Pactos que hacen daño

miércoles, 08 de mayo de 2019 · 00:09

Pasada la fiesta, luego de toda la parafernalia desplegada desde el Gobierno central en contubernio con la dirigencia de la COB, el país fue testigo de un espectáculo en el que el mandatario Evo Morales y su gabinete, por un lado, y los máximos dirigentes de la COB, encabezados por Juan Carlos Huarachi por otro, ofrecieron una pantomima de negociación ante la opinión pública, de la cual surgió el tan ansiado “incremento” de 3% para el salario mínimo nacional y 4% para el haber básico.

A pesar del resultado, que a ojos de sus impulsores sindicales se constituye en una conquista más en favor de los trabajadores de Bolivia, existe un total divorcio al interior de la Central Obrera Boliviana por asumir comportamientos convenientemente alineados a la política del gobierno de Morales y manifestarse abiertamente militantes del proceso de cambio.

El pacto existente entre el Gobierno y la actual dirigencia de la COB ha alienado las luchas y reivindicaciones del sector de los trabajadores, tal es el caso que los mismos dirigentes hicieron coro y pactaron previamente, con el único fin de evitar abrir nuevos frentes de conflicto con Morales, que ya viene sacudido por los recientes hechos de corrupción y narcotráfico al interior de la Policía Boliviana.

Sólo así podría explicarse que en total conocimiento de las proyecciones realizadas por el Ministerio de Economía y Finanzas y el Banco Central de Bolivia (Programa Fiscal Financiero 2019), en las que se espera una inflación del 4% este año, confundan esta supuesta alza en los salarios con un incremento salarial, cuando el acuerdo establece porcentajes de nivelación salarial en el caso del haber básico (4%), que solamente igualan la tasa de inflación proyectada.

  Mientras que, en el caso del salario mínimo, éste ni siquiera logre igualar la tasa de inflación proyectada, teniendo como resultado una pérdida del poder adquisitivo del salario mínimo nacional en un 1%. En simples palabras, no existe ningún incremento salarial como tal. 

Por si fuera poco, el viceministro de Presupuesto, Jaime Durán, a tiempo de presentar las Memoria de la Economía Boliviana 2018, destacó con gran contundencia que en 13 años de gestión el salario mínimo nacional creció en 348%, pasando de 54 dólares  al mes a 296 dólares  al mes, dato estadísticamente correcto, pero intencionalmente aislado de otros factores complementarios.

Lamentablemente, lo que no reconoce el Viceministro y tampoco fue percatado por la alta dirigencia de la COB es el hecho de que Bolivia cuenta con un porcentaje por demás preocupante de economía sumergida en la informalidad (65% de los empleos generados) frente a sólo 35% de empleos dentro de la economía formal, de los cuales la empresa privada genera casi de 2/3 de estos (22/35) y el Estado menos de un 1/3 del mismo (9,6/35), de acuerdo al Centro de Estudios de para el Desarrollo Laboral y Agrario.

Paralelamente, se tiene un escenario en el que el empleo disponible llega a tener ciertos grados de precariedad, dejando en situaciones de verdadera vulnerabilidad al trabajador, esta vez apelando a cifras del Ministerio de Trabajo, tendríamos en Bolivia una incidencia del subempleo de 22%, sorprendentemente contrarios a lo señalado por el Instituto Nacional de Estadística, que maneja una escala por demás interesante; según ellos, en Bolivia de cada 100 empleos 65 son informales. Si consideramos que el subempleo se desarrolla en situaciones precarias y de inestabilidad, este número bien podría representar a la economía informal del subempleo de nuestro país, en ese sentido pasaríamos de un 22% a un preocupante 65%.

Es por demás alarmante evidenciar que la COB dejó de ser ese ente representativo y portavoz del sector de trabajadores del país, con una dirigencia por demás cuestionable que rifó su estructura orgánica y apartidaria por simples migajas y prebendas que solamente benefician a sus altas esferas.

Entretanto, ese avasallador número de trabajadores independientes, “cuentapropistas”, que no llegan a percibir ni siquiera el salario mínimo nacional y deben migrar de oficio en oficio para poder llevar unas cuantas monedas a casa, ven a sus líderes sindicales totalmente ajenos, y apáticos a la cruda realidad, silenciando una voz que en tiempos de dictadura supo alzarse en busca de grandes ideales, como la democracia.


Carlos Armando Cardozo Lozada  es economista.

Confidencial

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