Alfredo Romero-Muñoz

Esta debe ser la última vez que violan a nuestra Madre Tierra

miércoles, 28 de agosto de 2019 · 00:09

Nuestra Madre Tierra no se está quemando, la están quemando. 

La están quemando leyes miopes de Evo Morales para expandir la agroindustria destruyendo los bosques. Todo para producir carne de res para China, soya para animales en China y Europa, y biocombustibles que no alimentan a nadie. Nada de esto justifica quemar un sólo árbol,  ya tenemos suficiente área agrícola para  alimentarnos sosteniblemente por décadas. 

En sólo semanas, las políticas del gobierno y el mal manejo de bosques quemaron más de un millón de hectáreas de nuestra naturaleza. Esto no es un accidente. Esta catástrofe llega un mes después de que Morales firmó el DS 3973, legalizando quemas en áreas previamente ilegales. 

En medio de la catástrofe, las respuestas de Morales han sido criminalmente negligentes. Morales continuó en campaña electoral mientras un área, dos veces Santa Cruz de la Sierra, se quemaba  y rechazó la ayuda internacional ofrecida. 

Cuando se habían quemado medio millón de hectáreas -3,5 veces Santa Cruz de la Sierra- Morales finalmente decidió contratar el avión Supertanker. Mientras lo esperábamos, el doble de bosques se quemó.  Un millón de hectáreas, o siete veces Santa Cruz de la Sierra, o casi el área del Tipnis, otra área amenazada por el Gobierno. 

Los fuegos continúan. El Supertanker fue insuficiente. Después casi un mes de fuego, el Presidente recién accedió a aceptar la ayuda.

En esa inmensa área de la Chiquitanía vivían más de 1.200 especies de fauna. Yo estudio a los jaguares y otros animales. Sólo de tres a cinco jaguares viven cada 100 km² en la Chiquitanía. Esto significa que algunos 400 jaguares perdieron su hábitat y tal vez se quemaron vivos, en sólo dos semanas. Corren lágrimas incontrolables sobre mis mejillas al hacer estos cálculos.

Los números de tapires, venados, perezosos y cientos de otras especies quemados por la negligencia de Morales son mayores. Pero no soy el único que siente esta pérdida. Una encuesta mundial indica que más del 70% de los bolivianos prefieren conservar la naturaleza que el crecimiento económico.

Esta catástrofe llega después de un gobierno que ha hablado por 13 años sobre los derechos de la naturaleza. Del Gobierno que ha firmado la ley de los derechos de la Madre Tierra el 2010, pero que nunca la implementó. 

Si la hubiera implementado, Morales estaría tras las rejas por violarla, incluso antes del incendio. El Gobierno sólo implementó leyes que permiten más violación. En junio publicamos un análisis de las políticas ambientales contradictorias del gobierno del MAS. Morales promulgó desde 2013 leyes para perdonar desmontes y quemas ilegales pasadas, para desmontar áreas que son para uso forestal, para deforestar para producir biocombustibles  y para quemar más bosques.

Estas normas se encaminan al plan de Morales de expandir la agricultura de 3 a 14 millones de hectáreas -el tamaño del departamento de La Paz- para producir carne vacuna. Por tanto, el Gobierno no debería sorprenderse por el millón de hectáreas quemadas. Un estudio pronosticó que, en el peor de los escenarios, Bolivia perdería casi todos sus bosques en tierras bajas -o sea 38 millones de hectáreas- para el año 2050. Ahora vamos en esa dirección.

Si bien los fuegos en la Chiquitanía se descontrolaron, juntando los planes de Morales y su demostrada negligencia, podemos esperar que se nos quemen otros millones de hectáreas de bosques únicos en los siguientes años si estas leyes no se abrogan.

¿Qué hacer?

1. Movilizarnos para exigir al Gobierno a gestionar la ayuda internacional para apagar los incendios inmediatamente. 

2. Donar materiales, dinero, y nuestras manos, como muchos héroes lo están haciendo.

3. Proteger de colonizadores el área quemada para restaurarse.

4. Reforzar la lucha para abrogar el DS 3973 y las leyes 741, 337 y 1098. La élite agroindustrial y ganadera exigió estas leyes. Necesitamos movilizaciones más grandes del Tipnis para cambiarlas. Gente en toda Bolivia ya está marchando para exigirlo. Todos debemos unirnos.

 

Alfredo Romero-Muñoz es biólogo de la conservación boliviano, investigador en la Universidad Humboldt de Berlín 

 

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