Joshua Bellott Sáenz

Capacidades productivas y la realidad económica del país

jueves, 13 de junio de 2019 · 00:09

Sin duda, en estos últimos años el crecimiento sostenido de la economía ha sido una característica importante en el país, más específicamente el crecimiento del agregado económico que representa la formación de valor, el PIB. Sin embargo, debe llamarnos la atención algunas características de este crecimiento. 

La primera característica tiene que ver con la composición del PIB, que está relacionada, además, con la distribución de recursos y excedentes. ¿Cuántos son los que producen en la economía y quiénes son? Una economía podría estar compuesta por muchos sectores económicos y empresas o por muy pocos. Una segunda  está referida a conocer qué tipo de sectores o empresas componen esta economía: extractivos, industriales, comerciales, etcétera, y si son intensivas o no en mano de obra, o si son pequeñas, medianas o grandes. 

Cuando se habla de desarrollo, se quiere que el PIB sea la suma de la producción de muchas empresas de distinto tipo y de distinto tamaño. En otras palabras, es importante que haya una “base ancha” y que las mismas, sin importar el tamaño, sean competitivas. Por otro lado, lo que más anhela la población es que esta base productiva ancha genere excedentes, lo que implica también creación de gran cantidad de empleo. Por lo tanto, lo que se requiere es contar con muchas empresas productivas y que los costos laborales sean inferiores a los beneficios generados por la contratación de personal. Eso permite mantener la sostenibilidad de las mismas en el tiempo. 

Según un estudio de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia, la época de bonanza no sirvió para la creación de empleo formal, ya que entre 2007 y 2014 debió bajar el desempleo, pero contrariamente se presentó un escenario de precarización del mismo, pues la desocupación bajó a un 3,5% en 2014 y volvió a subir a 4,9% en 2017.

En este orden de ideas, un indicador que puede contribuir a la discusión es el número de empresas por cada mil habitantes. Bolivia para 2018 contaba con 315.868 empresas, según los registros de Fundaempresa. Tomando en cuenta la población estimada del país para 2018 (11,3 millones), se calcula que en Bolivia hay 28 empresas por cada mil habitantes. Comparando esta cifra, tenemos que España tiene el mismo número, Argentina 14, Brasil 25, México 34, Uruguay 48 y Chile 58. Otros países en mejor situación son  Corea del Sur 66 y Australia 88. 

Aparentemente Bolivia no se encuentra en muy mala situación. Aunque dado que estos países tienen una economía mucho más grande que la boliviana, entonces sus empresas con seguridad son más productivas.  

Sin embargo, sabemos que del total de empresas en el país, 251 mil son unipersonales (no dan empleo), si restamos las mismas al total de empresas tenemos la preocupante cifra de seis empresas cada mil habitantes. Sin duda, dicha cifra nos da cuenta de la precaria situación del empleo en el país.

Preocupa el caso de Potosí que cuenta con el menor indicador, ya que paradójicamente fue el segundo exportador del país (2018), aunque su producción provenga de casi una sola empresa. Por otro lado, La Paz es el departamento que cuenta con el mayor indicador, seguido de Tarija, Santa Cruz y Cochabamba. En general, no son indicadores alentadores para la economía del país y si comparamos con otras regiones de otros países, tenemos, por ejemplo, que Bogotá cuenta con 49,5 empresas, Barcelona con 80 y Buenos Aires con 41 empresas cada mil habitantes. 

En este orden de ideas, podemos ya extraer algunas conclusiones del análisis presentado. Queda claro que el efecto del crecimiento en la economía, debido a la composición empresarial del país y su escasa generación de empleo, deja muchas dudas. Las empresas formales en el país no crean empleo suficiente y es más, podríamos calificarlo como “insignificante”. 

No sólo el número de empresas es insuficiente, sino que hay problemas de productividad, tamaño y equidad. Sólo como ejemplo, podemos mencionar Santa Cruz, que en el caso específico de la soya sabemos que el 2% de los productores cuenta con el 70% de las tierras cultivables. 

Ahora podemos entender por qué la población en general no siente el crecimiento del PIB, ya que es la informalidad la única fuente de ingreso para la mayoría de los bolivianos. Estimo que sólo entre un 5% a 10% de la población queda beneficiada con ese “crecimiento”. 

Por otro lado, también queda claro que un proceso de desaceleración de la economía podría provocar mucha incertidumbre y miedo, dado que las pocas empresas dejarían de dar empleo.

Ante una eventual crisis, y dado que nuestra principal fuente de ingresos disminuyó de manera importante (exportación de gas), la economía no tendrá cómo reaccionar, porque no se incentivó la producción y no se apoyó a la empresa privada, que sí podría generar empleo con una base ancha. 

Quien quiera afirmar ahora que el modelo económico implantado por el actual gobierno es un éxito tendrá problemas queriendo discutir los datos presentados. Nuestra economía es muy dependiente de pocos productos y pocas empresas, por lo que para la mayoría de los bolivianos nada ha cambiado después de la época de bonanza vivida. 

El gobierno se encargó de que el auge llegue a muy pocas manos y que la desaceleración, y la crisis nos fundan a todos. ¿Es un gobierno pro pobre?

Joshua Bellott Sáenz es economista.
 

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