El Batán

Una muerte más en el silencio...

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miércoles, 24 de abril de 2019 · 00:10

Si sólo hubieran buenas noticias...  pocos leerían el periódico, verían el noticioso, tuitearían o postearían el tema en FB  ¡Qué aburrido! pensarían, buscando algo como Juego de Tronos o guerras, donde abunden muertes y los cuerpos destrozados sean más entretenidos.

Las buenas noticias son malas noticias para el periodismo, la televisión o los escritores.  La sangre vende, sea derramada, chorreada, salpicada o coagulada.  Los terroristas con Kalashnikovs que matan, son mas “sexys” que los médicos con bata, que salvan.   Lo cruel es interesante.  Lo demás, “hmmmm”, bostezo.  Hacemos una mueca de asentimiento y pasamos de página. 

Pero lo malo de las malas noticias es que tienden a ir en escalada: lo terrible de ayer es lo aburrido de hoy.  ¿Un fiscal, juez o ministro exige coima?  Ya no es “noticia”;  lo sucio y deshonesto ya no espantan.  Sólo la sangre es motivadora, sólo la muerte nos aterra, pero no cualquier muerte.  Si un hombre pega a su mujer hasta dejarla exánime en el suelo, no es noticia. Si la mujer pudiera pegarlo hasta dejarlo marcado, sería “noticia”, y claro, ella estaría en la cárcel.  

Es como los vampiros.  En una época, Drácula, él solo, fue suficiente para aterrorizar a miles.  Ahora se requieren cientos de vampiros y hombres-lobo para una película medianamente atractiva a las masas.  Ni Hannibal Lecter provoca terror.   ¿Exorcismo? Hmmm.  Nadie creería en un cura expulsando al diablo, su posible amigo de corazón. 

¿Y qué?, preguntará el confundido lector.   No hablo de la violencia mundial.  No es novedad, y debemos recordar que en términos absolutos, hemos progresado.  Nada hoy pueda igualar a Ghenghis Khan o las trincheras de Verdun.  No estamos en lo peor, en términos de sufrimiento y muerte, pero sí camino a la indiferencia, y eso es alarmante.  

La complacencia es peligrosa.  Hace un par de semanas, en una comunidad de Sud Yungas, un hombre -de un puñetazo sacó dos dientes a una mujer (ajena), por diferencias políticas.  No pasó nada.  En la misma comunidad, pocas semanas después, otro hombre mató a su (propia) mujer a golpes. Tampoco pasó nada.  La comunidad no salió en noticias televisivas o periodísticas, ni con esa muerte.  El homicida no fue detenido, y menos procesado. 

Otro feminicidio, de los más de veinte que llevamos en Bolivia en apenas cuatro meses del 2019 (y seguro que éste que menciono no llegó ni a las estadísticas).  Ni con una ley especial podemos quebrar la indiferencia de la sociedad, las fuerzas del orden o la justicia. Dice la FELCV que atendió 10,150 casos de violencia contra mujeres el 2018, pero no dice cuántos fueron a juicio o a la cárcel por esa razón. Apuesto que pocos. 

La sangre vende, por supuesto, pero está claro que para titulares se necesita más sangre de la que aportan unas cuantas muertas, salvo que las maten de formas más insólitamente sanguinarias.  En el caso que menciono, la pobre apaleada fue a la tumba silenciada para siempre, y nadie se inmutó. ¡Ni siquiera había quien llore!  

Una muerte más, en el mutismo social de la indiferencia.  La CEPAL afirma que Bolivia fue número uno en feminicidios (2018) en la región.  Somos campeones en matar mujeres.  Y lo digo así porque “feminicidio” suena a “cosa rara”, poco agresiva.  Ellas no murieron de “cidio”:  las mataron ferozmente, a palos, patadas, golpes, puñaladas y tiros; fueron violadas, estranguladas, degolladas y envenenadas.  Con odio y crueldad.  Esto no puede ser “normal”.  Y si de sangre se trata, la mía hierve. ¿Qué necesitamos en Bolivia para dejar de ser campeones en maltratar y asesinar mujeres?  

Lupe Andrade es periodista

 

Confidencial

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