Rolando Morales Anaya

Don’t cry Argentina

miércoles, 14 de agosto de 2019 · 00:09

Aunque estaba cantado a partir de encuestas previas el triunfo del kirchnerismo, nadie se imaginó que Alberto Fernández y Cristina Kirchner consiguieran más del 47% de los votos frente al 32% de Mauricio Macri en las elecciones primarias celebradas el 11 de agosto. Aunque en las elecciones de octubre la diferencia de votos puede ser menor, es poco probable que se revierta este resultado.

Un posible gobierno de los Fernández enfrentará graves desafíos económicos y un ambiente internacional complicado por las posibles diferencias con Brasil y Estados Unidos, y el descontento que desde ahora se hace visible por parte del FMI. 

No existen indicadores que permitan alentar confianza sobre una próxima y sostenible recuperación de la economía argentina. En 2018 se registró una caída del PIB de -2,5%, una tasa de inflación de 57%, una tasa de desempleo bordeando el 10%, un importante déficit en cuenta corriente de balanza de pagos del orden de 5,4% del PIB, un déficit primario en el sector público no financiero de 2,4% y un déficit financiero de 5%. 

La tasa de interés de referencia llegó al 70%, lo que significa en términos reales 44%. Paralelamente, el cociente deuda pública PIB se acerca al 100%. En este año, las obligaciones de deuda externa alcanzan los 61.000 millones de dólares. El crédito del FMI sirve básicamente para facilitar el cumplimiento de los compromisos de deuda del país, pero la superación de los déficits público y externo requiere políticas de reactivación de la producción.

A mediados de 2019, la deuda pública, interna y externa, llegaba a 324.989 millones de dólares, bien por encima el 88,5% del PIB y no para de crecer. El acuerdo con el FMI vence a fin de año, apenas iniciado el nuevo gobierno, y en el año 2020 debe cubrir 27.700 millones de dólares de servicio de deuda. 

El desempleo subió al 10,1% en el primer trimestre de 2019. Desde el año pasado se perdieron 220 mil puestos de trabajo y se agudizó el problema del subempleo.

Mientras que el crédito de 55.000 millones de dólares del FMI está orientado a resolver problemas de liquidez del Gobierno emergentes del servicio de la deuda, el país requiere políticas estructurales para aumentar la inversión y el ahorro que se encuentran en niveles muy bajos, de alrededor de 14-15% del PIB. Para mantener una tasa de crecimiento de 3%, su coeficiente de inversión debería llegar por lo menos al 21%.

Existe temor que Argentina no pueda asumir los 191 mil millones de servicio de deuda externa comprometidos hasta el año 2021, lo que la pone en riesgo de default.

El alto nivel de la tasa de interés no ha sido efectivo en atraer inversiones extranjeras y tampoco ha frenado la salida de capital. Los activos argentinos acumulados en el exterior durante varios años alcanzan a la astronómica suma de 350 mil millones de dólares.

El peronismo quiere un nuevo acuerdo con el FMI. Así lo han dejado claro sus dos principales referentes, Alberto Fernández y Roberto Lavagna, quienes se han reunido con Alejandro Werner, director del Fondo para el Hemisferio Occidental, para decirle que son impagables los vencimientos surgidos de los 57.000 millones de dólares que el organismo prestó el año pasado.

Los mercados desconfiaban de la capacidad de financiamiento y repago de Argentina ya bien antes del 11 de agosto, debido a que los problemas estructurales seguían intactos y que la inflación no descendió, como pretendía el Gobierno.

Argentina sorprende. Es uno de los países con mayores niveles educativos y con un buen número de excelentes economistas con prestigio internacional, pero hace mucho tiempo que su economía está en crisis, por lo menos hace 20 años, si no es mucho más. 

Macri echó la culpa de los problemas económicos al Kirchnerismo y prometió resolverlos, pero su política económica ahondó la crisis. Ahora toca el turno de actuar a los Fernández, pero tienen una tarea muy difícil para resolver.

 

Rolando Morales Anaya es economista

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