Juan Antonio Morales

La clase parlanchina

domingo, 28 de julio de 2019 · 00:09

La exprimera ministra inglesa Margaret Thatcher se refería a los intelectuales londinenses que criticaban sus políticas  como la “chattering class” o clase parlanchina, en una traducción libre. Estos intelectuales eran académicos, columnistas de los periódicos más prestigiosos y comentaristas de la radio y de la televisión.

 A los 3.500 metros de altura de nuestra sede de Gobierno tenemos una versión thatcheriana (aunque en el polo opuesto del espectro político) de detractores de los intelectuales que no creen en el “milagro económico” del MAS. El ministro Arce Catacora les llama “opinadores” (palabra que no está en el diccionario) y sus colegas todavía más belicosos, comenzando con el vicepresidente García Linera, los llaman “vendepatrias” (que tampoco está en el diccionario).

No cabe duda que a los gobiernos les irritan los intelectuales, sobre todo si son críticos. La urticaria es todavía mayor para los populistas. Trump ha aprovechado muy bien el sentimiento anti-intelectual despotricando contra los periodistas de los periódicos americanos más influyentes. Tampoco les tiene mucha simpatía a los académicos de las universidades más prestigiosas, que no por casualidad están en las dos costas, lejos de la América profunda. Los chalecos amarillos, con gran persistencia, le hacen la vida imposible al presidente Macron de Francia  por considerarlo demasiado intelectual. Sorprendente en la patria de Descartes y donde se hacía culto a la razón. 

Es cierto que muchas veces los intelectuales cometen el pecado de arrogancia, lo que cae muy mal en el mero pueblo. Lamentablemente, la educación, que solía ser antaño el canal de movilidad social por excelencia, a menudo perpetúa las desigualdades de ingreso y de riqueza, pero les corresponde a los políticos visionarios devolverle la misión que tenía. Un país no puede prosperar sin universidades ni prensa de calidad. 

Nuestro presidente ha criticado en Moscú, en la Universidad de la Amistad de los Pueblos, seguramente heredera de la muy famosa (por las razones equivocadas) Universidad Patricio Lumumba, a nuestros compatriotas formados en Harvard  y en Lovaina. Tal vez no sabe, como nos relata la revista inglesa The Economist (11/07/2019), que los jerarcas del Partido Comunista de la China hacen lo imposible para enviar a sus retoños a Harvard (así como a  otras universidades americanas de calidad similar).

 La hija del presidente chino Xi Jinping es estudiante en Harvard.  Su mención de Lovaina (mi alma mater) me ha hecho recuerdo de lo que decía Juan Pereda Asbún, cuando era ministro del Interior en el  primer gobierno de Banzer, “la subversión se prepara en Moscú, Pekín, La Habana y Lovaina”. Dos almas gemelas, la del presidente Evo y la de Pereda Asbún.

Si uno va a creer los resultados de la encuesta de Ciesmori sobre las preferencias electorales, lo que es un acto de fe, a Morales no le va bien en el grupo de personas con educación universitaria. Apenas un 25% votaría por él. También perdería en todas las capitales de departamento.

Debe ser por su aversión a los intelectuales, aún si su vicepresidente dice que ha leído 25.000 libros, que ha rellenado sus listas de parlamentarios con comediantes, misses, choferes que organizan fabulosas fiestas con las platas del peaje, y matones que han ido a Caracas a sacarles la cresta a los que no han querido subir al autobús manejado por el hermano Maduro.

En el plan de gobierno tampoco se ven los resultados de hacer funcionar los 70.000 millones de neuronas del vicepresidente ni de hacer crujir las meninges de los militantes del proceso de cambio. El documento que se ha presentado no es sino un koñichi (un recalentado) de la Agenda Patriótica 20/25, pagado con nuestros impuestos. ¿Dónde han dejado su huella sus intelectuales? 

No está dicho que Evo vaya a ganar las elecciones, pero si las gana va a tener a las clases parlanchinas en contra. No sólo a ellas, sino también a la mayoría de la población de las ciudades capital.

 

Juan Antonio Morales  es economista,  expresidente del Banco Central de Bolivia.

 

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