La H Parlante

Réplica teleférica

jueves, 6 de junio de 2019 · 00:12

En una conferencia de prensa, organizada este jueves 30 de mayo sólo para refutar lo planteado hace siete días en esta columna, el gerente ejecutivo de Mi Teleférico ha lanzado una revelación. Resulta que el precio que la empresa Doppelmayr le cobró a Bolivia por kilómetro edificado de teleférico en La Paz es de 16,5 millones de dólares. Palabra oficial.

Con tal afirmación, Dockweiler refuta a Dockweiler, puesto que él mismo dijo en abril de este año que la inversión total por las 10 líneas de transporte por cable en La Paz es de 750 millones de dólares, cifra que dividida por los 32 kilómetros construidos da como resultado un precio de 23,5 millones por kilómetro.  ¿Cuál de los dos Dockweilers tiene la razón?, ¿cuál nos está desinformando?

El Dockweiler de mayo, el dos, ha dicho con pasmosa naturalidad que a la anunciada cifra de inversión hay que restarle los impuestos y aranceles que la empresa austríaca habría pagado en estos años. Juzgue usted, ¿desde cuándo se dan cifras de inversión que incluyen las obligaciones tributarias de los concesionarios de la obra?  Si fuera así, ¿acaso teníamos la obligación de saberlo?, ¿no es esta una manera cuando menos peculiar e inflada de presentar números oficiales?  En cualquier caso, si la declaración de Dockweiler dos es correcta, la desinformación provino de él mismo. 

Resulta entonces que Doppelmayr pagó en impuestos un 30% del valor que cobró por el teleférico. ¿Por qué tuvimos que enterarnos de esta maravilla tan tarde y sí cuando una licitación en México disparó las sospechas? 

Ahora bien, el precio de 23,5 millones de dólares por kilómetro construido lo calculó antes el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Yo sólo confirmé el dato varios meses más tarde. El gerente Dockweiler no quiso mencionar al BID en su conferencia de prensa. ¿Por qué?, ¿no será porque el BID le prestó 43 millones de dólares para poner en pie la línea plateada del teleférico?  Sabemos que no es de caballeros litigar con los acreedores y que resulta más cómodo pelearse con Página Siete o con este columnista, aduciendo que se trata de “un ataque político”. Pamplinas.  

La línea plateada se extiende a lo largo de 2,6 kilómetros. ¿Sabe usted cuánto costó construirla?  56,5 millones de dólares, de los cuales, 43,3 millones vinieron del BID y 13,2 millones fueron contraparte del Gobierno de Bolivia. Estamos hablando acá de un precio de 21,7 millones de dólares por kilómetro. ¿De modo entonces que la línea plateada sería 5,2 millones de dólares por kilómetro más cara que las nueve que le precedieron? O nos van a decir ahora que el BID prestó dinero a Bolivia para que Doppelmayr pueda pagar con ese dinero sus impuestos y aranceles? 

 Con este humilde ejemplo, queda claro que el precio revelado por Dockweiler dos no es el correcto y que éste, en realidad, supera los 20 millones por kilómetro, colocando a Doppelmayr Bolivia por encima de Doppelmayr México. Acá vemos otro curioso desdoblamiento. 

Otro dato cristalino es que el teleférico de La Paz costó más que el de Medellín (17 MM x km). Se dirá que éste fue inaugurado en 2004 y que los precios han ido subiendo. Así, pudieron haber convencido a más de uno. Dockweiler en cambio ha sido menos persuasivo. Dijo que los teleféricos que fabrica la empresa italiana (Leitner), la cual compite con Doppelmayr, son petas y no Mercedes. Sí, es la primera autoridad que sale a desmentir un precio excesivo argumentando que la marca adquirida es de lujo. Quizás arrepentido de su ejemplo, afirmó después que en Bolivia los fabricantes de petas pidieron más que los que ensamblan Mercedes. Por eso, sin licitación, como se hace en México, nuestro país habría comprado unos Mercedes que en su momento cotizaban menos que las petas. ¿Pamplinas?

Lo inobjetable hasta acá es que con la solitaria excepción del teleférico de Río de Janeiro, La Paz tiene el sistema de transporte por cable más caro del continente y que otras empresas, incluida Doppelmayr en otras latitudes, están ofreciendo precios menores. En esta columna jamás se usó la palabra “sobreprecio” y menos “corrupción”.  La objeción era y es que la misma compañía contratada sin competidores aspira a cobrar menos en un trayecto bastante similar en topografía al de la ondulante La Paz.  Milagros del mercado y la transparencia mexicana. 

Hoy la información fluye sin barreras y cada guiño de las compañías transnacionales queda al descubierto. Así se desnudan las restas inesperadas o el maquillaje improvisado de las cifras.


Rafael Archondo es periodista.
 

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