Elizabeth Salguero C.

Las causas de la violencia contra las mujeres

jueves, 01 de agosto de 2019 · 00:10

Ante tanta violencia desenfrenada contra mujeres y niñas, manifestada en los casos extremos de feminicidios y violaciones, cabe preguntarse cuáles son las causas de este flagelo, que es más terrible y peligroso que una pandemia.  

Si bien sabemos que las mujeres hemos avanzado notablemente en términos constitucionales, normativos y legislativos, además que ya no es posible ignorarnos en todos los temas, que también estamos presentes de forma paritaria en la política y muchos avances más, la violencia no acaba y más bien pareciera que se incrementa.

Una de las causas es la falta de empoderamiento de las mujeres que constituye una forma de desigualdad crítica.  Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente una de cada tres mujeres y niñas en el mundo han experimentado violencia física o sexual a manos de su pareja.

La violencia de género es un fenómeno global que trasciende límites de edad, estatus socioeconómico, nivel educativo y situación geográfica. Por otro lado, a pesar de ser un problema tan grande no se conoce a ciencia cierta su verdadera dimensión. La ONU también destaca que sólo 107 de 195 países cuentan con datos sobre la violencia doméstica. Incluso ante la existencia de datos es posible que los casos estén subestimados y  es probable que haya un subregistro estadístico, porque es muy difícil recopilar información sobre la violencia, debido a que víctimas sienten miedo al denunciar o se sienten avergonzadas.

Más allá de las víctimas, la violencia de género también tiene un impacto en la vida de las personas y familias de su alrededor, y, por supuesto, en otras  muchas. El miedo puede impedir que continúen con su educación, trabajen o ejerzan sus derechos en todos los ámbitos. Varias encuestas muestran que en todas las regiones del mundo las mujeres se sienten menos seguras que los hombres, en cualquier circunstancia y zona geográfica.

Por otro lado, la violencia no es sólo una causa de la desigualdad, sino que es una consecuencia de la misma. Si bien en muchos lugares del mundo se han superado las leyes discriminatorias y normas sociales excluyentes que menoscaban su independencia, la igualdad de oportunidades en la educación, y en los salarios de las mujeres,  la violencia de género también se asocia a las relaciones de poder, y se generan resentimientos contra las mujeres porque se alejan de los roles tradicionales, que dictaminan que deben y no deben hacer.

Prácticas como el matrimonio infantil están generalizadas en muchos lugares y a pesar de que ellas realizan la mayor parte del trabajo global, las mujeres afrontan desventajas, tanto en el trabajo remunerado como en el no remunerado. Realizan tres veces más trabajo no remunerado que los hombres y cuando su trabajo es remunerado, ganan 20% menos.

¿Qué hacer frente a este panorama? Primero apoyar a las mujeres y niñas víctimas de la violencia, asegurando que tengan acceso a la justicia, a refugio, y a protección. Pero para romper el ciclo de la violencia todas las intervenciones se deben centrar en el mediano y largo plazo, cambiando aquellas normas sociales que son discriminatorias; cerrando las brechas de género existentes en el nivel educativo, económico o social; y creando una mayor concienciación social acerca de la violencia y la desigualdad.

 

Elizabeth Salguero C. es comunicadora social.
 

 

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