevos campos para entender el comportamiento de la sociedad en plataformas digitales y desde el campo de las políticas públicas como también nosotros como ciudadanos deberíamos reaccionar ante estas coyunturas que en menor escala de violencia suceden también en Bolivia y por supuesto en Santa Cruz.

En esta ocasión, el autor de la masacre de Nueva Zelanda logró mediante redes sociales (Facebook, Twitter, YouTube y 8chan) transmitir al vivo el horror que terminaría con la vida de 48 personas en un tiroteo sin precedentes.

Mientras Facebook y YouTube explicaban cómo las capacidades humanas fueron sobrepasadas en un intento de contener la situación, se confirmaba que por primera vez la Inteligencia Artificial tomaba esta vez por completo, el volante de la situación.

Mientras el video continuaba en vivo en Facebook, ninguna de las 200 personas que simultáneamente estaban viéndolo se atrevió a notificar a Facebook de lo que ocurría. La primera persona en notificarlo apareció cuando ya el video tenía más de 4.000 reproducciones en apenas unos minutos, suficiente para haber sido descargado y distribuido por distintos sitios de internet, cumpliendo así el objetivo del autor, la difusión del mensaje.

Más de un millón y medio de intentos de subida del video en las primeras 24 horas ocurrieron en Facebook mientras que en YouTube cada segundo se bloqueaba la subida de este contenido.

Imaginen la escala a la que llegó el morbo, los alcances que se lograrían si la Inteligencia Artificial no existiera y no se hubiera contenido esta conducta en el instante.

La creatividad humana no tiene límites para las malas aplicaciones también y en esta búsqueda de experimentar nuevas sensaciones se procede a la carroñería de los actos más atroces.

Bolivia sufre el mismo problema, desde la difusión de imágenes del tiroteo que acaba con la vida de una exfuncionaria de Eurochronos, hasta el contenido de accidentes ocurridos en la ciudad o el último caso, la difusión de imágenes del estado en el Hospital de la Mujer que denunció el Caso La Manada.

Todas estas situaciones bajo el comportamiento entre los grupos de WhatsApp y redes sociales, terminan evidenciando el mismo morbo que aquellos que se quedaron en silencio durante el video en vivo de lo de Nueva Zelanda y, peor aún, el mismo interés de aquel un millón y medio de intentos por mostrar un acto abominable.

Una lección que deja muchas aristas para seguir pensando y proponiendo, primero desde el lado de las políticas públicas para entender en qué punto está nuestra capacidad en seguridad digital y cómo podemos reaccionar frente a sucesos que se inician desde las redes sociales. Segundo para que nosotros veamos cómo estamos ayudando a destruir personas reales en coyunturas desfavorables con este tipo de conductas.

El morbo va a seguir, está basado en un principio básico del ser humano, la búsqueda incansable de vivir nuevas sensaciones que incluso pueden caer en lo prohibido o malo. Esto no significa que se pueda trabajar para reducir esta reacción a lo menos posible como se hizo con Nueva Zelanda.

Hoy Estados Unidos en miras de estos comportamientos trata de tomar resguardo para su gente trabajando en posibles propuestas como la prohibición de la difusión del nombre del autor, el rostro y más el tema del porqué sucedió determinado evento.

Bolivia necesita ponerse a trabajar urgente en políticas digitales, tanto desde el sector público como nosotros en nuestro comportamiento responsable en internet.

Juan de Dios Villarroel es asesor comunicacional

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