Terapia intensiva

El suicidio de algunos personajes históricos

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martes, 07 de mayo de 2019 · 00:10

El suicidio es un fenómeno que siempre ha acompañado a la humanidad. Se puede decir que artistas admirables como Van Gogh o Guzmán de Rojas, que no tenían enemigos, son pérdidas más dramáticas que los políticos. No obstante, todos tienen un drama particular. 

Recientemente nos ha sorprendido el suicidio de Alan García. Aparentemente ya lo tenía planeado y había escrito su nota de despedida. Sus razones parecen obvias, pero quién sabe cuántas veces ya pensó en esa decisión por otros motivos. Una vez fue cuestionado si había recibido tratamiento psiquiátrico, su respuesta estaba contenida en la pregunta. Al no decir simplemente no, admitió que tenía un conflicto interior. Nadie sabrá los verdaderos motivos pero la notificación de la fiscalía sólo precipitó una decisión ya tomada. 

Getulio Vargas, 1954, Río de Janeiro, entonces capital del Brasil, Palacio do Catete. Dictador de su época, al ser acusado de tramar el asesinato de un militar opositor se precipitó una crisis política. Su libertad corría riesgo y su carrera política estaba arruinada. No vio otra salida más que el suicidio, con un tiro en el pecho. Ese palacio, hoy convertido en museo, guarda el pijama que vestía en el momento final. ¿Por qué en pijama, quién sabe?

Salvador Allende, Santiago de Chile 1973, acorralado en el Palacio de la Moneda, luego de emitir un discurso por radio, no encontró otra manera de evitar el martirio al que le podían someter los militares que pusieron fin a su gobierno. Si bien las últimas pericias en 2004 determinaron que fue un suicidio, aún persisten sospechas de que fue asesinado. Su muerte era inevitable, ya lo había anticipado en su discurso. Posiblemente el doctor Allende (era médico de formación) prefirió el suicidio al posible martirio.

Nelson Mandela, negro, abogado y luchador por los derechos de los negros en África del Sur. Estuvo preso varias veces, en 1963 fue condenado a prisión perpetua. ¿Qué esperanza tenía de recuperar su libertad bajo un régimen racista? Había perdido todos sus derechos de ciudadano y de ser humano, pero al menos podía leer y cultivar su propio destino. Fue puesto en libertad 27 años después, fue presidente de un país antes dominado por una minoría blanca y finalmente premio Nobel de la Paz. El suicidio no fue una opción.

Lula, presidente electo del Brasil 2002  y 2006. Pasó el mando a su elegida, Dilma Russeff, que gobernó casi seis años. Lo tenía todo. En pocos años perdió todo. Se desató el proceso Lava Jato que amenazó a las principales cabezas de su partido, incluido él mismo. La destitución de Dilma fue como un golpe personal. A los pocos meses falleció su esposa. Después de un proceso de casi dos años, condenado por corrupción y encarcelado en abril de 2018. Varios miembros de su partido también condenados y presos. Al poco tiempo su partido perdió las elecciones presidenciales donde él podía haber sido candidato vencedor, a pesar de un pasado cuestionable. Luego murieron su hermano y su nieto. No obstante, recientemente ha declarado que ningún juicio le va a quitar la dignidad. 

¿Cómo se puede explicar por qué Hitler prefirió el suicidio antes de morir por balas del enemigo, como le corresponde a un militar en la guerra? Se puede especular que él no esperaba menor castigo que el sufrido por millones de sus víctimas.

Si comparamos la vida de Lula con la de Alan García, quién sabe la infancia de Lula, con hambre y necesidades, ha forjado a un hombre más aferrado a la vida. Al contrario de García, que tuvo una infancia y juventud holgada con educación y una carrera política exitosa desde temprano. Pero la vida le jugó mal el manejo de sus emociones. Además, posiblemente su condición bipolar, que no quería admitir públicamente pero muchos conocían, determinó que no había otra manera de escapar de la angustia que lo castigaba.

Las estadísticas son imprecisas en cuanto a las causas del suicidio, pero algunos datos llaman la atención. Es más común en países ricos y desarrollados que en países pobres, más frecuente en gente con educación superior, más frecuente en médicos que en otras profesiones, entre éstos es más común entre los psiquiatras. Las explicaciones son complejas y no hay un solo factor interior que se pueda ver o medir para explicarlo. El sufrimiento es único en cada suicida. La muerte es la única forma de terminar con ese sufrimiento.

  
Fernando Patiño Sarcinelli es médico internista, oncólogo y fotógrafo

Confidencial

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