Rolando Morales Anaya

Aburrimiento preelectoral

lunes, 17 de junio de 2019 · 00:10

Solían gustarme los periodos preelectorales porque eran los únicos momentos en que en Bolivia se debatía las características de la nación que los unos y los otros proponían. Supongo que en unos días más, cuando venza el plazo que el Tribunal Electoral ha impuesto para la presentación de programas, podremos salir del estado de entumecimiento mental en que nos encontramos e iniciar ese ejercicio saludable de discutir el futuro de la patria.

En mis textos, suelo definir la democracia como aquel sistema político que permite elaborar y difundir propuestas, y escoger la mejor de ellas para ponerlas en práctica, lo que supone que haya propuestas y un sistema idóneo para difundirlas. Pero la aplicación de este concepto encuentra dificultades en la práctica. Por ejemplo, en la elaboración de propuestas existe un problema en todos los países del mundo: los políticos muestran renuencia, si no es celos, a solicitar el apoyo y consejo de los académicos. 

Al parecer, es una reacción humana tratar de evitar que se sepa que otras personas saben más que los encargados de dar los discursos. También, y con alguna razón, los políticos dicen que los académicos son “teóricos”, bastante ajenos al mundo real. Evo dice que toman mucho tiempo para resolver un problema o elaborar una propuesta. No llega a haber coordinación entre académicos y políticos, lo que da como resultado propuestas pobres.

Un segundo problema para el funcionamiento de la democracia, como yo la entiendo, es la forma en que, recientemente, la mayor parte de la población establece su acervo informativo. En el pasado, la población leía textos cortos o largos, lo que le permitía evaluar la lógica de las propuestas; mientras que hoy en día, la gente se contenta con leer por internet las cuatro o cinco noticias principales en las primeras páginas de los periódicos, a veces sólo los títulos, y los mensajes de muy pocas líneas en las redes sociales. Esta forma de acumular conocimientos no es propicia para captar una idea y no invita al lector a pensar sobre el porqué de las cosas. Se habla y se escribe como en el antiguo lenguaje Morse: punto, raya, punto. 

Sin duda, cada candidato tiene su propia propuesta, pero ninguno es ajeno a las corrientes mundiales de pensamiento, cuya difusión y penetración pueden ser fácilmente manipuladas. En forma programada o espontánea, la información mundial en mensajes cortos tiende a la vez a recortar el espacio de reflexión y del tiempo. Los mensajes están orientados a enfocarse en un solo lugar del universo, por turno, y a intentar hacer olvidar el pasado.

De esta manera, una corriente fuertemente enraizada en estos momentos en el mundo es la de despotricar contra los “socialismos”, mostrando algunos casos que lo meritan y olvidar los errores, y horrores del capitalismo de los años precedentes. Esto tiende a empobrecer las propuestas.

En este contexto, algunos importantes políticos del mundo, como por ejemplo Emmanuel Macron, decidieron hacer campaña electoral sin presentar al público un programa de gobierno y ganaron las elecciones. Su cálculo pudo ser muy simple: puesto que la gente no tiene la práctica de leer un texto de propuestas, ¡para qué prepararlo! Esta actitud suplanta la idea por una persona, la que para triunfar en su empeño debe inscribirse en la corriente que esté de moda y tener un físico agradable.

En su peor versión, esta modalidad lleva a la Presidencia a payasos de profesión, como fue el caso de Guatemala; a tipos simpáticos, como el recientemente elegido en El Salvador, o a personajes duros y perversos que prometen matar delincuentes, eliminar comunistas y “corregir” homosexuales, como es el caso del Brasil. En este esquema, el elegido tiene carta blanca para hacer lo que le venga en gana.

Evo suele decir que no hay propuestas alternativas a su plan de gobierno. Esa afirmación subestima a la población boliviana. Es verdad que la oposición partidaria ha mostrado bastante dejadez en la elaboración de ideas, habiéndose concentrado simplemente en reaccionar y criticar los planteamientos del gobierno. Pero existen elaboraciones académicas puntuales o relativas al desarrollo que deberían ser tomadas en cuenta por el gobierno y también por la oposición. Los políticos prefieren ignorarlas porque no tienen la práctica de la lectura o porque piensan que no vale la pena interesarse en ellas.

 

Rolando Morales Anaya es economista

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