Agustín Saavedra Weise

Peleas tarifarias, destrucción creativa y oportunidades

Ventana al mundo
lunes, 10 de junio de 2019 · 01:53

 En abril de 2018 predije que la pelea tarifaria iniciada por Trump a largo plazo  sería negativa para Estados Unidos. El tiempo transcurrido me está dando la razón. Veamos.  La “destrucción creativa” -original de Karl Marx- fue divulgada por Werner Sombart y finalmente  Joseph Schumpeter la popularizó como fundamento esencial de su teoría de la innovación. La destrucción creativa ocurre por la aparición de productos que van desplazando a los viejos. El automóvil sustituyó las carretas tiradas por caballos;  los discos de vinilo cambiaron por casetes, luego el CD, después el mp3 y  en fin, hay muchos ejemplos más. Inventos y/o mejoras extinguen (“destruyen”) lo anterior. De esa manera se gesta el desarrollo, el cambio cualitativo.

La ventaja tradicional de Estados Unidos radicó en su enorme capacidad de generar destrucción creativa y consecuente desarrollo sostenido por medio de constantes innovaciones. Al no tener -aparentemente- capacidad de innovación (se decía que sólo copiaba) se pensó que el crecimiento de la República Popular China (RPC)  tarde o temprano decaería. Sin embargo, en esta última década China ha demostrado tener  notable capacidad de innovación propia y ahora la guerra comercial la está incentivando aún más. 

Al crecer la innovación, habrá mayor destrucción creativa y desarrollo en la RPC. Ese proceso irá en contra de los intereses económicos de Estados Unidos. Los burócratas de Washington no consideraron que una guerra de tarifas incentivaría en Beijing la innovación explicada por Schumpeter un siglo atrás. En el cercano futuro el liderazgo mundial no será militar: estará en manos de quien lidere el cambio tecnológico. Ese ámbito parecía ser eterno monopolio estadounidense. Ya no será así, hay temporada abierta para quien innove más y la RPC podría tomar la delantera...

En todo conflicto hay perjudicados y beneficiados; el enfrentamiento comercial de la hora presente  no escapa de esa verdad. En estos lares nuestros pueden surgir potenciales ganancias en algunos rubros. El dragón chino importaba alrededor de 100 millones de toneladas de soya de Estados Unidos y Brasil. En retaliación por las tarifas que impuso Trump a otros bienes, su colega Xi Jinping le aplicó un 25% de arancel  extra a la soya norteamericana. En medio de estas trifulcas surgieron en China la fiebre porcina y la escasez de otros tipos de carne. 

No es por casualidad ni por turismo que delegados de Beijing han estado recorriendo frigoríficos cruceños y haciendo pruebas de calidad de la carne boliviana. Los chinos deberán importar productos cárnicos para compensar pérdidas internas. Por tanto,  para  nuestro país se abre un mercado gigantesco en la materia y que deberá ser bien aprovechado.  Con la soya puede pasar lo mismo, la RPC tiene que compensar el no importar más soya proveniente de Estados Unidos y ahí tenemos buenas posibilidades.  Ya ven, hasta en las crisis surgen potenciales ventajas.

Agustín Saavedra Weise  es economista y politólogo. www.agustinsaavedraweise.com

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