Señor Presidente: atrévase

viernes, 08 de marzo de 2019 · 00:08

Definitivamente el respeto es lo más importante que tiene el ser humano en su vida y en su relacionamiento con la sociedad.

Cuando uno respeta todo funciona en un marco de armonía entre las partes; lo que hace sentir a la persona un profundo amor hacia los componentes de su familia, una orgullosa pertenencia hacia su sociedad y un fervor patriótico hacia un Estado que está haciendo las cosas bien.

Lamentablemente este no es el caso del mal llamado Estado Plurinacional que en vez de integrar a los bolivianos nos está dividiendo y separando cada día más, promoviendo el odio y la falta de respeto.

En alguna oportunidad el presidente Evo Morales Ayma afirmaba sentirse el “padre de los bolivianos”. Disculpe señor Presidente, no conozco lo que usted experimentó en la relación con su padre o las enseñanzas que recibió de él, pero sí me gustaría comentarle que mi padre era un ser justo, equitativo, honesto y respetuoso con su esposa e hijos. Algo de ese ejemplo he tratado de asimilar y hoy, por respeto a mis hijos, y a mi esposa, antes de dormir reviso mi día, encuentro mis fallas y errores para zanjar alguna aspereza, y, por el respeto que merecen mis seres queridos, les pido perdón por mis malas o inadecuadas acciones.

Ese simple ejemplo nos une cada día más y nos enseña a superar cualquier diferencia que existe entre nosotros, en toda familia y en toda sociedad. Pero sin respeto no se alcanza a valorar la opinión del otro, sin respeto no se llega a aceptar al otro, sin respeto somos incapaces de amar.

Por respeto a todos los bolivianos, señor Presidente, ¿se atrevería a contarnos la verdad? ¿Se atrevería a rendir cuentas y pedir que rinda cuentas cada funcionario público que corresponda sobre la gestión de la institución que dirige?

No han transcurrido en vano casi 14 años de gobierno; por eso le pido que desde el momento que lea este artículo, esa misma noche, reflexione profundamente sobre su accionar hacia todos los bolivianos, de quienes usted dice sentirse o actuar como un padre y, por respeto a ellos y a la conciencia suya, se pregunte:

  • ¿He sabido asumir la Presidencia con verdadera convicción patriótica, dando un trato igualitario a todos los bolivianos, tal como juré cuando fui posesionado como Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia?
  • ¿Mantengo la humildad que me ha caracterizado como ser humano gracias a la educación impartida por mi madre o he dejado de lado esa gran virtud humana?
  • ¿Me considero un boliviano con principios morales elevados como para dirigir el país con equidad, justicia, honradez e integridad moral? ¿O soy tan sólo un político que favorece a sus correligionarios del partido, olvidándome de la otra mitad del país?
  • ¿Preservar y respetar la vida es para mí una prioridad, una obligación moral, un derecho humano o un acto de amor, que si se lo violenta merece la mayor sanción del hombre y de Dios? 25 muertos sólo en la gestión 2018, que se añaden a los de gestiones anteriores, ¿no es un exceso vergonzoso cuando en realidad prometí un gobierno sin muertos?
  • ¿Soy un modelo a seguir después de haber descuidado prioridades durante más de 12 años, tales como la falta de un presupuesto digno para desarrollar la educación y la salud desde un diagnóstico social realista, y sincero que muestre las verdaderas necesidades de estos sistemas, hoy casi colapsados?
  • ¿Es inhumano, durante mi gobierno, haber dejado a millones de bolivianos desatendidos y sin una atención médica oportuna que hubiera evitado enfermedades de mayor gravedad?
  • ¿La nueva ley del SUS va a solucionar en el corto plazo la desesperada situación de falta de atención médica o estoy echando la carga sobre las espaldas de otros?
  • ¿Comparado con mis conciudadanos soy un ser privilegiado, cuando debiera más bien estar al frente de todos los servidores públicos, sirviendo al país y cubriendo las necesidades básicas y primordiales que demandan mis compatriotas?
  • ¿Ha sido prioritaria y necesaria la inversión efectuada en el avión presidencial, en el Museo de Orinoca y en la Casa Grande del Pueblo, en vez de reorientar esos recursos a salud y educación u otras necesidades más apremiantes en mi país?
  • ¿He manejado y monitoreado con responsabilidad, y sentido de justicia los casos de corrupción en el país, a pesar de tener menos del  10%  apenas resuelto?
  • ¿Ha sido sano para la administración del Estado perder la institucionalidad y la independencia de poderes, ganadas desde que recuperamos la democracia?
  • ¿No ha sido más bien esa independencia de poderes la que me posibilitó llegar a la Presidencia por primera vez?
  • ¿Tengo la integridad moral suficiente como para pedir perdón a Gabriela Zapata por el trato recibido como mujer y madre, y  a quienes sufrieron la masacre de Chaparina, a los pobladores indígenas del TIPNIS, a los cocaleros de La Asunta, a la familia del estudiante fallecido de la UPEA, a las familias brasileras del equipo de fútbol Chapecoense por la muerte de sus jugadores, a mis hermanos indígenas y campesinos por la corrupción campante hasta hoy, y el uso inapropiado de los dineros del Fondo Indígena?
  • ¿Tengo el valor patriótico de pedir perdón a los bolivianos por una gestión ingenua e inviable de salida al Océano Pacifico que cerró las puertas al diálogo con Chile y a las posibilidades que tanto esperaban mis compatriotas?
  • ¿Estoy consciente de la desilusión que puedo causar al cerrarme en posiciones ideológicas dañinas y que atentan contra la vida y dignidad humana de millones de venezolanos, cuando decido apoyar la brutalidad que ejerce con ellos Nicolás Maduro hasta cegar sus vidas?
  • ¿Es de seres humanos nobles y dignos defender consignas, ideologías y partidos políticos a ultranza, por encima de la evidente falta de humanidad que tiene Maduro hacia sus compatriotas que viven en hambruna y desatención médica?
  • ¿Soy un candidato confiable para la gente acostumbrada a una democracia que se apoya en la Constitución Política del Estado, la que a su vez promueve la alternancia de poder y la no reelección luego de dos gestiones consecutivas?
  • ¿En verdad pensaba retirarme antes de los resultados del 21 de febrero de 2016, respetando la Constitución Política del Estado, o tuve que cumplir con otras órdenes que están por encima de mi voluntad y mi conciencia?
  • ¿Es ético justificar todos estos cuestionamientos echando la culpa a la “campaña de la mentira” ejercida por la oposición o por “él imperio”, cuando yo soy el responsable de mi propio destino?

Le pido, señor Presidente, tomar verdadera consciencia de estos pocos cuestionamientos y responder con respeto, con la verdad y con mucha humildad. ¿Se atreve?

 

Javier Diez de Medina Valle es consultor en ética aplicada y gestión empresarial

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