Con la boca abierta

Alerta contra las falsas alertas

domingo, 23 de junio de 2019 · 00:11

En lo que va del año, la Fiscalía registró 56 casos de feminicidio, de  los cuales ocho fueron cerrados con sentencia, seis por extinción y el resto siguen en investigación. La cifra es  similar a la de 2018 para el mismo período.  Sólo en Tarija, cinco hombres asesinaron similar número de mujeres coincidiendo los crímenes con la declaratoria de “Alerta por Violencia”, tal como establece una ley  departamental aprobada en diciembre de 2018 en ese departamento. Eso mientras Bolivia tiene la tasa más alta de feminicidios de  América del Sur.

El 17 de junio y  ante lo que el gobierno considera una alta incidencia de casos de feminicidios -similar a los de 2018-  se anuncia declarar alerta nacional y se prepara un plan de acción destinado a la prevención de la violencia de género. Como si lo que ocurre ahora fuera excepcional. 

Según Tania Sánchez, directora del Servicio Plurinacional de la Mujer y de la Despatriarcalización Ana María Romero, en declaraciones hechas a La Razón, el plan promoverá acciones conjuntas de distintas organizaciones, instituciones, tanto estatales como privadas. Asimismo, indicó que se está analizando distintas propuestas que tengan un efecto rápido (sic) en la problemática, entre ellas, la declaratoria de alerta nacional por feminicidios.

La Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres (AVGM) es un mecanismo inventado en México con el fin de “enfrentar y erradicar la violencia feminicida en un territorio determinado”. Abarca diversas acciones, como protocolos de investigación sobre feminicidios y programas destinados a la prevención, así como “reformas para eliminar la desigualdad en la legislación y política pública”. 

No se conocen evaluaciones ni resultados en ese país, pero sí se sabe que la breve experiencia tarijeña ha puesto más luces sobre la incapacidad de prevenir y menos con “efecto rápido” los numerosos crímenes que azotan nuestra sociedad, los mismos que tienen las características de una pandemia que sólo se puede detener con cambios estructurales, sistemáticos y de  largo plazo, muy distantes de los aparatosos anuncios de nuestras autoridades. Nada de corto plazo podrá disminuir las muertes ocasionadas por parejas, exparejas y  grupos delincuenciales.

Se llama alerta al período anterior a la ocurrencia de un desastre, declarado con el fin de tomar precauciones generales. Pues ocurre que los  asesinatos de mujeres no son hechos inesperados y tan no lo son que la mentada Ley 348, si pudiera hablar, pediría a gritos que la boten a un basurero por su inutilidad desde 2013. No hay uno solo de los 100 artículos que la conforman que no haya sido violado por jueces, fiscales, funcionarios  y perpetradores; por eso indigna que ahora pretendan lanzar una “alerta” cuando esa ley dice ya todo lo que hay que hacer para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer.

 Nuestro país se ha concentrado en atender el extremo de la violencia y la discriminación, como son estos cruentos episodios, cuya principal característica es el ensañamiento y la impunidad.

Mejor que presentar nuevas estrategias sin presupuesto es necesario cumplir la ley, que indica que  la lucha contra la violencia es una prioridad y asigna responsabilidades a todas las instituciones involucradas. Mejor que una alerta sería romper el silencio ante las violaciones a la ley que, por ejemplo, hace  el Ministro de Justicia, minimizando el acoso del Gobernador de Chuquisaca.

Mejor que lanzar alertas,  el Servicio Plurinacional que deshonra el nombre de Ana María Romero, al asociarla con la ineficiencia, debería ayudar a que la ley se cumpla, denunciando la falta de resultados en las escuelas, los servicios de salud y haciendo visibles todas las formas de violencia que el Estado debe garantizar.

La única alerta que vale la pena considerar es la que ayude a identificar la complicidad de quienes deberían proteger y garantizar la vida e integridad de las mujeres. Alerta contra los Percys, contra los Arces, contra los policías que  matan y los jueces que los protegen. Hay que tenerle más miedo a esos personajes enquistados en el poder, comenzando por su destitución inmediata para recuperar la confianza. 

Ojalá que no anuncien una alerta para marear la perdiz proponiendo cursillos para policías, iluminando calles o creando nuevas  mesas de  trabajo. Alerta contra las falsas alertas.

Sonia Montaño Virreira es socióloga feminista.

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