Tarija invisible

viernes, 26 de abril de 2019 · 00:09

Con la bruma del otoño la ciudad sueña más temprano. La noche infunde ese aire a tabaco  que destila melancolía. Me pregunto: ¿cuántas veces habré transitado por estas calles que mutan a soledad?

En algún instante del camino siento que el tiempo me lleva a dos momentos. El primero por la geografía de los recuerdos. El segundo me clava en el presente. En ambos intervalos se diluye lo mundano. 

Veo el mundo antiguo que ya se fue. Casas de adobe desafiando el paso del tiempo. Tejas decoloradas. Esquinas marcando las huellas de mis pasos. La luz tenue de las farolas. Estrellas tristes y otras felices. 

Así veo a la iglesia Catedral repicando el dolor de un pueblo. Escucho plegarias centenarias murmurando las rencillas humanas. Aquí se despiden aquellos que alguna vez nos cruzamos en el camino. 

Veo a los ceibos de la plazuela Uriondo con sus ramas caídas flotando por el aire. A las rosas rojas y blancas con los pétalos heridos. Veo a Luis de Fuentes y Vargas en La Loma de San Juan clavando el crucifijo en la tierra. Veo al padre Miguel Donahue levantando la hostia por los niños desamparados. 

Veo por la rendija iluminada por una tenue vela a Octavio Campero Echazú. El poeta apostado en su escritorio dibuja palabras: Lentamente, la tarde se extenúa bajo el sudario de la noche fría. Y, más tristes que nunca, las estrellas -como los ojos que la muerte vidria-  a ratos nos parece que se apagan, y a ratos, que se encienden y nos miran…  

Veo a través de la casa de barro a Nilo Soruco. El músico rasga la guitarra con su voz somnolienta: Nunca el mal duro. Cien años ni hubo. Pueblo que resista. Ya la pagarán. No llores prenda. Pronto volveré.  

Veo a mi abuela, Alcira Garamendi Sánchez, orando a la virgen del Rosario: “madre santa no nos desampares ni de noche ni de día”. A mi tía Frecia Echazú Donoso cebando los mates de cada mañana bajo la magnolia.  A doña Margarita vendiendo mumús y picolés de leche. 

Me veo a mi mismo con los zapatos cortados encima de un cochecito de hojalata al encuentro de mi destino. Un mocoso con aires de Neruda, como dice mi tía Carmen Garamendi. Dueña de una sabiduría superlativa.   

Sigo mi camino. Cuando paso al segundo momento. Presente vivo. Una luz me despierta. Entonces, veo a Eduardo Farfán cantar al pie del árbol de naranjo: “He vuelto Tarija con el corazón. He vuelto tierra mías con el alma. He vuelto y nunca más podré dejar de ver tu río, tu cielo”. 

Veo a Beto Martínez viajando por un pentagrama de notas musicales. Sonidos de vientos melodiosos y dulces vuelan por los tejados de la calle Sevilla. Su lugar en el mundo.    

Veo a Julio Fernández Paz y sus palabras que viajan al infinito y vuelven como esferas que envuelven las mañanas crispidas de una ciudad que aún sueña con cambiar su destino. Así te siento Tarija. Cuando el pasado irrumpe en el silencio y el presente se refleja en una ventana. 

Homenaje a Tarija en sus 202 años de libertad.

Pablo Pizarro – Guzmán es comunicador social

Confidencial

Si te interesa obtener información detallada sobre el proceso electoral, suscríbete a P7 VIP y recibirás mensualmente la encuesta electoral completa de Página Siete. 

Además, recibirás en tu e-mail, de lunes a viernes, el análisis de las noticias y columnas de opinión más relevantes de cada día. 

Tu suscripción nos ayuda no solo a financiar la encuesta sino a desarrollar el periodismo independiente y valiente que caracteriza a Página Siete.

Haz clic aquí para adquirir la suscripción.

Gracias por tu apoyo.

60
3

Otras Noticias