Librepensamiento

La verdadera oposición

lunes, 03 de junio de 2019 · 00:11

A cinco meses de elecciones generales es imprevisible el panorama político en Bolivia. Quien hasta hace poco se conjeturaba ganador, ahora parece rezagado. Antes, muchos aseguraban la derrota del actual gobierno; ahora, no son pocos quienes arriesgan en asegurar que ganará, incluso en la primera vuelta.

Tal el panorama actual. Pero, justamente por la imprevisibilidad de la política boliviana  todo puede suceder hasta el día de las elecciones. Sin embargo, en ese vaivén, se evidencian constantes en nuestro pensamiento y conducta colectivas que merecen ser analizados, para poder respaldar —en lo que sea posible— el curso correcto de los acontecimientos. Veamos algunas de ellas.

Se da por descontado que la fragilidad de un gobierno tiene relación directa con el tiempo que ejerce su función. “El poder desgasta”, se dice frecuentemente. Sin embargo, no es el tiempo de ejercicio, sino la manera cómo se lo utiliza lo que desgasta o, por el contrario, consolida.  La oposición tiene en general una crítica principista del actual gobierno y no una evaluación de sus obras. Se soslaya así que puedan ser esas “obras” las que generan el apoyo que toda administración requiere para prolongarse en el ejercicio de sus funciones.

Por otro lado, a quien realmente socava el poder no es necesariamente a quien lo ejercita, sino a quien no dispone de él. Ya lo dijo en alguna ocasión el político italiano Giulio Andreotti: “No desgasta el poder; lo que desgasta es no tenerlo”. Esa afirmación es válida sobre todo en países como el nuestro en los que el acceso a la hegemonía administrativa asegura el clientelismo y fortalece relaciones institucionales de dependencia.

Ahora bien, si el tiempo de ejercicio del poder es lo que más bien consolida, ello no implica legitimar una supuesta buena utilización de ese poder ni conjeturar que sus funciones sean adecuadas a las necesidades de una sociedad. En el caso de que —como suponemos nosotros— son las obras del MAS las que aseguran su respaldo, ¿de qué naturaleza son éstas?

Tenemos un sistema de inversión internacional que para nada cuestiona el liberalismo capitalista, contrariamente a la retórica del gobierno. A nivel local, ese esquema se expresa en las grandes inversiones que realiza el gobierno, lo que explicaría el beneplácito —entre otros— de la banca y de los agroempresarios de Santa Cruz.

También constatamos un sistema de “inversión”, principalmente en el occidente del país, que no está orientado a capitalizar a inversores locales, asegurar grandes unidades productivas o impulsar el desarrollo local, sino que se difumina en innumerables canchitas de césped sintético, coliseos, sedes sociales y otras menudencias en los numerosos municipios y comunidades rurales que asiduamente visitan los principales mandatarios de este país.

Finalmente, tenemos obras ostentosas, presentadas como necesarias y utilitarias, pero que en realidad son fatuas y petulantes, como el nuevo palacio de gobierno, bautizado Casa del Pueblo, y los helicópteros presidenciales en los cuales se desplaza nuestro presidente, incluso para trasladarse de su residencia a su nueva sede de funciones.

¿Por qué ese tipo de obras provoca repudio en los niveles educados de la oposición y adhesión en los populares progubernamentales?

Bolivia está escindida desde los tiempos de su creación. Mientras una de sus partes —minoritaria pero empoderada— es vasalla de las modas y corrientes mundiales: la posmoderna culturalista en nuestra época; la otra —mayoritaria pero subordinada— está encandilada con las formas de los procesos por los cuales todavía no ha transitado: la moderna y desarrollista. Ello ilustra la diferencia entre gobierno y oposición: la ambigüedad y contradicción en los actos del poder que, sin embargo, le brinda apoyo y estabilidad y el desfase y la superficialidad del discurso opositor, que es apropiada para los sectores ilustrados, pero discordante para los populares.

En ese panorama, gane quien gane, es indudable que la verdadera oposición surgirá después de las elecciones de octubre 2019, cuando la nueva administración coseche los frutos de su negligencia o sufra las consecuencias de su imprevisión.

Pedro Portugal Mollinedo es director del mensual digital Pukara y autor de ensayos y estudios sobre los pueblos indígenas de Bolivia.

 

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