Madeleyne Aguilar A.

¿Hemos confiado nuestra tierra a ignorantes?

jueves, 22 de agosto de 2019 · 00:09

Íbamos en una camioneta, rodeados de selva sobre un sendero de tierra. Nos dirigíamos a la casa de un productor en San Ignacio, cuando de pronto paramos de golpe. Había un lagarto en medio del camino. “Está muerto”, dijo una de las guías del viaje mientras pasábamos al lado del animal sin cola.

“Es que cuando los cazadores les cortan la cola, ellos siguen vivos y por eso caminan. Hasta aquí llegó”, me explicó. Sentí mi corazón acongojado y, cómo una especie de consuelo, me dije a mí misma: “Son ignorantes, por eso lastiman así a la naturaleza”.

Más tarde entrevisté a productores de Territorio Indígena Moxeño Ignaciano (TIMI). Comprobé que esas tierras son un paraíso de producción agrícola. Hay tanta variedad que para sobrevivir básicamente sólo deben recoger los frutos. Sin embargo, también vi un problema con los caminos, pues debido a la topografía se les hace muy difícil sacar sus productos a las ciudades.

Así fue que pregunté a una dirigente si su mayor preocupación era transportar su mercancía. Ella me dijo que no. “Nosotros vivimos de la tierra, de eso comemos. Ahí están nuestras casas. Y ahora, ya van a quemar. Eso nos preocupa, las quemas”, comentó, como profetizando lo que después pasaría. Pero no la entendí en ese momento.

Semanas atrás había entrevistado a guardaparques, personas que cuidan con sus vidas las áreas protegidas de Bolivia. Aunque deberían llamarse desprotegidas, porque los guardianes son hombres que esperan nunca encontrarse cara a cara con las amenazas que rondan por esos lugares, pues están totalmente desprotegidos. Sus armas son sólo carpas y otros elementos  que les ayudan a sobrevivir mientras vigilan los cientos de hectáreas que guardan la abundante biodiversidad de Bolivia.

Uno de esos guardaparques fue quien guío a un documentalista español que registró el extractivismo en la Amazonia boliviana. En una expedición que supuestamente terminaría en el límite con el área protegida descubrieron que el camino seguía y ahí, de manera ilegal, se cortaban árboles de cientos de años para explotar su madera.

El experto me explicó cómo, de la manera más absurda en Bolivia, destruimos las áreas verdes con proyectos desacertados, como las represas en el Chepete y El Bala,  con ingenios azucareros y exploraciones de YPFB que nunca encuentran nada, sólo destruyen.

Me explicó cómo inundaremos y desmontaremos sistemas agroforestales, contaminaremos ríos y mataremos fauna. Lo peor es que todo ya está aprobado, se realizará. Y aquí estamos tranquilos. Es fácil ignorar algo cuando no se lo ve.

Pero hoy, el fuego que ya consumió más de 500 mil hectáreas del bosque chiquitano no puede ser ignorado. Vuelvo a pensar en el lagarto sin cola que nos obligó a parar en el camino  y  que acongojó mi corazón y lo que siento ahora es intensamente mayor.

Ahora me pregunto: ¿quién es el irresponsable que haciendo uso de su eventual superioridad victimó a la biodiversidad de nuestros bosques? ¿Bastará esta vez más excusarlo por su ignorancia? ¡No! Porque como me dijo aquella dirigente en San Ignacio, nosotros vivimos de la tierra y ésta es nuestra casa.

Por eso, en verdad espero que elijamos bien en las próximas elecciones. Si entregamos el poder a la persona equivocada, ¿hasta dónde podremos llegar con la herida que causará con esa arma? Esta vez, a raíz de la ignorancia, la tierra boliviana ardió y 554 especies de fauna se mueren.

Madeleyne Aguilar A. es periodista que visitó la chiquitania hace semanas.

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