Rolando Morales Anaya

Socialismos e izquierdas

jueves, 04 de julio de 2019 · 00:09

La peor derrota de la izquierda a lo largo de su historia está en el campo de la polisemia al lograr sus enemigos confundirla con corrientes diversas, pero vale la pena recordar que desde su génesis 

conllevó el germen de la variedad, pues siempre hubo partidos políticos diferentes que se autodenominaban socialistas. Los partidos comunistas de la órbita soviética eran socialistas, el ELN y el PS también. El MAS compró la sigla de una fracción disidente de la Falange Socialista Boliviana y así es como llegó a llamarse “socialista” e incluso se asumió como tal.

 El PSUV de Maduro se llama socialista. Todas estas organizaciones se llaman o se llamaban socialistas, pero eran y son diferentes entre sí aunque la gente de poca cultura política tiende a meterlos en la misma olla.

En Bolivia es una historia de vieja data. Cuando por fin empezamos a pensar y discutir el país que deseábamos construir en la primera mitad del siglo XX, nacieron diferentes partidos de izquierda que tuvieron gran incidencia en la formación de una conciencia nacional y en un primer esbozo de proyecto de país. Entre éstos estaban el PIR, el POR, los partido socialistas y una corriente muy importante al interior del MNR. Eran profundamente diferentes, pero todos ellos hicieron suya la máxima “Tierras para el indio y minas para el Estado”, atribuida a Tristan Marof. 

Esta frase nació del reconocimiento de la expoliación del indígena, la necesidad de hacerle justicia, el dominio de los barones del estaño, la exclusión de las mayorías nacionales, la necesidad de recuperar la riqueza minera para Bolivia, la consolidación de la soberanía nacional, etc. Dicha frase aglutinó a las izquierdas, arrinconó a los liberales y sirvió de piedra fundamental para la Revolución Nacional de 1952. Previamente, las izquierdas tuvieron gran incidencia en los movimientos sociales que encumbraron en el poder a Toro, Busch y Villarroel, en cuyos gobiernos se hicieron algunos importantes avances para disminuir la exclusión social y promover la igualdad de oportunidades. 

Posteriormente, aparecieron los “arrepentidos” encabezados por el ruso Gorbachov y la Perestroika que renegaron de las ideas socialistas. Simultáneamente, el papa Pablo VI dio fin a los acercamientos del cristianismo con la izquierda basados en la Teología de la Liberación, y que permitieron incluir conceptos de ética en el pensamiento político. El derrumbe de la Unión Soviética y el cambio de posición de la Iglesia Católica fueron golpes muy duros para la izquierda en América Latina. A continuación, salió del closet alguna gente que militaba en la izquierda renegando furiosamente de su militancia a la cual nunca debió pertenecer. 

Después de un breve periodo en que las ideas liberales volvieron y fracasaron en América Latina, surgieron nuevas corrientes socialistas, dizque del socialismo del siglo XXI, cuya tipología es difícil de identificar. A la diversidad conceptual que siempre caracterizó a la izquierda, se añadieron estos movimientos.      

Habiendo pasado más de un siglo desde la época de Marx y debiendo enfrentar problemas nuevos, la izquierda debía remozarse, deslizándose desde planteamientos estatizadores hacia otros con un carácter básicamente moral: igualdad de oportunidades, justicia social, inclusión, democracia, apoyo a los grupos vulnerables, paz, soberanía, reduciendo la intervención del Estado a promover el cumplimiento de estos principios. Pero, gobiernos que se decían socialistas los ignoraron y cayeron presas de la corrupción y la violación de derechos humanos desprestigiando a la izquierda y creando confusión. 

La derecha, muy hábil en el manejo de los medios modernos de comunicación, aprovechó esta situación para darle golpes bajos y se empeñó en hacer olvidar que en los cerca de dos siglos de vida republicana gobernó casi todo el tiempo dejando al país en el pobre estado en que se encuentra. Los arrepentidos, salidos del closet, contribuyen con entusiasmo y rencor a esa campaña.

Teniendo en cuenta la vulnerabilidad de la izquierda por la polisemia de su contenido, quizás corresponda cambiar de nombre a ese conjunto de principios morales sobre los que se asienta, poniendo énfasis en eliminar la corrupción y cualquier práctica violatoria de los derechos humanos.


Rolando Morales Anaya es economista.
 

74
25

Otras Noticias