Miedo a la crisis y la coyuntura actual

viernes, 12 de abril de 2019 · 00:09

En Bolivia vivimos un momento muy especial respecto a la coyuntura social y económica que, además, se encuentra ya en medio de la guerra política por las futuras elecciones presidenciales de octubre de este año.

Lo evidente es que los ciudadanos perdieron ya la confianza en el modelo implantando por el Movimiento Al Socialismo (MAS) y todo indica que podrían venirse problemas en la economía, más antes de lo que pensamos.

Vivimos en un país con un elevado y crónico déficit fiscal, creciente deuda externa, rápida pérdida de reservas internacionales, balanza comercial también deficitaria por varios años, baja competitividad y productividad de nuestras empresas y, sin duda, algunos aspectos más que provocan incertidumbre en los actores de la economía. 

Pero, sin duda, uno de los mayores problemas o preocupaciones por parte de la sociedad es el hecho de que si bien hemos vivido una bonanza en años pasados, la misma sirvió para hacer crecer las economías de los países vecinos, vía importaciones. La industria nacional atravesó además por muchos problemas, entre ellos la competencia de las importaciones promovida por la apreciación de la moneda nacional, la baja productividad, los altos costos laborales y sociales, y la competencia desleal de las empresas estatales, entre otros.

Cuando revisamos la teoría económica básica respecto a tipos de cambio, déficit y otros aspectos, podemos entender lo que sucede en Bolivia.

El Gobierno puede cubrir sus déficits de tres maneras: tomando préstamos del público, reduciendo sus reservas de divisas o imprimiendo moneda. Un gobierno en estas condiciones agota su stock de reservas de divisas después de un periodo prolongado de fuertes déficits fiscales. Por estas razones, lo más probable es que un gobierno con grandes déficits presupuestarios crónicos se vea forzado a cubrirlos imprimiendo moneda. Esto se puede hacer de manera fácil cuando el Gobierno tiene mayoría en el legislativo (para cerrar los déficits fiscales).

En la medida en que se sigue disponiendo de reservas externas, el país puede evitar la inflación. El tipo de cambio permanece fijo y con paridad de poder de compra, los precios internos también permanecen estables. Si los déficits fiscales persisten, las reservas del gobierno llegan a agotarse. En ese momento, los residentes tratan de cambiar moneda nacional por dólares, y el Gobierno ya no puede intervenir en el mercado. Entonces no hay más opción acerca de la depreciación del tipo de cambio (extraído del libro de Macroeconomía de Sachs y Larraín).

Por un lado, en el país estamos perdiendo reservas a un ritmo acelerado. En 2014 se encontraban por los 15.000 millones de dólares y en la actualidad están por debajo de los 8.000 millones, una pérdida de más de 1.700 millones por año. Aproximadamente, el 77% de las reservas son divisas, lo que significa que en el momento podríamos contar sólo con 6.000 millones en divisas, que podrían durar menos de cuatro años, al mismo ritmo. 

Por otro lado, sabemos también que la deuda externa superó los 10.000 millones de dólares, lo cual también implica pérdida de divisas. 

Asimismo, si bien en 2014 las exportaciones eran superiores a las importaciones, la situación cambió ya para el 2015 y el año pasado esa diferencia superó los mil millones de dólares. Esta es otra fuente de pérdida de divisas. 

Con estos indicadores en mente, el Gobierno adoptó en días pasados medidas para obtener más divisas. Se redujo el límite de inversión de las entidades financieras en el exterior de 25% a un 15%, se reduce el límite de inversión en el exterior para los fondos de inversión abiertos de la Sociedad Administradora de Fondos de Inversión, y el Banco Central de Bolivia (BCB) ha decidido comprar valores públicos en el mercado secundario para inyectar liquidez a la economía.

Por último, el BCB inyectará 3.500 millones a la economía bajando el encaje legal que los bancos depositan como reservas de previsión. Queda claro que en la economía boliviana se requieren ya más divisas y se está imprimiendo, y creando dinero para dotar de mayor liquidez a la población. 

En conclusión: si este proceso continuase deberá depreciar tarde o temprano el tipo de cambio. En otras palabras, lo que se pidió hace mucho tiempo con el objetivo de recobrar la competitividad de las exportaciones parece que ahora es un cambio inevitable. En este momento, pensar en una depreciación podría traer consecuencias inflacionarias y mayor incertidumbre, ya  que no hay manera de que ingresen más divisas vía exportaciones, a menos que suba el precio de las materias primas, debido a que -como dijimos- la industria pasa por un mal momento. 

Las medidas adoptadas por el Gobierno parecen ser un parche que les permitirá aguantar hasta las elecciones y así aplazar los problemas venideros; sin embargo, parece inevitable seguir el proceso descrito, y ser parte de las líneas de estudio de los libros de macroeconomía.

Joshua Bellott Sáenz es magíster

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