Carlos Böhrt I.

Evidencias tempranas del fraude electoral del MAS

sábado, 15 de junio de 2019 · 00:10

Mediante declaraciones formuladas a influyentes programas de radio y televisión, la semana anterior difundimos algunos datos estadísticos electorales que, a juicio nuestro, dejan traslucir la preparación del fraude electoral por parte del partido de gobierno. Empero, urgido por los estrechos límites de una entrevista vía teléfono, mostramos información fragmentaria, cuya complementación la abordamos en los párrafos siguientes.

En las preparatorias de las elecciones primarias, fines de 2018 y principios de 2019, el MAS buscó “sorprender” al país anunciando que contaba con más de un millón de militantes en su padrón, cuyos libros de registro fueron entregados al Tribunal Supremo Electoral. Después de la depuración reglamentaria, se supo que la organización usufructuaria del aparato estatal, en realidad, contaba con algo más de 991 mil  adherentes. Revisemos esa información, cruzándola con los datos del padrón electoral nacional.

La columna tres  del cuadro uno (ver cuadros) muestra precisamente la militancia del MAS en cada uno de los nueve departamentos del país, sumando un total de 991.092 personas inscritas. Ponderados estos datos con el Padrón Electoral Nacional (columna dos), se obtiene el peso de los militantes masistas en el universo electoral nacional. 

 

Así, siguiendo los datos de la columna cuatro, llama la atención que la ciudadanía adherida al MAS en Pando representaría casi el 30% (29,3%) del total de electores empadronados en este departamento. Lo mismo sucedería en Chuquisaca, con el 21,3% del cuerpo electoral; en Cochabamba con el 20%; en Oruro con el 19,2%; 17% en Tarija y Beni, y así sucesivamente. 

De ser ciertas estas cifras, la población boliviana sería una de las más politizadas del planeta, habida cuenta de que en los países bajo regímenes democráticos, por efecto de la libertad política, los partidos políticos suelen aglutinar sólo a pequeñas minorías activas. Los partidos multitudinarios son propios de entornos sin libre competencia política. En Cuba, por ejemplo, el PCC congrega al 5,8% de su población (670 mil  militantes sobre 12 millones de habitantes) y en China el PCCh al 6,9% (90 millones sobre 1.300 millones); mientras que el MAS estaría por encima del 9% (991 mil  sobre 11 millones de habitantes).     

Pero, conforme se aprecia en el cuadro uno, el día de las elecciones primarias acudieron a emitir su voto apenas 451.026 masistas, de los cuales un poco más de 406 mil, equivalentes a sólo el 41% de los inscritos, votaron por el binomio oficialista; en tanto que cerca de 45.000 optaron por el voto blanco o nulo. ¿Por qué más de 540 mil  masistas, vale decir el 55% del total de inscritos, no participaron de las primarias?

Visto el tema por departamentos, la situación adquiere tonos críticos: en La Paz, Santa Cruz, Chuquisaca, Tarija y Oruro apenas un tercio de los militantes sufragó a favor del binomio oficialista cuestionado. En sentido contrario, únicamente en el departamento de Cochabamba los votantes trascendieron el 50%. ¿Se registró una masiva protesta interna o, en realidad, nunca existieron los militantes inscritos en los libros?

 

El asunto, empero, no queda aquí. Las dudas se agigantan cuando se conoce la información del cuadro dos, cuyos datos muestran la magnitud del peso del padrón del MAS en los 336 municipios en los que se llevaron a cabo las elecciones primarias: en 42 de esos municipios, más del 40% del Padrón Electoral, se encuentra registrado, al mismo tiempo, en los libros del MAS, algo simplemente imposible sin que medien coacciones sociales o data fraudulenta. 

En otras 90 unidades municipales el padrón masista repite la información de entre el 25% y el 40% del Padrón Electoral, nivel este asimismo inverosímil. A estos dos tramos deben añadirse las otras 46 secciones de provincia en las que los operadores del MAS registraron cerca al 25% de las y los votantes del municipio. 

Inatajable se hace la interrogante a estas alturas: si se advierte que en el 53% de los municipios del país el padrón de militantes del MAS tiene un peso superior al 20% del universo electoral, ¿cómo se explica que bastante menos de la mitad de esos militantes dejaron de asistir a la cita estratégica de las primarias?

Caben aquí dos hipótesis, al menos: o la mayoría de la militancia masista no está de acuerdo con el inconstitucional binomio oficialista, o el padrón del MAS fue deliberada y fraudulentamente inflado. Asumido este último caso, surgen impetuosas preguntas adicionales: ¿para qué fue inflado?, ¿para justificar después elevadas votaciones a favor en los municipios manipulados?

Tienen la palabra Evo Morales y García Linera para explicar lo que sucedió y disipar las dudas. Si guardan silencio o carecen de argumentos plausibles, quedará demostrado que los datos aquí presentados constituyen, en verdad, evidencias tempranas del fraude electoral del MAS.

 

 

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