El país que contiene la respiración

sábado, 13 de abril de 2019 · 00:09

El título del presente artículo está inspirado en el título de una de las partes del libro Stalingrado, del escritor e historiador Antony Beevor, llamada El mundo contendrá la respiración. Y su contenido, inspirado en la correspondencia que mantengo últimamente con mi amigo Carlos Garafulic y que gira en torno a la política boliviana y sus avatares.

La sociedad boliviana vive en una burbuja de irrealidades referidas a la política, pero principalmente a la economía. Está conteniendo la respiración bajo el agua de un río que es falso porque está seco. La economía, al ser madre de los estudios sociales, es la que, en la historia, ha tenido más peso que cualquier otra explicación de tipo social en los fenómenos, y es eso lo que explica que muchas personas decidan su voto más por la realidad pecuniaria del instante, que por las descripciones dantescas que hacen los políticos de oposición sobre el quebrantamiento de la moral pública y las libertades ciudadanas.

Expliquémonos.

Gran parte de la sociedad boliviana, en estos momentos y desde hace ya varios años, goza de una relativa estabilidad económica. Tiene dinero en los bolsillos, y es esta circunstancia la que hace que piense que, económicamente hablando, el país está en un buen camino, o por lo menos en uno no muy malo. Y es en ese sector de la población donde está concentrado, en gran parte, el voto seguro y duro del (MAS).

Lo que sucede es que el ser humano, por lo general, se guía más por sus necesidades materiales del momento o de corto plazo, que por sus necesidades a futuro (de las que en muchos casos no es consciente) y que normalmente están relacionadas con conceptos abstractos como son los de la verdad, la justicia, la igualdad y la democracia… Así, la realidad del pan y la leche en la mesa de las personas pesa más que la necesidad de la justicia y los derechos humanos, conceptos que no se pueden comer ni degustar en el paladar y que; por tanto, a pesar de que estén en la conciencia ciudadana, no tienen la relevancia del pan y la leche.

Entonces, lo que tenemos que hacer como entes políticos, como líderes de opinión, como periodistas, como ciudadanos, al fin de cuentas, es advertir a la población que aunque aparentemente estamos bien, las perspectivas económicas a futuro son terriblemente catastróficas. 

Hay quienes piensan que la crisis económica será la única crisis que podrá sacar a Evo Morales del poder. Ese razonamiento no carece de fundamento por los motivos que hemos señalado arriba. Sin embargo, lo que debe entender ese estrato social que hoy goza de relativo bienestar material, porque tiene llena su chequera, es que también importan, y mucho, la situación de la democracia, la justicia, la calidad de educación que están recibiendo nuestros niños y jóvenes y el Estado de Derecho.

La ciudadanía deberá votar con un nivel de consciencia más elevado que el que usa para cualquier otra elección, porque ciertamente este escenario electoral no será igual que cualquier otro. Tendrá que sopesar elementos tanto de moral y ética públicas cuanto de economía. Y sin duda, el gobierno de turno embellecerá con mascarillas pecuniarias la mala realidad, pero la inteligencia de los bolivianos debe saber distinguir la falacia que se montará con el fin de que se crea que las cosas marchan bien.

Sólo hay dos opciones claras: la corrupción y el progresivo desmoronamiento del Estado, por un lado, y la renovación de la política y el saneamiento de la democracia y la institucionalidad, por el otro. No habrá ni izquierda ni derecha y quien esgrima ese discurso maniqueo caerá en la falsedad. Si hay dialéctica dual, no será otra que la del bien y el mal. Porque el MAS, al igual que el gobierno de Maduro, ya no puede ser llamado socialismo (¿alguna vez pudo ser llamado como tal?), sino solamente cúpula de personas que dejaron de lado el proyecto por el poder.

 

Ignacio Vera de Rada es licenciado en Ciencias Políticas

 

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