La anfibología del Jano Almagro

martes, 21 de mayo de 2019 · 00:09

La conducta errática, ambigua y siempre oportunista de Luis Almagro ha sido una constante en su carrera y por todo esto no debería sorprender a nadie su sinuosa gestión como Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA); y esto lo saben muy bien el expresidente Mujica y el izquierdista Frente Amplio de Uruguay, que lo expulsó de sus filas.

Basta recordar los sistemáticos ataques a los gobiernos de Cuba y Venezuela o los soportes recientes a los gobiernos de Bolivia y Nicaragua.

Hechos que demuestran de manera inequívoca y contundente la conducta bipolar de este diplomático. Un verdadero equilibrista en la cuerda floja del poder, cuyo discurso anfibológico provoca disemia entre los actores políticos de uno y otro bando. 

Este sibilino personaje trata de sumar desesperadamente apoyos para su reelección como Secretario General de la OEA. Lo previsible es que muchos gobiernos, llegado el momento, tomarán distancia de las pretensiones personales del Jano charrúa y sus retorcidas piruetas, y cabriolas no le habrán valido de mucho.

La desconfianza que despierta, en unos y otros, no es por lo que ha hecho, sino por lo que puede hacer; hasta es capaz de volver a desandar sobre sus propios pasos sobre temas sensibles de la agenda regional, cuando se sienta nuevamente seguro en el redil.

Almagro está armando un Frankenstein para lograr su reelección el 2020, bajo el patrocinio de Colombia y Estados Unidos, que no podrían tener una posición más disímil con gobiernos como el boliviano y el nicaragüense, por dar algunos ejemplos. 

Es poco probable que el uruguayo obtenga la misma votación de 2015, cuando fue electo casi por consenso, cuando de los 34 votos posibles, obtuvo 33 y una abstención. Fue único candidato.

Al presente no se han formalizado otras candidaturas. En los pasillos y tras bambalinas se hablaba sobre la posible postulación del vicecanciller peruano Hugo de Zela, con una amplia y vasta experiencia diplomática al servicio de su país, y también de la OEA. Recientemente fue cesado como vicecanciller y designado embajador ante Estados Unidos.

Los candidatos con mejores probabilidades surgen por lo general desde atrás, en el último aliento de la carrera. Como dicen en la elección del Papa cuando los cardenales se reúnen en el Concilio Vaticano, de aquel cardenal que tiene grandes posibilidades de ser electo Papa: el que entra Papa sale Cardenal. 

El panqueque -como lo llaman por sus constantes cambios en sus apreciaciones políticas- con tanto volteo se podría quemar demasiado y no obtendría ni siquiera el voto de los 18 Estados miembros que constituyen la mayoría simple requerida, y su gestión se perdería en el polvo de la historia de nuestros pueblos, como un secretario general insulso igual o peor que su antecesor.

Freddy Abastoflor Córdova es abogado y diplomático de carrera

 

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