El régimen autoritario y sus consabidos recursos de mareo mental

Por 
martes, 23 de abril de 2019 · 00:09

Hace unos días asistí a un evento para discutir si había crisis de la democracia en Bolivia. Un funcionario internacional emplazado en Bolivia hizo la exposición de arranque y quedé azorado por dos ideas que, con voz angelical, puso sobre la mesa: que en Bolivia más que de crisis habría que hablar de una pugna sobre los sentidos de la democracia y que Evo era parte del centro político.

 Juro que me esforcé por evitar la analogía, pero no lo logré, y me vino nomás a la mente un evento en el que un pedófilo insistía en que su situación se debata, por favor, como asunto de “opciones sexuales” y que era momento de superar categorizaciones extremas, y de ver sus actuaciones -que un conservador consideraría aberrantes- como pertenecientes a una suerte de “centro” de lo humano. Y es que decir que más que crisis, lo que habría en el país es una pugna por los “sentidos” de la democracia será legítimo desde el punto de vista de la libertad de expresión;  desde la perspectiva del análisis serio es una sonsera redonda. 

En el fondo, en Bolivia no puede haber crisis de la democracia porque la democracia como régimen de Estado; es decir, como sistema sujeto a parámetros meridianamente cuerdos (cordura que se refleja en una definición capaz de ser compartida por corrientes de análisis incluso contrapuestas pero rigurosas) ha dejado de existir entre el 2013 y 2014. Que se siga hablando de democracia es como que el pedófilo le siga llamando a su práctica “amor a su modo”.

Que el funcionario internacional insista en esta ocurrencia de la pugna por el sentido de la democracia, que el ideológico palaciego lo refrende con una publicación o un columnista lo festeje es legítimo: el primero tendrá sus razones para moverse con cuidado; el segundo debe cumplir su tarea social (auto-) encomendada, y el columnista, bueno, no tiene por qué someterse a los códigos rígidos de la ciencia política comparada. 

No me  quedó claro si el funcionario internacional era consciente de que coincidía con el discurso apologético del actual régimen. Evitar discutir si hay autoritarismo e impugnar a quien pretenda definir “desde afuera” lo que la democracia significa realmente es un artilugio en regímenes autoritarios -incluidos las más “soft” como el boliviano-  tan urgido de marear al público incauto. El mismo efecto persigue la idea de que Evo sería moderado o de centro.

¿Puede alguien en su sano juicio creer  que cuando Lenin se vio obligado, en 1921, a abrirse a la lógica del mercado se volvió político de centro o menchevique? El que Evo, con admirable intuición política, haya tenido que reprimir sus impulsos innatos, anteponiendo medidas pragmáticas en campos como el de la política económica, no implica que este señor sea un moderado. Morales es un extremista hábil, no es un centrista al que de vez en cuando se le escapen antojos quiliásticos. 

Ambas ideas, la de la pugna por el sentido de la democracia y del Evo centrista moderado, no sólo fungen como perfume rancio para disimular el tufo de un poder que no se deja descabritar, son  además reflejo del estado paupérrimo de la ciencia política en Bolivia. No existe un trabajo serio de bolivianos que evalúe en cánones científicos el régimen político en Bolivia. Lo que sí hay son innumerables elucubraciones psicodélicas o ideologizadas (obviamente: tampoco fueron mejores las poluciones nocturnas de los “intelectuales orgánicos” del ancien régime) capaces de impresionar en un ámbito criollo, acostumbrado al regodeo intelectualoide, pero muy fofas como para pasar mínimos estándares internacionales de control de calidad de análisis político riguroso.

 

Franz Xavier Barrios Suvelza  es economista.
 

 

Confidencial

Si te interesa obtener información detallada sobre el proceso electoral, suscríbete a P7 VIP y recibirás mensualmente la encuesta electoral completa de Página Siete. 

Además, recibirás en tu e-mail, de lunes a viernes, el análisis de las noticias y columnas de opinión más relevantes de cada día. 

Tu suscripción nos ayuda no solo a financiar la encuesta sino a desarrollar el periodismo independiente y valiente que caracteriza a Página Siete.

Haz clic aquí para adquirir la suscripción.

Gracias por tu apoyo.

64
128

Otras Noticias