Fernando Patiño Sarcinelli

Glifosato, cáncer y otros males

martes, 02 de julio de 2019 · 00:10

El cáncer es un mal que ha afectado a los seres humanos desde recién nacidos hasta ancianos por miles de años. Entre los animales, los gusanos y los elefantes, son los menos afectados. Los unos porque el tiempo de vida no les alcanza para desarrollar tumores. Los otros porque, a pesar de ser gigantes y longevos, tienen más genes protectores contra el cáncer.  

Se dice que la oncología es una ciencia de incertidumbres: al menos en 60% de los pacientes el cáncer no tienen causa conocida. Hoy sabemos que la mayoría de los humanos que tiene cáncer de “causa desconocida” en el fondo tienen mutaciones genéticas. En 40% de los pacientes el cáncer está relacionado a factores de estilo de vida (fumadores por ejemplo) y factores ambientales.

El agente más famoso y comprobado es el cigarrillo. Otros aparentemente menos nocivos, como el sol o bebidas excesivamente calientes también pueden causar cáncer de piel o de labios (pipa de los mateadores). Después vienen otros factores ambientales que las personas no tienen control ni conocimiento de dónde vienen ni cómo vienen. 

Aquí aparece el glifosato, otros herbicidas y los alimentos transgénicos. Debo confesar que en 30 años de experiencia en oncología apenas había escuchado de estos agentes en la prensa laica. Sospecho que en toda la literatura que he revisado en esos años no hay información al respecto porque es irrelevante. ¿Será que he estudiado poco?

Recientemente ha surgido una ola de pánico y advertencias sobre la asociación de transgénicos y el glifosato como agente herbicida. Supuestamente esta combinación que protege a los transgénicos sería una causa de cáncer por factores ambientales. 

Cabe explicar qué quiere decir “transgénicos”. Son manipulaciones genéticas para producir alimentos más ricos, bonitos y con mayor rendimiento por hectárea. Simplemente razones económicas, pero para muchos es una agresión al ser humano. En la práctica, no importa cómo los genes han sido modificados (sea trigo, soya o animales), estos serán completamente digeridos de manera que no pueden causar ningún daño. 

Entender los agentes “tóxicos” (pesticidas) es más complicado porque obviamente no son genéticamente amigables. Por eso la industria tiene estudios y recomendaciones para protección de los trabajadores agrícolas que si usados correctamente no tienen riesgos porque sólo causan daño cuando inhalado. El glifosato no se absorbe por vía digestiva, por lo tanto los alimentos no son un peligro. 

¿Cuáles son las evidencias?  He pasado semanas revisando el tema de glifosatos en la literatura científica y en la prensa. Los datos son contradictorios. Por un lado, en las publicaciones de oncología clínica, el glifosato es irrelevante. ¡No es que había estudiado poco! Estudios de laboratorio en animales expuestos agresivamente al glifosato muestran que puede haber daño genético y eventualmente cáncer. Pero en la práctica se observa problemas respiratorios con mayor frecuencia.

Finalmente la realidad es más sencilla de lo que parece. Cáncer existe desde el principio de la humanidad, miles de años antes de los pesticidas. La mayoría de los agricultores que cumplen las normas recomendadas por la industria no se enferman. Los que se enferman, principalmente con problemas respiratorios, es porque no cumplen las recomendaciones. No hay dudas del daño que se puede hacer al ecosistema como a las abejas, por ejemplo, que no tienen cómo protegerse. 

Recientemente, la empresa Bayer (antes Monsanto) fue condenada en dos juicios de responsabilidad por el diagnóstico de linfoma en Estados Unidos. Millones de dólares en compensación. 

Eso no es prueba científica. La explicación es bien conocida, los abogados (estos sí son expertos) de los pacientes son mejores que los de la industria, de los médicos y de los hospitales. Por eso los pacientes ganan la mayoría de los casos de mala práctica.

Ejemplo: un pasajero volando sobre el océano sufre un infarto y la tribulación solicita auxilio de un médico. El médico acude a ayudar al paciente sin saber el diagnóstico ni la gravedad, pero no tiene los medios de asistir correctamente al paciente y este muere. La familia demanda al médico y gana la causa. 

Temo que estas consideraciones pueden incomodar a los naturistas que deben preocuparse con las abejas pero no con el cáncer. Si tenemos que preocuparnos con agentes cancerígenos, el cigarrillo está en primer lugar y falta mucho para que se retire del mercado. Otros factores como el Papilomavirus (cáncer cervicouterino), el Helicobacter (estómago), etcétera, son más conocidos y comprobadamente cancerígenos, pero circulan libremente sin control del Estado ni preocupación de la población.

  

Fernando Patiño Sarcinelli es médico internista, oncólogo y fotógrafo.

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