El Tejo

Instrucciones contra el desconsuelo y la desesperanza

lunes, 20 de mayo de 2019 · 00:05

Quienes nos creemos militantes de la democracia hemos terminado esta semana con un sabor amargo en la boca.

Es que no ha parado una sucesión de mentiras y ofensas lanzadas desde el oficialismo. Basta revisar el discurso de las autoridades del Estado; la forma en que encaran los últimos escándalos de corrupción, narcotráfico y tráfico de influencias  en la Policía, en el Órgano Judicial, en el Órgano Ejecutivo; el peligroso alineamiento del Órgano Electoral con el gobierno y el MAS; la actuación de la mayoría de asambleístas, que los convierte en cómplices del descalabro; el intento de compra de votos por parte del Primer Mandatario en Caranavi,  asegurando un gran apoyo económico a esa región si en las elecciones generales su inconstitucional postulación obtiene el 100 por ciento de los votos; el traslado, como en recuas, de funcionarios públicos al Chapare, violando elementales derechos que se creía consolidados en el país, y un largo etcétera que los lectores, mujeres y hombres, pueden añadir a esta lista…

Analizar la actuación de la oposición no revierte el sabor amargo, más bien, lo intensifica. Sus diferentes voceros, particularmente los que consideran que la guerra es en las redes sociales, muestran una capacidad sin límite para confundir adversarios y hacer uso de la agresión y la descalificación como contenido central del discurso de campaña, y hacerlo pese a que saben o instituyen que mañana deberán pactar por su propia supervivencia.

Para colmo, la visita del Secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) no ha podido consolarnos porque nos muestra que las ambiciones de poder, también en otros ámbitos, hacen cruzar cables y cambiar posiciones con total facilidad y falta de escrúpulos. Tal vez lo único destacable de esa presencia es que esta institución enviará una misión de observación electoral para las elecciones de octubre próximo que llegará antes de los comicios y se irá después de ellos.

En ese escenario, ¿cómo encontrar consuelo?...  He aquí algunas sugerencias:

Piense y recuerde pasajes de nuestra historia y sentirá que de a poco recupera tranquilidad. Un ejemplo: tras 18 años de dictaduras militares (cada vez más decadentes) las Fuerzas Armadas terminaron su ciclo, y nos costó aún cuatro años (de 1978 a 1982) desalojarlos del poder. Pero, lo hicimos, y una vez que el ciclo del MAS ha terminado (probablemente el 21 de febrero de 2016) éste deberá desalojar el poder más temprano que tarde, como lo hizo el sistema político-partidario que se construyó desde 1982 y que terminó en abril de 2000 (aunque fue desplazado del poder recién el 2005) con la guerra del agua.

Recuerde personalidades. Tenemos importantes personajes que comprendieron la política como servicio y visión de país. Hace 50 años, por ejemplo, asumió la Presidencia de la República Luis Adolfo Siles Salinas, tras el accidente en el que murió el entonces mandatario general René Barrientos. Siles dio al país cinco meses de primavera democrática que fue interrumpida por el golpe de Alfredo Ovando Candia (qué casualidad, gestión con la que el actual gobierno se identifica), interrupción que no amilanó a Siles Salinas, que se convirtió, particularmente durante la dictadura de Hugo Banzer Suárez, en un referente de la defensa de los derechos humanos y la democracia en el país y fuera de él.

Y piense en nosotros mismos, que, a diferencia de lo que sucede en otras latitudes, siempre hemos reaccionado cuando han intentado sembrar nabos en nuestras espaldas.

En fin, aceptando estas sugerencias logrará que el sabor amargo, aunque seguirá, tenga menos intensidad…

Juan Cristóbal Soruco Q. es periodista

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