Cómo nos afecta la guerra fría tecnológica

viernes, 24 de mayo de 2019 · 00:09

Cuando los elefantes pelean, sufren las hormigas, dice un refrán. Hace unos días se publicó que  “Google no brindará soporte a los móviles de Huawei y estos perderán acceso a Google Store y Gmail”. La noticia es la punta de un iceberg de tremendas consecuencias geopolíticas y nosotros seremos afectados por sus repercusiones durante al menos una generación.

La radical medida tomada por Google es consecuencia directa de una guerra de largo alcance que se intensifica entre Estados Unidos y China. En el liderazgo tecnológico se juegan enormes intereses económicos y geopolíticos. Los estudiosos del tema afirman que estamos en lo que llaman una trampa de Tucídides que, según el modelo, hace inevitable una guerra cada vez que una potencia desplaza a otra en el predominio mundial.

El enfrentamiento del que estamos oyendo los disparos es consecuencia de una transformación acelerada de la humanidad, que ha crecido de manera vertiginosa en los últimos ciento cincuenta años, periodo en que se produjo casi todo el crecimiento económico del mundo. En los últimos cuarenta años, el crecimiento de China ha sido asombroso: su PIB ha aumentado 120 veces en este periodo y su gasto militar 17. China utilizó más cemento en los últimos tres años que Estados Unidos en el siglo pasado.

Como resultado de este crecimiento económico, de su enorme población, de su creciente poder bélico, y sus políticas de protección estratégica de mercado, China ha ido alcanzando niveles y magnitudes de desarrollo que la ponen al lado de Estados Unidos en muchos frentes, incluso mejor en algunos. Como dato de referencia: hace cuarenta años, la mayoría abrumadora de los llamados unicornios (empresas con valor de mercado de más de mil millones) estaba en Estados Unidos. En 2017 China lo ha empatado. 

Además del disparo contra Huawei, y las tarifas impuestas a 200 mil  millones de dólares de productos chinos, Estados Unidos ha amenazado con bloquear el acceso al mercado americano a la china Hikvision, una de las mayores empresas de productos de vigilancia en el mundo, y Panasonic se ha sumado al bloqueo. Los titulares de los periódicos  ya hablan de una guerra fría tecnológica. 

Para contraatacar China dispone de muchas posibilidades, desde imponer restricciones a empresas americanas en China -Apple es la candidata natural- hasta restringir la exportación de minerales raros, 85% bajo su control, que son cruciales en electrónica y en defensa. Estados Unidos se defenderá buscando otras fuentes, etcétera. 

Todo esto nos afecta porque esa guerra no se limita a batallas entre gigantes tecnológicos. Está en juego un equilibrio mundial y hace rato que China se ha metido a lo que era el traspatio norteamericano. China ya es el segundo mayor socio comercial de América Latina, y el mayor de Uruguay, Argentina, Chile y Perú. En Bolivia estamos hace rato sintiendo la pata del Panda y no son caricias.

Pero va más allá: el desarrollo tecnológico está produciendo concentración de talento, productividad e innovación en pocos centros en Estados Unidos y China. Los demás países iremos siendo relegados a los márgenes del desarrollo. El nuevo mundo del internet y la tecnología no es tan inclusivo como se esperaba, y no es democrático el país que quizá sea la primera potencia hasta final del siglo. Es justamente la tecnología lo que permite a China anular toda posibilidad de oposición política. La riqueza de una clase media ya no implica democracia.

El futuro de la democracia no es prometedor. En todas partes flaquea la fe en ella, incluso en países europeos de larga tradición; en Polonia, Hungría, Bolivia y Brasil hay evidentes retrocesos y otros nunca llegaron ahí. En Estados Unidos Trump juega a una forma de populismo que desprecia las formas democráticas y es posible que hasta finales de siglo el autoritarismo a la china sea una forma de gobierno aceptable. 

La idea de que habíamos llegado al final de la historia, donde democracia y capitalismo eran las formas consagradas, no cuajó. Hemos iniciado un retroceso en la historia, y el ideal de democracia quizá pase a la historia como un inalcanzable.

 

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor
 

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