Homenaje a Óscar Únzaga de la Vega

viernes, 19 de abril de 2019 · 00:11

Un 19 de abril de 1959, en la calle Larecaja de la ciudad de La Paz, fue victimado Óscar Únzaga de la Vega, jefe del Partido Político Falange Socialista Boliviana, durante el gobierno del MNR, en el cuartel Sucre de esa ciudad; ese mismo día fueron fusilados una pléyade de jóvenes falangistas que prometía mucho.

Únzaga escribió en vida un mensaje eterno a las juventudes de Bolivia, lo tituló Canto a la juventud; esta poesía contiene muchos mensajes y hoy,  19 de abril, fecha en al que se recuerda la muerte de Únzaga, el que escribe siente que el mayor mensaje por su contenido es este que dice:

“Es mísera aquella alma de algún hombre cuyo torreón no ostenta una bandera, ama tu ideal más que a tu propia vida, no importa que la entraña se desgarre,                                           pero que nadie toque tu bandera”.

Hoy más que nunca cala hondo este mensaje; hoy atacado el hombre por la llamada “globalización”, como un río turbulento que arrastra todo a su paso, y afirma aquel anatema lanzado por Hobbes:  “El hombre es lobo del hombre”.

Este pensamiento viene a ser un axioma. Ciertamente hoy en día el hombre sólo piensa en su mañana y su progreso, calificando este vivir como un mérito. La moral de Quevedo se impone cuando decía: “Ande yo caliente, ríase la gente”.

Qué triste -dice Únzaga- un hombre que su barco de vida no ostente una bandera. En épocas pasadas hasta los piratas en su torreón ostentaban una bandera: una calavera con dos fémures cruzados.

Seguir un ideal perdura hasta tu muerte, por eso decía “ama tu ideal más que a tu propia vida”. La bandera de Únzaga fue el rojo amarillo y verde, a la que amó hasta en su propia muerte.

Hoy no preguntamos ¿a qué bandera se sigue? ¿A la Tricolor ?  ¿A la Whipala?   Nos preguntamos si nacimos como “República” por qué ahora somos “Estado”; vemos un gobierno que habla de la patria y a la vez enarbola a Marx, Lenin y al Che Guevara. Tenemos un gobierno que a Dios lo compara con la Pachamama; de la misma manera, lo sagrado, lo divino, para ellos es la hoja de coca.

Al margen de estas dicotomías, hay bolivianos que se ufanan de no ser políticos, de no pertenecer a tienda política alguna; otros miran a los bolivianos del balcón de la indiferencia; algunos se llaman  politólogos o analistas políticos; otros están medrando de un gobierno a otro, mendigando la fama, y otros haciendo un culto de su persona, dicen: “Nadie puede tener un sueldo más alto que yo”.

Todos ellos son abatidos con la frase de Únzaga: “Qué triste la vida de algún hombre, cuyo torreón no ostente una bandera”.

 

Rafael Julio Quiroga es abogado

 

Confidencial

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