Ricardo Calla Ortega

Los errores en política se pagan

miércoles, 14 de agosto de 2019 · 00:10

Las cifras sobre las intenciones de voto presentadas el lunes 12 de agosto reciente por una importante cadena de medios televisivos ligados al autoritario gobierno del MAS le otorgan a Evo Morales un 39% de la preferencia electoral, 22% a Carlos Mesa y 9,5% a Óscar Ortiz. 

Más que propiamente resultados de una encuesta, las cifras así lanzadas al público parecen ser producto de un maquillaje de los datos orientado a producir 1) la idea de que Morales ya se acerca al 40% de la intención del voto -requisito legal para cualquier victoria en primera vuelta-; 2) la impresión de que la intención de voto a favor de Mesa se estaría desplomando, y 3) la sensación de que ya todo estaría definido de cara a las elecciones nacionales en octubre de este año y que Evo Morales sería poco menos que, de modo ya inevitable, el ganador en primera vuelta de la justa electoral en marcha. 

Por tratarse de cifras insuficientemente confiables, no cabe perder el tiempo con ellas para tratar de analizar la dinámica que viene tomando el proceso eleccionario nacional en el que el país está embarcado.  Por lo demás, las malas noticias para el campo democrático en la actual pugna política del país ya fueron más seriamente lanzadas en otras encuestas previas recientes. 

Esas encuestas ya han avisado que  el campo democrático apenas cuenta hoy, frente a la intención de voto del alrededor de 37% a favor de Morales,  con un máximo del 26% o algo así de la intención del voto a favor de Mesa y el más o menos 10 % ve ese voto para Ortiz. 

Como la división del campo democrático en dos candidaturas –la mayoritaria y nacional de Mesa, y la minoritaria y solamente subregional de Ortiz– es el error político de partida con la que el campo democrático ingresó a fines de 2018 en la actual justa electoral, Evo Morales parece estar ya claramente aventajando –si se consideran los márgenes de error de las encuestas serias– con siquiera un 7% o algo más al segundo en la contienda, Carlos Mesa. 

Con ello el bloque autoritario liderado por Morales aparece, efectivamente, con posibilidades para derrotar al campo democrático en una primera vuelta en la que, además, hay que considerar la ayuda a favor del oficialismo proveniente de algún movimiento de fraude desde algún flanco interno o internacional del destartalado y parcializado TSE.

Pero, el análisis obliga al rigor, el bloque autoritario -y su estela de inocultable corrupción y de vínculos directos e indirectos con el narcotráfico- no tiene aún asegurada una victoria en primera vuelta. Eso también es sabido por los analistas y estrategas del autoritario MAS, quienes han revelado su inseguridad respecto de los resultados electorales de la primera vuelta el 19 de octubre próximo, al impulsar la evidente, y muy inmoral, agudización de la “guerra sucia” electoral, permanente que el bloque autoritario inflige contra Mesa desde 2018. 

Inseguros de poder ganar a Mesa en una primera vuelta, los estrategas del autoritario MAS han decidido buscar enlodarlo como sea y del modo más abyecto. Vistas las cosas con alguna perspectiva histórica, y al margen de cualquier resultado electoral, ese recurso a la “guerra sucia” solamente enloda al MAS y muestra, de nuevo, la inmoralidad que campea ya dentro del actual oficialismo.

Esa inseguridad, por el otro lado, ha llevado a que los estrategas del MAS cometan el error de empujar a varios de los ministros del régimen gobernante –e incluso al mismo Álvaro García– a hacer abierta campaña, con sorprendentes halagos y pronunciamientos, a favor de Óscar Ortiz, de Bolivia Dijo No. Ortiz, el otro candidato del campo democrático, ha recibido, seguramente para su pesar, las más abiertas loas y cumplidos por parte de un oficialismo que sin recato hace saber que desea que Ortiz crezca en el electorado a expensas de un Mesa, al que el MAS quiere ver de una vez sepultado.  

Todo un error: la abierta y explícita simpatía del MAS hacia Ortiz puede terminar más bien mermando el apoyo electoral de este último, ya que diversos  votantes opositores podrían pasar, gracias al MAS, a calibrar cuán funcional para una victoria en primera vuelta de Morales resulta siendo la dispersión del voto opositor en la justa electoral que se avecina.

Como fuere, el campo democrático –escindido en dos candidaturas, una grande, otra pequeña–, está comenzando a reconocer la gravedad de la fractura de su imagen en el espejo de las intenciones del voto de modo cada vez más claro e inocultable. Los errores en política siempre se pagan, solía decirme a menudo Filemón Escobar, añadiendo siempre que los grandes errores en política se pagan de modo muy grave.

 El grave error de la fractura del campo opositor en las dos candidaturas de Mesa, por un lado, y de Ortiz, por el otro, le puede costar esta vez a Bolivia la democracia. Frente a la gravedad del error de la división opositora, hay que reconocerlo, los errores de los estrategas del MAS en la actual campaña electoral son detalles. Habrá que encontrar algún camino para que la fractura opositora no cobre facturas irreparables.

       
Ricardo Calla Ortega es sociólogo

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