El dólar

jueves, 28 de marzo de 2019 · 00:11

En las últimas semanas hemos leído varios artículos cuyo principal argumento trata de subestimar el valor de las Reservas Internacionales Netas (RIN), principalmente en dólares, para la economía nacional. Los defensores de esta postura apelan siempre a más argumentos políticos que técnicos. 

Las RIN son el resultado de una balanza de pagos positiva; es decir, lo que vendemos a otros países tiene mayor valor -por precio o por mayor cantidad, o por ambos factores- que lo que compramos al exterior. Esta es una balanza comercial que arroja superávit. Implica además que la balanza de capital que suma a la anterior sea positiva, o al menos no arroje un saldo negativo superior al de la balanza comercial.

El nivel de las RIN es uno de los mejores termómetros que tenemos para medir la bonanza económica de un país, es como si usted contara el dinero que tiene en el banco después de haber hecho frente a todos sus compromisos de pago: hipoteca o alquiler, manutención, educación, etcétera. Resulta evidente que cuanto mayor sea su saldo bancario, mejor será su estabilidad financiera.

Un principio básico de la disciplina económica es el valor de lo escaso. Un bien o servicio es  más caro cuanto más escaso es o menos personas o empresas lo prestan, respectivamente. El dólar es un bien cada vez más escaso en la economía boliviana, de ahí que a medida que descienda el nivel de las RIN, mayor presión tendrá el boliviano para mantener su cotización frente al dólar.

Si echamos un rápido vistazo a otros indicadores macro del país, como por ejemplo el galopante déficit fiscal (diferencia entre ingresos y gasto público), no es difícil adivinar que la autoridad económica recurrirá a incrementar la deuda pública emitida tanto localmente como en el exterior. Esta última denominada en dólares a unas tasas que contemplen el elevado riesgo país. 

Si bien al principio se incrementan las RIN por el importe del préstamo, a lo largo de los años éste se tendrá que ir pagando con sus respectivos intereses, con lo que nuevamente la curva de las RIN emprenderá un inexorable descenso. 

Las recetas para corregir estos desequilibrios son muy variadas. El Gobierno ha optado por incrementar la inversión pública en proyectos de dudoso retorno, con aliados externos poco fiables y contando de manera marginal con la empresa privada. La que proponen los economistas más prestigiosos del país y los organismos internacionales para Bolivia pasa por una corrección drástica del gasto público, reforma integral del sistema fiscal para optimizar el ingreso público, mejora de la regulación laboral para incrementar la productividad y hacer frente a las tasas más altas de informalidad laboral del mundo; mejorar la competitividad de nuestras empresas para exportar más, y mejor ampliando el espectro de bienes y servicios exportables, favoreciendo el acceso al crédito a los exportadores con un tipo de cambio flotante, que tan buen resultado ha dado en otros países. 

Por último, se debe apostar fuerte por la inversión en innovación y en la tecnología en proyectos mixtos público-privados, cuyo retorno no es inmediato pero servirá para impulsar y apuntar el desarrollo del país en el mediano plazo.
 

 

Francisca Gonzalo es economista por la Universidad Complutense de Madrid
 

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