Jorge Patiño Sarcinelli

Por qué yo votaría por Evo

miércoles, 31 de julio de 2019 · 00:09

El país está ante una encrucijada compleja, en la que todos los caminos son malos, pero alguno hay que elegir a través del voto. Si viviese en un mundo ideal, yo votaría por un líder que ofreciese una visión de país con equidad y desarrollo económico y social compatibles con nuestra economía, y el medio ambiente; y que tuviese las credenciales que hicieran creíble la promesa de esa visión. Pero la realidad nos obliga a elegir entre lo que hay. 

Muchos, que no son lelos ni mucho menos, defienden la conveniencia de que la oposición se una en torno a un solo candidato. He argumentado en un anterior artículo que esta posición es una confesión de debilidad  y un error estratégico porque llevaría a Evo el voto anti Mesa, que claro que hay. 

Es cierto que “la unión hace la fuerza”, pero en este caso también rige el principio inverso de que la fuerza lograría la unidad. Si hubiese un candidato de oposición fuerte, habría suficiente apoyo. Pero ese candidato no existe.

Según las encuestas, hay dos candidatos con posibilidades reales de llegar a la Presidencia, probablemente en una segunda vuelta. Evo Morales, la leyenda oficial, y Carlos Mesa, la gran esperanza blanca, cuya mayor fortaleza política es ser el único con posibilidades de derrotar al MAS. 

Habiendo aceptado que debemos elegir entre las opciones que nos plantea la realidad, la pregunta que debemos hacernos sin prejuicios es: ¿de estas dos opciones, cuál es la mejor para el futuro de mediano y largo plazo del país? Justamente ante esta pregunta Mesa presenta debilidades fundamentales; y aquí hay que distinguir lo que él es de lo que él representa. 

En primer lugar, el programa de gobierno de Mesa no pasa de buenas intenciones. Segundo, su gestión como Presidente ha sido mala no sólo por mala suerte (que la tuvo), sino por deficiencias de carácter y capacidad que sus defensores prefieren olvidar. 

Pero además de estas debilidades, la opción Mesa presenta dos grandes falencias. Él será blanco de la angurria y soberbia de los movimientos sociales envalentonados en la era Evo, sin tener el carácter para enfrentarlos. Su vanidad ante la historia lo hace demasiado escrupuloso para el desafío de ordenar el desmadre con un Evo fuerte haciendo la oposición sucia que le conocemos.

Y si no vuelve a caer antes, Mesa sería un retorno al pasado, al modelo criollo que ha llevado al país que tenemos. Nada en la trayectoria de Carlos Mesa hace pensar que él logrará conducirnos a un nuevo país, inclusivo en raza, género y regiones. Él es más de lo que ya tuvimos en su versión políticamente correcta.

¿Y Evo? Él es el camino tortuoso y feo que la historia nos ha dado para salir de la jaula racista. Evo es lo que somos y la puerta defectuosa a lo que seremos. Evo nos mira como un espejo que rechazamos. Sus defectos son el reflejo de lo que es Bolivia, y aunque cueste reconocerlo, el pueblo no lo ve mendaz, machista y mezquino, o no le importa. 

La corrupción descarada, el despilfarro, el culto a una personalidad sin méritos y la arbitrariedad administrativa de su gobierno me repugnan, pero estaría dispuesto a tragarlos si su candidatura fuese legal. 

Pero no lo es, y nadie que crea que la democracia se construye sobre el respeto a la ley podría votar por Evo. Un voto por Evo no sólo es una condonación de su traición a los ideales que lo llevaron al poder y de su conducta anticonstitucional, sino que contribuye a consolidar un régimen cada día más autoritario.

Anticipo que Evo será otra vez presidente –aunque esta vez ilegítimo- porque la oposición no ha logrado presentar un programa creíble ni un candidato con ilusión de futuro, pero espero que suficientes bolivianos crean en la Constitución como para que tengamos un Parlamento con una oposición fuerte que detenga el deterioro de la institucionalidad. Quizá en las próximas elecciones tengamos mejor suerte.

 
Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor

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