Franz Xavier Barrios Suvelza

El Evo no quiere debatir

jueves, 18 de julio de 2019 · 00:10

El jiliri ilpiri don Evo Morales ha visitado al “hermano” Putin, quien recién apoyó sin remilgos al “hermano” Maduro, que está maduro para un tribunal de La Haya, donde ya no habrá “hermanos” jueces. Evo ha dicho en esa visita, a tiempo de abogar por la no injerencia (nada menos que en presencia de quien acaba de meterse en Venezuela) lo siguiente: “Quisiéramos que de aquí a poco tiempo sea un planeta plurinacional y pluri-internacional“. ¿Qué disparates se le ocurren al Presidente? 

Aquí se confirma por qué el Presidente no va a discutir nunca con otros candidatos: el presidente tiene innumerables habilidades, pero carece de aquella requerida para hilvanar un razonamiento razonable. Ello no excluye, claro, que tenga una portentosa intuición política para llegar donde ha llegado. Pero el ser tunante se desarrolla en alguna parte de lóbulo frontal, que con seguridad no es donde se resuelven logaritmos.

 Morales, sometido a un debate abierto con un contrincante, tartamudearía hasta rajarse la quijada. Él es un epitome de la anti-ilustración, si por ilustración se entiende la irrupción de la razón. Eso sí: es capaz de sorprender con el “planeta pluri-internacional”. Este dislate que ha soltado el jiliri ilpiri en Moscú produce vergüenza ajena. Todo esto tiene que ver con la delirante soberbia de los conductores del proceso, creyendo que están vanguardizando una ruptura de escala mundial, aportando desde Bolivia teorías supuestamente geniales, innovando a rabiar fórmulas de un Estado a emular. 

Bien vistas las cosas, lo que Bolivia estatalmente ofrece a esta altura es un Estado sin Constitución, un país sin democracia y un gobierno sin contrapesos independientes al poder. En otras palabras: Bolivia como Estado es una bancarrota no sólo técnica, sino moral. La resistencia de Morales a un debate es reflejo de que el evismo es ir de retro a tiempos de la superstición y el animismo 

¿No es dramático para un país saber que su Presidente no podría sentarse calmado a intercambiar argumentos con su oponente, mandarse algún que otro análisis contrafactual, desenmascarar en su adversario algún silogismo errado, adornar tal vez alguno de sus planteamientos con la cita de algún vate universal? No. Imposible. El masista, con lo insidioso que es, dirá que esto es soñar con un estilo señorial, blancoide, o jesuítico.

Recientemente Muffitt, refiriéndose a los populistas, ha escrito que se trata de caudillos que se solazan enardeciendo la ordinariez y soliviantando las malas maneras. Evo es un prototipo de ello. Aspirar como ciudadano a otro estilo de gobernante no es pedir un lujo. No es pretender un presidente atemperado y decente, sino por lo menos uno básicamente educado, lo cual incluye haber adquirido la exquisita capacidad de callar para atender y entender argumentos que no son los tuyos. 

Esto es tan simple como esperar que un huevo tenga yema. Nada más. Esto no significa que la contienda electoral será entre un “indeciso educado” y un “lanzado malcriado”. No. Es una contienda entre dos conceptos de Estado diametralmente opuestos. Cuán decepcionante habrá sido la vivido desde 2006 que incluso el Estado previo que falló y que el Evismo presumió sepultar, tuvo al menos vocales de cortes electorales y jueces constitucionales inconmensurablemente mucho mejores que los que este régimen ha empollado pérfidamente, al estilo de aquella legendaria reina-madre xenoforme del cine que chillaba emocionada con cada incubación.

Los espolones del evismo-choquehuanquismo-linerismo-quintanismo-zaconetismo han trepanado el Estado al extremo de generar nostalgia por algunas cosas que pasaron nada menos que en la execrada república “neoliberal”. Tan bajo hemos caído. Los que blandieron al “hombre nuevo” son moralmente rancios. Ahora es turno de una idea menos rimbombante: la de gobernantes por lo menos decentes, fiables y educados.

 

Franz Xavier Barrios Suvelza es economista.
 

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