Tuffí Aré Vázquez

El sacrificio del paro cruceño

lunes, 08 de julio de 2019 · 00:07

Dos certezas tenemos en las horas previas al nuevo paro convocado por el Comité pro Santa Cruz. La primera es que la extrema medida de presión tendrá parecida, por no decir igual, contundencia en el departamento cruceño que los otros tres del año pasado. La segunda es que el binomio del MAS y los cuestionados vocales del Tribunal Supremo Electoral no retrocederán ni un milímetro en su avance imparable hacia el 20 de octubre.

Evo Morales y Álvaro García Linera se mantendrán hasta el final como los candidatos del oficialismo, a pesar de perder el referéndum del 21-F, y los criticados árbitros electorales permanecerán atornillados en sus cargos, no porque quieran quedarse a padecer el tormento del desprestigio, sino porque sencillamente al gobierno no le conviene que se vayan tres meses antes de los comicios.

Como al binomio y a los vocales no les hacen mella los paros, y como no ocurrirán  las renuncias que demandan los ciudadanos y las organizaciones opositoras, ¿para qué parar?, cuestionan, sobre todo en la intimidad, algunos dirigentes empresariales, que, a pesar de las pérdidas económicas, tendrán que acatar otra vez a regañadientes la decisión de la Asamblea de la Cruceñidad.

Otros ejecutivos de influyentes instituciones empresariales han evitado la más mínima exposición pública y han preferido el silencio cuando les preguntan sobre el paro para no correr el riesgo de afectar sus buenas relaciones y sus acuerdos con el gobierno, que se les acercó con actitud seductora en pleno año electoral.

Pese al cálculo de los costos y a los temores de algunos dirigentes, es muy probable que el paro cruceño se acate en forma mayoritaria, sencillamente porque el malestar por los abusos del poder, y el compromiso con el voto popular está fuertemente arraigado en los ciudadanos. La bronca es más fuerte que cualquier interés sectorial, más allá de que las circunstancias y el humor social de ahora son algo distintos a los del 12 de enero, el 21 de febrero y el 6 de diciembre del año pasado, cuando se acataron tres paros.

La efervescencia social de entonces, estimulada por la nueva oposición que se encarnó en las plataformas ciudadanas, parece haber disminuido tras una sagaz maniobra del gobierno para desmovilizar y, sobre todo, desviar la atención de los opositores hacia la competencia electoral. Hábilmente el oficialismo consiguió que se relegue a un segundo plano la lucha por el 21-F.

En medio de la dispersión y el aparente aflojamiento de la resistencia callejera, una joven y envalentonada dirigencia cívica cruceña retoma la conducción de la defensa del voto, cuando suenan ya los choques de la que será este año la mayor de las feroces disputas del poder.

Santa Cruz y su institución cívica se ponen de nuevo al frente de otra costosa batalla, como ocurrió en décadas pasadas, cuando se asumieron riesgos y soportaron pérdidas para arrancar conquistas como las autonomías universitaria, municipal  y  departamental, o las regalías y otras reivindicaciones sociales y económicas que ahora se disfrutan en el país.

El peor error político que puede cometer el gobierno en las siguientes horas es empujar a sus seguidores a enfrentar a la movilización cívica-ciudadana y otorgar el mérito de la convocatoria sólo a los partidos opositores. A pesar de que se subestima su vigencia y su rol, el Comité Cívico demostró en el último año ser la única institución que consigue parar a  Santa Cruz. Semejante fuerza exige, por lo tanto, a sus nuevos dirigentes estar a la altura de responsabilidades tan altas.

Es posible que la inédita situación a la que hemos llegado, de tener cuatro paros en poco más de un año, no ablande al poder. Sin embargo, habrá quedado este martes de protestas al menos el testimonio concluyente del compromiso ciudadano con su democracia. Queda ahora esperar que en momentos tan agitados las emociones no traicionen a la inteligencia y que la intransigencia no arrastre a un país al precipicio.

Tuffí Aré Vázquez  es periodista, Premio Huáscar Cajías y Premio Libertad de Expresión 2019.

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