Octubre, el mes que cierra ciclos

jueves, 18 de abril de 2019 · 00:10

Estas elecciones nacionales de octubre cerrarán un ciclo político del  centro y de la derecha boliviana en el país, y la posibilidad del surgimiento de un nuevo rostro de la derecha atrincherada regionalmente en el departamento con mayor crecimiento económico, pero condicionada al resultado electoral subnacional del próximo año.

El sistema político de partidos políticos que emergió de los resultados electorales de 1980 y se consolidó en la elecciones nacionales de 1985 con su método político de acuerdos interpartidarios para superar el déficit electoral de minorías electorales, para constituirse en mayorías parlamentarias, entró en su crisis terminal a inicios de nuestro siglo.

En las elecciones de 2002, ADN obtiene el peor resultado electoral desde 1978 con sólo el 3,39%, es el porcentaje de su defunción política; en las elecciones de 2005 el MIR no participa y desaparece; el MNR obtiene el más bajo resultado electoral desde su fundación, sólo el 6,46%. En dos elecciones consecutivas nacionales, el pueblo con su voto sepulta definitivamente a los pilares del viejo sistema político neoliberal, aunque el  MNR conserva su sigla, pero es más un zombi electoral que un actor político.

Los que subsisten aún son los personajes políticos que crecieron electoralmente con esas siglas partidarias. Doria Medina, otrora militante del MIR, ministro de Estado, se separa de su partido y funda su propia organización política: Unidad Nacional, el porcentaje más alto como partido fue en 2005 con el 7,79%, en 2009 bajó al 5,65%. En 2014 participó como candidato de un frente electoral y en 2019 prácticamente desapareció del mapa electoral.

Tuto Quiroga, militante de ADN, exvicepresidente y Presidente de la República, conformó una agrupación ciudadana, Podemos. En 2005, obtuvo el 28,62%, en 2009 no participó y en 2014, con la sigla PDC,  tuvo el 9,4%, y en 2019 no fue tomado en cuenta.

Víctor Hugo Cárdenas, exdiputado katarista, exvicepresidente de Goni y el MNR, desde  1997 no participó en ninguna elección nacional; ahora se postula por una sigla electoral sin ninguna estructura partidaria (UCS) y apoyado en ciertas iglesias cristianas conservadoras, su nivel de aceptación no supera el 2%.

Jaime Paz Zamora, histórico y fundador dirigente del MIR, exvicepresidente y Presidente de la República, nunca llegó al 20% de los votos. Se volvió a presentar en 2002 y obtuvo el 16,3%; hoy se presenta con una sigla sin militancia ni estructura partidaria, el PDC. Su nivel de aceptación no llega al 1%.

Carlos Mesa, influyente comentarista político desde las noticias, sin militancia partidaria, pero se adscribió al gonismo y el neoliberalismo desde inicios de los 90. Se constituyó en el mejor vocero de Sánchez de Lozada, defensor y promotor de la capitalización, llegó a la Vicepresidencia con el 22%, heredó la Presidencia por sucesión constitucional. Ahora se postula a las elecciones con un frente electoral (Comunidad Ciudadana), sin siglas ni colores partidarios. Su estructura gira en torno al círculo de amigos y académicos afín a Mesa, y su popularidad no supera hasta ahora el 32%.

El electoralismo frentista fue el método político de la derecha boliviana para subsistir temporalmente en el escenario legislativo nacional. Su estrategia desde  2005 ha sido el control territorial regional en las gobernaciones y municipios. A partir de estos gobiernos subnacionales organizó sus agrupaciones políticas, luego partidos políticos;  primero para reproducir su titularía política local y, segundo, para alimentar el frentismo electoral nacional.

SOL.bo se fundó luego de que el Movimiento Sin Medio perdiera su personería jurídica en 2014. Su fortaleza  es la gestión municipal, pero, a pesar de estar 20 años en el municipio paceño, no ha logrado ser una fuerza política departamental. Su sobrevivencia no depende de las elecciones nacionales, sino de la posibilidad de volver a ganar las elecciones municipales; de no lograr este desafío democrático, la tendencia será diluirse en el tiempo, porque la interpelación política a la sociedad paceña no es ideológica, como proyecto estatal, sino es mostrar sólo imagen de gestión pública municipal.

El Movimiento Social Demócrata  (MSD) tiene sus orígenes políticos en el Comité Cívico pro Santa Cruz, con Rubén Costas como su presidente, la autonomía como consigna de movilización regional contra el centralismo andino exaltó el chauvinismo camba y de oriente; no expresan su posición ideológica, su autojustificación política como demócratas, aparentemente, les da la palestra para no aliarse con los del pasado (la vieja derecha) y enfrentar a Evo.

En cada acuerdo político electoral, desde  2005 hasta 2014, fue el sector parlamentario con menos fisuras internas. Ahora su reto es doble, salir de su barrera regional como partido y posesionar la imagen de su candidato en el escenario nacional, pero su proyección depende de refrendar nuevamente la gobernación de Santa Cruz y ganar por primera vez las elecciones municipales de Santa Cruz de la Sierra. 

Si no logran este objetivo su proyección nacional puede quedar reducida a ser otra sigla electoral sólo con influencia local. La interpelación política de MSD hasta ahora no logró superar la consigna regional, en su territorio es su fortaleza, pero su debilidad estructural nacional.

Esta elección nacional cerrará definitivamente el ciclo político que venimos arrastrando del neoliberalismo.

 

César Navarro Miranda es ministro de Minería

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