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Gira la puerta

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jueves, 16 de mayo de 2019 · 00:12

El 10 de octubre de 2007, el gobierno actual aprobó el decreto 29308.  En su artículo 20, se sentencia lo que sigue: “Los ministros y viceministros están impedidos de prestar servicios en las agencias de cooperación, organismos multilaterales, gobiernos extranjeros y organismos no gubernamentales, hasta dos años después de dejar la función pública, sea como empleados directos o como consultores”.  

La cláusula transcrita tiene por meta trabar las llamadas “puertas giratorias”.  ¿Qué es eso?  Es la arraigada costumbre de firmar, por ejemplo, un día como ministro, un crédito con un banco y aparecer meses después como uno de sus ejecutivos; es decir, pasar de prestatario a acreedor de la deuda comprometida. Entras como autoridad, gira la puerta, y sales como empleado al servicio de tu excliente. Estamos hablando de un soborno que se honra con retraso. Gratitud, claro, pero también cohecho. 

El citado decreto buscaba, cuando menos, retrasar el pago y salvar algunas formas. Su principal defecto es que entre los empleos vetados para exministros y exviceministros no incluyó los que podrían ofrecerles las empresas privadas, con lo cual las “puertas giratorias” no perdieron el menor impulso en Bolivia.

Veamos ahora con qué vigor giran dichas puertas actualmente. En 2012, el presidente de Irán decidió donar a Bolivia un canal de televisión. Iba a ser instalado en el Chapare, pero luego se optó por montarlo en La Paz. Los modernos equipos llegaron desde el país asiático para apuntalar el llamado “proceso de cambio”. Quizás por eso, el beneficiario directo de cámaras y micrófonos fue el propio Evo Morales en persona. Nadie ha aclarado hasta hoy, siete años después, si los tres millones de dólares en equipos salieron del erario público iraní o de los bolsillos del señor Mahmud Ahmadineyad.

 El caso es que se abandonaron en las manos de una fundación que en principio se llamó Evo Morales y que ante las primeras sospechas cambió de nombre a “Abya Yala”. 

En principio, el canal “iraní”, como se lo conocía coloquialmente, se colgaba de la señal de Telesur, el vocero continental del chavismo. Aunque durante casi dos años no tuvo un solo programa, de inmediato recibió publicidad estatal, a fin de ir solventando sus crecientes gastos. Un contingente de bolivianos viajó a Teherán para recibir adiestramiento en el manejo técnico del equipo. Cuando los manuales fueron traducidos al español, emergía al fin “Abya Yala televisión”. 

¿Es ésta acaso una “puerta giratoria”? Comenzó a serlo desde que dos exministros y una exviceministra asumieron su gerencia. Lo más sorprendente es que dos de ellos decidieron durante varios meses previos, desde el Poder Ejecutivo, a quién sí y a quién no debía dársele publicidad estatal. Es como si un ministro que firma un contrato a nombre del Estado con una petrolera termine contratado tiempo después como ejecutivo de esa misma compañía. Gratitud sí, pero también cohecho.

 Esa conducta era típica de los neoliberales de antaño, ahora también lo es de sus oponentes plurinacionales. Cálculos preliminares difundidos por Amalia Pando cuentan dos millones de bolivianos en contratos de publicidad entre “Abya Yala” y el gobierno en sus primeros tres años de funcionamiento. Las autoridades que avalaron esas transferencias, pasaron luego a dirigir el canal. 

El país está lleno de pequeñas “Abya Yala”.  Exministros y militantes encubiertos o desembozados del MAS administran medios o programas sin audiencia, cuyo porvenir descansa plácidamente en el colchón de la publicidad estatal. Beatriz Layme de Página Siete acaba de destapar uno: la radio orureña de Francisca Alvarado, expareja de Evo Morales, quien posee una firma lo suficientemente pesada como para que YPFB quiera promocionarse en sus ondas. 

La lista podría extenderse generosamente por sitios digitales, impresos fantasma y proyectos invariablemente decorados con whipalas. De ese modo, el Gobierno financia su red de propagandistas, cuyo fin no es dar la voz a quienes no la tienen, sino organizar el estruendo cacofónico de la campaña electoral en ciernes. También acabamos de conocer un “Abya Yala” más grande como “Neurona Consulting”, cuyo ejecutivo ha tenido el cinismo de jactarse desde Europa, de que sus utilidades, obtenidas de manos de este gobierno contratante, han servido incluso para financiar otras campañas. 

Así, de fastidiarnos por lánguidas “puertas giratorias”, hemos aterrizado en una telaraña de influencias que, a estas alturas, hace indiferenciables a los actuales de los antiguos gobernantes.

   

Rafael Archondo es periodista

Confidencial

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