La democracia pisoteada

martes, 21 de mayo de 2019 · 00:08

Al magro favor que le hace Almagro a la democracia boliviana con sus adulonas declaraciones, sólo nos queda resignarnos a un duro camino por recorrer para quienes creímos ingenuamente que en 1996 un “presidente indígena” iba a demostrar entereza moral al asumir el poder y la dirección de un país que necesitaba del ejemplo de la integridad pública, de la honradez, y la transparencia; pero, sobre todo, del esfuerzo patriótico por unir a todos los bolivianos, no sólo en causas internacionales sino, fundamentalmente, en la convivencia diaria que debe existir para llevar adelante a Bolivia por derroteros de paz, unidad y respeto mutuo.

No fue así, lo sabemos y lo vivimos en carne propia. Bien afirma el presidente Guaidó cuando se refiere a Maduro como el usurpador, no sólo de la democracia, sino de los fundamentales derechos de la población hermana de Venezuela: la vida, la salud, la educación, la vivienda, la segura y sana convivencia; todos ellos violentados de tal manera, que siento vergüenza ajena y propia por esta humanidad y sus gobernantes, incluyendo el nuestro.

No fue así, en su visita a Bolivia el Chapulín Colorado de Almagro no pudo ni quiso defender los derechos democráticos y humanos de una población mayoritaria que fue convocada a un referéndum el 21 de febrero de 2016, y que, soberanamente, dio su parecer claro y concreto sobre una nueva reelección del presidente en ejercicio: ¡Bolivia dijo No!

No contamos con la astucia del Chapulín Colorado, que no es otra y la misma que busca Evo Morales: ¡la reelección!; cada uno en sus respectivos cargos y con sus respectivos intereses, que se sobreponen a los del resto. Pensé que podíamos confiar en la honestidad y ética de una persona “idónea” que logró alcanzar y hacerse cargo de la Secretaría de la OEA, entendiendo que se requiere reunir una serie de virtudes, condiciones, competencias y capacidades para detentar esa secretaría. Pero no es así: hoy en día, mientras más altos cargos alcanzas, más títere del jefe eres. ¡Vaya uno a saber quién es el jefe!

De lo que sí estoy seguro es que, sea quien sea ese jefe, ronda en él la ambición desmedida de poder hasta justificar la corrupción en sus más altos niveles y en la consciencia de sus súbditos un vacío enorme de integridad, y consecuencia moral, como la demostrada por Almagro.     

Cómo puede afirmar este ser sometido por el socialismo del siglo 21 que decir que el Presidente Evo Morales no puede participar de las elecciones generales es discriminatorio; cuando mayor acto de discriminación representa desconocer el voto soberano del 51% de la población en un referéndum promovido por el propio Presidente.

Cómo puede afirmar este secretario de una organización de Estados, que se conformó ante la necesidad de consolidar la democracia y promover los derechos humanos en América, que el derecho a la repostulación de Evo Morales, por tercera vez, a pesar de no estar reconocido por la Constitución Política del Estado, representa un derecho humano por encima del derecho al voto ejercido por millones de habitantes en el referéndum del 21 de febrero de 2016 y sus indiscutibles resultados.

Peor aún, cómo se puede afirmar, sin un mínimo de rubor, que, porque ya se han dado situaciones de repostulación y de reelección de otros mandatarios, en otros países de la región, sobre la base de fallos judiciales que reconocieron su derecho humano, participando en procesos electorales en reiteradas ocasiones, a Evo Morales no se lo puede discriminar. Señor Almagro, ¿eso quiere decir que debemos seguir incurriendo en el vergonzoso error de dejar que nos pisoteen la democracia sólo porque otros mandatarios de la región la pisotearon, gracias a fallos judiciales ponzoñosos? Por favor, ¿con qué grado de dignidad se atreve usted a dirigir una organización tan noble como la OEA en sus objetivos, sus causas y su búsqueda de la verdad?

Lo peor de todo es que el propio Almagro solicita, el 28 de octubre de 2017, a través del derecho, a la Comisión Europea para la Democracia, conocida como la Comisión de Venecia, un estudio sobre la reelección. La Comisión emite su informe final que en su contenido Almagro lo considera inequívoco, al sentenciar que la reelección no es un derecho humano e impedir la reelección no limita los derechos de los candidatos o de los votantes.

Según Almagro este informe confirma el criterio planteado por las misiones de observación electoral de la OEA, a la cual él representa. Lo más grave y contradictorio: Almagro afirma que esta inquietud de la OEA se ha producido ante la mala y reiterada práctica de algunos países de la región de modificar la Constitución durante el mandato presidencial para buscar la reelección o la perpetuación en el poder; e, incluso, en determinados casos, hacerlo solamente mediante sentencias judiciales, ergo, el fallo judicial del Tribunal Supremo de Justicia que autoriza a Evo Morales a buscar la reelección.

¡Vaya lección de integridad moral la que nos vino a dar con su visita!, señor Almagro.

Javier Diez de Medina Valle es consultor en gestión empresarial y ética. 

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