Desarrollo y salud

Una semana santa turbulenta

sábado, 27 de abril de 2019 · 00:10

 Terminó la Semana Santa, el mundo católico y todos los cristianos  han renovado su fe religiosa. La memoria de Cristo crucificado, su calvario, su muerte y resurrección en la Pascua, como expresión del “paso” de una realidad a otra, del   cambio de la muerte a la vida eterna, ha servido a los creyentes para reanimar su fe y a los agnósticos como fuente de profunda reflexión.

 Los mensajes de Jesús  rebasan la propia religión. Creyentes e impíos  terminan aceptando que mientras la paz, la justicia y la libertad alimentan el desarrollo humano, el abuso de la autoridad, la venalidad de los jueces, la coerción y la limitación de las libertades  conducen a la ruina moral y material.

 En ese contexto, cuando arde uno de los más grandes monumentos de la fe católica, cuando Notre Dame de París  se ve envuelta en llamas, millones de voces se alzan al unísono y las lágrimas fluyen de los ojos hasta de los más incrédulos porque ese monumento al arte y el esplendor de la piedra tallada pertenece a moros y cristianos.

 La esbeltez gótica, aunque en sus orígenes es profundamente religiosa, se constituye en belleza universal admirada por todos. Con la misma espiritualidad que trasciende la materia, la devoción religiosa y la inspiración artística suman virtudes y son capaces de crear estos monumentos que enaltecen la emoción hasta de los más insensibles.

 En otro lado del mundo, al sur de la India, en la pequeña isla de Sri Lanka, precisamente el Domingo de Pascua  un ataque terrorista destruye tres iglesias católicas, cuatro hoteles de turismo y mata a 207 personas (Página Siete 23-04-19 pág 6). Si Notre Dame ardió por accidente, esta vez el crimen fue consciente y deliberadamente provocado por fanáticos yihadistas. La intolerancia, como fuego que destruye la racionalidad, marca un retroceso. Una Pascua de destrucción de la vida por la muerte, cambio al que estamos expuestos los países donde la civilización no llega a imponerse contra la barbarie.  

 También en esta Semana Santa y sin relación alguna con la fe religiosa, la actual pujante ciudad de Lima fue escenario de otro hecho, de distinta naturaleza y magnitud, pero que igual sacude la moral ciudadana, no sólo de Perú, sino de otros países y también del nuestro. Cinco expresidentes y casi todos los líderes políticos peruanos están con graves acusaciones de corrupción. Allí, donde la justicia es independiente del poder político y se hace respetar porque respeta la ley, casi todos los acusados están presos. Uno prófugo fuera del país y el último a quien se decidió detener optó por el suicidio.

 A la acusación de acaparamiento ilícito de bienes materiales respondió con un renunciamiento a la vida misma y se disparó un tiro en la sien, no sin antes dejar una carta, afirmando “no estar dispuesto a soportar humillaciones” y, en otro párrafo, declarar “yo ya cumplí la misión que me impuse”… “dejo mi cadáver como una muestra de desprecio hacia mis adversarios”. 

 Como lo expresó Jaime Bayly en la TV peruana, mientras la justicia no dé su veredicto no se puede adelantar opinión sobre su culpabilidad o inocencia. El hombre, que era capaz de convencer hasta a sus peores detractores con su dominio de la dialéctica y la oratoria, después de su primer gobierno enfrentó un juicio por corrupción y fue absuelto. Años después volvió a ganar la presidencia de su país por segunda vez. 

 Las denuncias de Odebrecht han afectado casi a todos los líderes políticos del Perú. Esta empresa  no tardó en descubrir el valor de la coima en la adjudicación de obras estatales. La perfeccionó, se inmiscuyó en la política y la empleó con gran rentabilidad en varias partes del mundo.  También llegó a Bolivia, pero acá la coima no es anormal y la justicia no brilla ni por su ausencia. 

 Ahora, Odebrecht en Perú es dueña de la verdad, la justicia exagera su rigor y nadie recuerda los versos de Sor Juana Inés de la Cruz: “O cual es más de culpar, / aunque cualquiera mal haga; / la que peca por la paga / o el que paga por pecar?
 

Javier Torres-Goitia T. fue Ministro de Salud.

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