Almagro frente a Venezuela y frente a Bolivia

sábado, 18 de mayo de 2019 · 00:09

El secretario general de la OEA, el señor Luis Almagro, ha mostrado una fundamental incongruencia entre su reconocida posición sobre la transformación de Venezuela en una dictadura y su respaldo a Evo Morales, en la visita que hizo al país ayer. 

Esto es preocupante por el papel de la OEA como principal responsable multilateral de la defensa de la democracia y los derechos humanos en el continente, pero no nos desalienta, porque siempre defendimos la idea de que sólo los bolivianos y nadie más que los bolivianos estamos en la responsabilidad de enfrentar y vencer al autoritarismo. 

¿En qué consiste la incoherencia del señor Almagro? Bolivia no es Venezuela, sin duda. Gracias a Dios, los problemas de la economía del país son menores comparados con los que sufre esa nación. La oposición política boliviana no ha cometido hasta ahora errores tan graves como los que alguna vez tuvo su homóloga venezolana. Sin embargo, y esto es algo que quiero recordarle al señor Almagro, los efectos negativos de la reelección indefinida, impuesta al país por Evo Morales, con métodos ilegítimos y antidemocráticos, serán en Bolivia exactamente los mismos; es decir, la progresiva pérdida de la confianza pública en el Estado y sus representantes, la ruptura del diálogo y la cooperación democráticos, la imposibilidad de corregir el rumbo de las políticas  y las medidas, el manejo personal y caudillista de las decisiones que afectan a todos, el bloqueo de las minorías y de las oposiciones que propicia la violencia política. 

Por esto el juicio sobre Bolivia no debe basarse en los buenos indicadores económicos de hoy, sino en las perspectivas de debilitamiento de la economía a mediano plazo; no en la percepción zalamera y puramente diplomática de algunos organismos internacionales sobre lo que ocurre en el país, sino en las tendencias desorganizadoras que está incubando la decisión de romper el consenso de alternancia presidencial, que hasta aquí dio basamento a la democracia nacional, difícilmente  reconquistada en 1982.

Situados, como estamos hoy, ante la gravísima situación de crisis económica, política e institucional de Venezuela, probablemente nos resulte difícil recordar que ésta tuvo su origen en las primeras decisiones autoritarias y reeleccionarias del presidente Chávez. A principios de siglo, mientras Chávez hacía aprobar la reelección indefinida de sus autoridades, Venezuela no era el país convulso y en “guerra civil de baja intensidad” que es hoy, pero ya se orientaba en este sentido. 

Almagro, empero, conoce bien cómo se dio esta evolución. Por eso su coqueteo con Evo Morales no puede ser calificado como un simple cálculo político, sino como la defección a una causa, la más importante para la región.

Quitarle la alternancia a los sistemas políticos es un hecho más grave en Latinoamérica que en otras partes, pues aquí impide cuestionar y superar las políticas malas, y arbitrarias, como las que llevaron a Venezuela a la peor crisis económica de su historia. Y, sobre todo, porque impide que, una vez llegada la crisis, una nación tenga la posibilidad de desembarazarse de quienes produjeron el descalabro, de explorar nuevos caminos  y de aplicar nuevas ideas. En suma, porque causa el doloroso y costosísimo estancamiento que observamos hoy en la patria del Libertador.

El gobierno de Morales ha logrado una victoria diplomática gracias a la doblez de Almagro, pero no ha cambiado lo esencial, porque lo que cuenta verdaderamente es lo que los bolivianos sabemos y, sobre todo, lo que haremos en el futuro. Invoco a todas las fuerzas democráticas a unirse. Lo único que nos hace falta es la unidad, porque ya somos la mayoría.

 

Samuel Doria Medina es presidente de Unidad Nacional.

 

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