Empoderamiento- desempoderamiento

miércoles, 05 de junio de 2019 · 00:12

No hay talleres de empoderamiento para banqueros o empresarios; los hay para mujeres, indígenas, personas con discapacidad y todos aquellos sectores que nos ubicamos, por diferentes circunstancias socialmente, debajo de. Tampoco hay talleres de desempoderamiento para quienes detentan alguna forma de poder; sea  por la edad, el estatus social, el color de piel, el sexo, el aspecto físico. ¿Se imaginan talleres de desempoderamiento para policías y militares, talleres de  desempoderamiento para padres, maestros o jefes? Eso no hay y aunque tuviera  mayor sentido, porque el problema es la relación de poder y no la carencia de éste, no los hay porque sería un absurdo.

 La renuncia a los privilegios, que sería un proceso de desempoderamiento, es un hecho excepcional, pero no una dinámica social frecuente. En su totalidad, los talleres de empoderamiento consisten en sendos entrenamientos simplones y hasta ridículos que maquillan las relaciones de poder para hacernos creer que tales relaciones de poder son etéreas y no materiales, y  concretas. 

Se nos dice y repite una, y otra vez a las mujeres, que con técnicas de empoderamiento es que conseguiremos ese lugar de dignidad, de libertad y de decisión que andamos históricamente buscando. 

El empoderamiento indica que no es que ante las relaciones de poder te tienes que rebelar, impugnar y cuestionar; sino tienes que buscar un supuesto lugar de empoderamiento que te dé un hueco dentro del mismo esquema de poder que te somete. Sin afectar las relaciones de poder, sin cambiar las relaciones de poder, sino “integrándote” “empoderada” al hueco que esas relaciones te asignen. 

La idea del empoderamiento es que careces de algo, que te falta algo para tener esa libertad, esa dignidad que quieres y que, por lo tanto, empoderándote adquirirás, por arte de magia, eso que te falta. La matriz del empoderamiento desdibuja las injusticias y retorna la responsabilidad a quien ocupa un lugar de debilidad.

La técnica electoral de la paridad y alternancia es justamente eso, y es un fracaso histórico. Las mujeres “deben” ocupar un lugar equivalente al de un hombre en los términos en los que los hombres, desde el punto de vista patriarcal, han determinado. Las mujeres que allí entran no tienen derecho de cambiar las reglas del juego, sino que deben limitarse a jugar el juego bajo la premisa de que son unas recién llegadas y que de todas maneras lo están jugando mal.

La propuesta del empoderamiento sale como un instrumento para confundir las luchas feministas, para desviar la crítica frontal a las relaciones de poder, sale como un instrumento para mantener el statu quo, sale desde los organismos internacionales para inocular en los movimientos a través de las ONG falsos contenidos.

Las relaciones y las estructuras de poder son materiales y concretas, y frente a ellas lo que es efectivo es el cuestionamiento, la denuncia y el desmantelamiento de las relaciones de poder cambiando las relaciones y no, supuestamente, cambiando la actitud de quienes estamos abajo. Lo más efectivo contra las relaciones de poder es la rebeldía,  la burla y  el desacato.

La cultura popular  ha desarrollado una filosa crítica a lo que llamamos “arribismo”, que es estar abajo y querer trepar asimilándote pero sin criticar, imitando sin desmantelar, y como acto individual. En México la palabra que se usa es gráfica: se dice “igualada” o “igualado” a quien no es igual pero se pretende tal. Esa crítica tiene que ver justamente con la falsa idea de que las relaciones de poder se las resuelve de forma individual y no colectiva, y de que las relaciones de poder se resuelven en el mero plano de las actitudes, y no de las estructuras. 

Las llamadas igualadas o arribistas de la estructura clasista se las ve de lejos, queriendo congraciarse con el patrón y siendo más papista que el papa. En cuanto a las igualadas y arribistas, asimiladas al patriarcado desde el lugar del empoderamiento, se las ve de lejos también congraciándose con el macho, socapándole, justificándole. El empoderamiento es subrayar el poder del macho y del patriarca, como aliada de ese poder y de esa estructura.

 La próxima que les inviten a un taller de empoderamiento: irse de siesta, irse a comer el refrigerio o ir a sabotear el taller.

 


María Galindo es miembro de Mujeres Creando
 

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