Carlos Derpic

Están en la luna

jueves, 25 de julio de 2019 · 00:10

Se han cumplido 50 años de la llegada del hombre a la Luna, hecho ocurrido en el marco de la “Guerra Fría” y en la competencia entre la ex-URSS y EEUU. Fue el triunfo norteamericano en la “carrera espacial”, agrandado por el fracaso de la misión soviética del Lunik 15, satélite no tripulado que se estrelló en la superficie de selene y no cumplió su misión de traer muestras de la Luna antes del viaje del Apolo 11.

Desde siempre la Luna ha cautivado a hombres y mujeres; se ha vinculado al amor y ha sido objeto de poemas y canciones (Llévame a volar, Blue Moon)  y de novelas (De la tierra a la luna y Alrededor de la luna, de Julio Verne. 

Por otro lado, cuando uno encuentra a alguien que da muestras evidentes de ignorancia sobre un tema y que no sabe lo que habla, se dice que “está en la luna”.

En el mundo encontramos infinidad de sujetos que estuvieron en la luna mucho antes que los astronautas norteamericanos y otros que, con posterioridad a la gesta de Apolo XI, siguen cotidianamente en ella, sin necesidad de inversión y tecnología alguna. Veamos:

Están en la luna quienes afirman tozudamente que el cambio climático y el calentamiento global son invento de malvados personajes; y quienes afirman que las potencias capitalistas no quieren que Bolivia desarrolle, que nos consideran “guardabosques el mundo” y por eso hacen que nos opongamos a la construcción de una carretera por el Tipnis.

Están en la luna los que creen que los debates escolásticos en radio y TV, a cargo de iluminados expertos, son el camino para enfrentar las dificultades del país y del mundo, dejando de lado la realidad concreta, y embebidos en que la teoría y la elocuencia (si no la locuacidad) son suficiente remedio para nuestros males.

Están en la luna quienes creen que los problemas sólo se enfrentan con nuevas leyes, dejando de lado tareas importantes, como la educación, la concientización y la participación del pueblo en la solución de los mismos.

Están en la luna los jerarcas religiosos que, confundidos por el poder que ostentan por un cargo al que llegaron inesperadamente, hablan dislates y creen que los fieles les seguirán “fielmente”. 

Están en la luna los meapilas que llenándose la boca de citas de la Biblia y de los documentos de la Iglesia  y asistiendo a actos  y ritos religiosos todos los días son incoherentes en su vida diaria y pisotean los derechos de quienes trabajan con ellos.

Están en la luna los que afirman que el mercado traerá la salvación a los problemas de la gente en el mundo, pretendiendo que la “mano invisible” lo solucionará todo. Y están también en la luna aquellos que creen que la economía de un país y el nivel de vida de su población mejorarán por la estatización de las empresas privadas.

Están en la luna los charlatanes que  haciendo gala de supuesta sabiduría  hablan de que el sol se va a esconder y la luna se va a escapar si no se vota por el que creen es líder indiscutible enviado por Dios.

Están en la luna aquellos que  en la búsqueda del poder para cambiar las cosas  actúan igual que sus criticados rivales en sus estructuras políticas, olvidando que el partido político debe ser el anticipo de la sociedad que se quiere construir y no un espacio de tráfico de influencias  y dedazos para acomodar candidatos.

Están la luna, en fin, aquellos que creen que nosotros estamos en la luna, que suponen que creemos a pie juntillas los dislates que peroran diariamente y que somos retrasados mentales o ingenuos para estar todos los días en la peluquería (haciéndonos tomar el pelo) o en el consultorio dental (haciéndonos meter los dedos en la boca).

 

Carlos Derpic es abogado.

 

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