Tuffí Aré Vázquez

Cotas, refundirse o refundarse

Asunto Central
lunes, 10 de junio de 2019 · 01:55

Dos presidentes de la Cooperativa de Telecomunicaciones de Santa Cruz han caído en los últimos tres meses, en la peor crisis de su historia. La institución es en este momento una trituradora de directivos y de gerentes, que han terminado detenidos, que  huyen o que se encuentran literalmente en pánico. Sálvese quien pueda, parece ser la consigna frente a la cruel ventiladora que esparce basura entre culpables, cómplices e, incluso, inocentes de terribles malos manejos. Sufre la cooperativa que fue orgullo de los cruceños y que instaló en el imaginario colectivo la idea de que “Cotas es Santa Cruz”. 

Con ella muchos no sólo tuvieron hace décadas su primer teléfono, sino que avanzó un novedoso modelo de gestión que cubrió el vacío del Estado en la oferta de un servicio fundamental, como es el de las telecomunicaciones. A diferencia de instituciones similares en otras regiones, fue capaz de anticiparse a los cambios vertiginosos que trajo internet. Así incursionó en la oferta incluso de televisión por cable y conectó a la red a muchos hogares.

¿Cuándo comenzó la debacle que amenaza con “refundir” a la cooperativa? Con certeza, los primeros problemas importantes empezaron cuando algunos de sus líderes la confundieron con un feudo de amigos. A finales de los años 90, miles de socios desnudaron la arbitrariedad de una cúpula de personas, que fue presionada para salir del encierro y transparentar la institución.

Algo se avanzó y mejoró en esos tiempos con la fiscalización de los auténticos propietarios de la institución, que son sus miles de socios.

Un segundo momento crítico de la cooperativa fue cuando un exfiscal y el Gobierno acusaron a sus exejecutivos de financiar supuestamente a un grupo de terroristas para desestabilizar a Evo Morales. Como sucedió con todo el caso Rózsa, ha quedado en la nebulosa si hubo o no responsabilidades en esta polémica denuncia. Lo único cierto es que los directivos de entonces terminaron acosados, mientras que la institución quedó peligrosamente estigmatizada.

De ahí en adelante Cotas ha tenido que padecer presiones y sufrir un malvado aislamiento, que la dejó muy debilitada para competir en similares condiciones con gigantescas compañías privadas y con la propia estatal de telecomunicaciones.

El tiro de gracia para dejar en una situación in extremis a la cooperativa ha sido el destape del  escandaloso robo de 7,7 millones de dólares por una mafia organizada desde sus propias entrañas. Por supuesto que semejante bochorno, protagonizado y tolerado por una parte de los últimos conductores de la institución, les ha caído como anillo al dedo a sus enemigos externos, animados por los internos, que se aferran a viejos privilegios.

No se puede desconocer que hay responsabilidades del monumental escándalo en directivos de Cotas. Es más, la sobrevivencia de la cooperativa pasa imprescindiblemente por una purga y por sanciones penales a los culpables, como un primer acto de justicia con los miles de socios. Otra medida que debe tomarse velozmente para devolver la confianza en la gestión institucional es la recuperación de los millonarios fondos robados.

Empero, se requiere de una administración de justicia honesta e independiente para encarar un reto tan complejo. De lo contrario, tomarán peso las sospechas de contaminación política del asunto, con el único fin de salpicar a los adversarios políticos del Gobierno, o, lo que es peor, arrinconar y hacer agonizar a la cooperativa para intervenirla. Sería terrible cambiar a los malos  por otros peores “dueños” que no tienen la mínima intención de evitar su “refundición”.

Ante el alarmante peligro, lo que queda es alentar el despertar de los socios de Cotas para que cuiden a cualquier costo su patrimonio, lo que debe llevar como resultado final, ahora sí, a su auténtica “refundación”. Con ese fin, el siguiente paso es estabilizar su gobierno, administrar con firmeza la crisis y llamar cuanto antes a elecciones anticipadas para conformar un nuevo mando.
 
Tuffí Aré Vázquez es periodista, premio Libertad de Expresión 2019 y Premio Huáscar Cajías.

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