Con la boca abierta

Escuchar a cualquier mujer

domingo, 26 de mayo de 2019 · 00:05

Cualquier loco es candidato, sin siquiera haber pasado una prueba de  cordura. Víctor Hugo Cárdenas (VHC) ha reiterado  su deseo de autorizar “el uso de armas a las mujeres, a mayores de edad, no a cualquier mujer, sólo a las que tengan las facultades mentales normales. No a cualquier loca que discute con otra señora y después ¡bam! ¡bam! le va a meter bala, no, no.” Esto podría pasar por una anécdota más en el ya repleto baúl de las imbecilidades de  algunos políticos. En un concurso de declaraciones machistas, sería difícil escoger.

¿Por qué ocuparse de un candidato perdedor? Hay razones políticas que aconsejan ignorarlo dada su muy baja posibilidad de ser elegido, pero desde la perspectiva de los derechos de las mujeres, es necesario poner en evidencia lo que esto significa: Víctor Hugo Cárdenas es el síntoma de un mal que está invadiendo la política dentro y fuera de nuestras fronteras, como lo demuestra el triunfo de Bolsonaro en Brasil, y la cada vez más frecuente presencia pública del fundamentalismo religioso en todos los países de la región.

El poder, no sólo electoral, de estos grupos apareció recientemente cuando el pastor Fabricio Roca dio su bendición al binomio ilegal del oficialismo diciendo que Evo  debe seguir al mando porque es el camino “que tú (Señor) has trazado para nuestra Bolivia”.

Este fundamentalismo, más allá de su contenido religioso, se caracteriza por su rechazo a la igualdad de las mujeres, expresión de la modernidad y el buen desarrollo. Para ello manipulan las creencias contra cualquier iniciativa que busque su autonomía y que despoje a los hombres del control sobre sus vidas, y sus cuerpos.

Para nadie es desconocido que en las últimas décadas la religión católica ha ido perdiendo peso en la sociedad y que los exponentes de la teología de la liberación han sido reemplazados por personajes como el Cardenal Ticona, expresión de una  corriente conservadora que forma parte el abanico de activistas contra los derechos de las mujeres. Con mis hijos no te metas y otras organizaciones “Pro vida” que defienden el embrión y se olvidan de los niños; atacan lo que malamente llaman  “ideología de género” para promover retrocesos en la educación y la salud que durante años, y gracias a las luchas feministas, impulsaron la educación sexual y la despenalización del aborto, entre otros derechos

Las declaraciones de VHC recurren a un lenguaje discriminatorio que supone que las candidatas a armarse son las que tengan las “facultades mentales normales” y mayores de edad. Cualquier navegante de Google sabe que la única manera de desarrollar las facultades mentales es haciendo uso de ellas, es igual que un músculo, hay que trabajarlo para que se fortalezca y crezca.

Tal parece que nuestro candidato no ha practicado mucha gimnasia mental, lo que lo muestra carente de imaginación, facultad muy necesaria para la vida. Carece también de razonamiento pues, aunque informado, no parece entender que las mujeres víctimas de violencia, que son de todas las edades y clases, sufren ésta durante largo tiempo- ciclo de la violencia se llama-,  su autoestima es destruida por la agresión constante, a lo que se suma la prédica religiosa de la resignación, el sexismo de los medios de comunicación, la falta de autonomía económica y el miedo. Que ante la cotidianidad de la violencia, en la que se suceden denuncias, arrepentimientos, conciliación y asesinato, las matan por ser mujeres.

Si se aplicara los criterios de Cárdenas, ninguna víctima potencial calificaría para recibir las armas, porque son muchas las que han pensado en el momento del abuso  en deshacerse de su pareja o expareja, pero gracias a su dios no han podido. No sabe Cárdenas que uno de los argumentos frecuentes de los feminicidas es que las víctimas son locas, estaban locas o se comportaban como “loquitas”, cuando en realidad la historia lo demuestra, la libertad se ejerce siempre condimentada con una dosis de locura. Abandonar al victimario es la mejor de las locuras y se puede hacer sin disparar.

La intuición, percepción y otras facultades mentales, en general asociadas con las mujeres, me hacen pensar que  los fundamentalistas político religiosos deberían recibir capacitación de las víctimas resilientes y emancipadas que no necesitaron recibir instrucción militar para deshacerse de sus victimarios. Podrían, si no quieren escuchar a cualquier mujer, ir al diván a explorar sus traumas y dejar de jugar con fuego.

Sonia Montaño Virreira  es socióloga feminista

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